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Día mundial del Veterinario en Ibiza: «Amamos a los animales; es una profesión muy vocacional»

Fernando Ribas y Miguel Quiñones son dos de los veterinarios que ejercen su profesión en Ibiza

Fernando Ribas, responsable de la Clínica Veterinaria San Jorge, con Sito y Leo, dos gatitos paralíticos que son apoyo emocional del resto de felinos ingresados.

| Ibiza |

Este sábado día 25 de abril se celebra el Día Mundial del Veterinario, un día que se celebra cada año en el último sábado de este mesy que tiene como objetivo poner en valor la labor que estos profesionales desempeñan para que los animales del mundo puedan tener salud, protección y seguridad alimentaria. Esta profesión se sabe que tiene su origen muchos años atrás, ya que se sabe que tiene muchos y muchos siglos, en un pasado remoto cuando los seres humanos convivían con distintas especies del reino animal.

Desde entonces, esta labor ha ido evolucionando y creciendo hasta llegar al día de hoy, momento en el que veterinarios y veterinarias suponen una pieza vital para el cuidado animal. Un claro ejemplo de lo que significan estas personas es Fernando Ribas. Él es responsable de la Clínica Veterinaria San Jorge, ubicada en Sant Jordi, y el encargado de gran parte de los animales de la isla estén en el mejor estado de salud posible.

Para celebrar este gran día, Fernando ha abierto las puertas de la clínica a Periódico de Ibiza y Formentera, con el objetivo de conocer cómo es un día en la vida de un veterinario. Para empezar este recorrido, lo primero que ha hecho es presentar a los dos «gerentes de apoyo emocional». No son personas: son dos gatos que se encuentran en el hospital de gatos y que dan apoyo y tranquilidad al resto de felinos que están ingresados.

«Son dos gatos que viven aquí, y su historia empezó con Sito, cuando lo trajeron con un disparo que le rompió la columna vertebral. Poco después vino Leo, con una lesión medular, y nada más llegar conectaron muy bien y decidimos dejarlos juntos porque se quieren mucho», explica Fernando Ribas mientras acaricia a los dos gatos paralíticos, los cuales ronronean y maúllan ante su presencia. «Nuestra profesión es totalmente vocacional, y hay conexiones como ésta que son muy bonitas y que nos llena en nuestro día a día», añade.


Día a día

Justo después de saludar a Sito y Leo, Fernando sale del hospital de gatos para enseñar como es desde dentro la labor veterinaria y conocer todo lo que ofrece la clínica. «Es muy importante separar a los gatos de los perros porque los gatos se ponen muy nerviosos al escucharlos», explica mientras pasea por el pasillo principal de la clínica. Mientras, Fernando explica de dónde le viene esta vocación y dice que la tiene «desde que tengo memoria». «Quería ser veterinario desde que tenía tres o cuatro años, y leí un libro que se llama Todos los animales grandes y pequeños de James Herriot y que ha inspirado a muchos veterinarios como yo», explica, junto a la zona de quirófano, donde se encuentran un perrito y un gatito siendo intervenidos.

El cuidado de los animales también viene parte por los veterinarios.

En este punto, Fernando explica que todas las intervenciones se realizan «controlando las constantes vitales» y que tiene un porcentaje de riesgo de «uno por mil», por lo que es muy bajo y supone una evolución en la profesión «muy importante».


Hospital de perros

Al final del pasillo, a mano izquierda, se encuentra el hospital de perros. Pero antes, se ha detenido en una incubadora que se encuentra justo en la puerta de esta estancia. Aquí se encuentra un gatito de tan solo tres semanas y de reciente ingreso por deshidratación. «Aquí le damos suero y todo lo que necesita», explica mientras acaricia al pequeño gatito que se encuentra tumbado en el interior de la incubadora, ante de entrar al lugar donde se encuentran los perros hospitalizados.

En la puerta, el mensaje lo dice todo: «En este hospital amamos a nuestros pacientes». «Nosotros de serie amamos a los animales», explica Fernando Ribas mientras entra dentro del lugar donde se encuentran varios perros dentro de jaulas esperando para entrar en quirófano. «Por la mañana se les cambia, se les medica, se les hacen pruebas y se llama a los propietarios para decirles como evolucionan», dice Fernando sobre el día a día de estos animales en la clínica.

Para Fernando, la recepción de la clínica es el corazón de este lugar, ya que es aquí donde la gente va con sus animales, manifiesta su problema o preocupación, y se le distribuye con un veterinario u otro. «Nosotros tenemos cuatro consultas, y en estas cada uno realiza el trabajo que considere en cada caso», dice, antes de decir que trabajan constantemente también con el centro de protección animal de Sa Coma, un lugar muy importante en el ámbito veterinario de Ibiza.

Miguel Quiñones es el veterinario del centro de protección animal de Sa Coma y también nos ha abierto las puertas del centro con el objetivo de enseñarnos como es un día en la vida de los animales que se encuentran dentro y de los veterinarios que trabajan constantemente con ellos. «Nuestro trabajo principal aquí en Sa Coma es sobre todo de limpieza y mantenimiento de los animales, alimentarlos y darles medicación en caso de necesitarla», explica Miguel justo antes de entrar al interior de Sa Coma.

Miguel Quiñones es el veterinario de Sa Coma.

«Todos los días de la semana hacemos paseos de los animales con voluntarios del centro, que vienen en horarios determinados y también tenemos visitas de atención al público», dice Miguel mientras pasea junto a las jaulas en las que se encuentran los perros. «Ahora mismo debemos tener unos 52 perros, mientras que también tenemos unos 35 gatos», añade.


Organización y cuidado

Miguel Quiñones ha explicado cómo es un día a día trabajando como veterinario en Sa Coma, y dice que «a parte de organización», llevan a cabo «un trabajo veterinario más básico». «Hacemos vacunación de animales, revisión cuando los traen… y si necesitan algo más específico los derivamos a la Clínica Veterinaria San Jorge de Sant Jordi», explica.

Para él, su amor por los animales y su vocación por ser veterinario «surge desde siempre». «Yo siempre decía de pequeño que quería ser veterinario y como soy muy testarudo al final lo conseguí», dice Miguel mientras enseña el lugar en el que se encuentran los gatos. «Lo mejor de mi trabajo es el contacto directo con los animales, lo disfruto mucho», finaliza Miguel Quiñones, quien trabaja a diario para que los animales puedan estar lo mejor posible.

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