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«En ocasiones nuestros hijos tienen un umbral de tolerancia demasiado alto ante según qué violencias»

Con motivo del Día Mundial contra el Acoso Escolar, Belén Alvite, directora del Cepca, pone en valor el importante papel de las familias y docentes, así como la necesidad de reforzar los recursos en salud mental

Belén Alvite, directora del Centro de Estudio y Prevención de Conductas Adictivas. | Foto: Moisés Copa

| Ibiza |

Con motivo del Día Internacional contra el Acoso Escolar, que se celebra este 2 de mayo, Periódico de Ibiza y Formentera habla con Belén Alvite (Algeciras, 1968), directora del Centro de Estudio y Prevención de Conductas Adictivas (Cepca), para profundizar en la complejidad que rodea al acoso escolar. Alvite pone el foco en la necesidad de educar desde la infancia en valores que permitan identificar conductas inaceptables y advierte de que muchas situaciones de violencia verbal o exclusión se han normalizado, en parte por la influencia de las redes sociales. A lo largo de la entrevista, también se analizan las consecuencias psicológicas del bullying y el papel clave que desempeñan tanto las familias como los docentes en su detección y abordaje. En este sentido, destaca la importancia de los protocolos escolares, aunque insiste en que su eficacia depende, especialmente, de la formación de quienes los aplican. Además, aclara que la apertura de un protocolo no implica necesariamente la existencia de acoso, sino el inicio de una investigación. La charla aborda también la falta de empatía o determinados modelos de comportamiento en el aumento de conflictos entre menores. Por último, se pone en valor la intervención de profesionales como psicólogos y policías tutores, así como la necesidad de reforzar los recursos en salud mental infantojuvenil para prevenir y afrontar estas situaciones de manera eficaz.

—Este sábado Periódico de Ibiza y Formentera también publica, con motivo de este día, la denuncia de una madre cuya hija menor sufrió agresiones a través de un reto viral conocido como Happy Slapping. ¿Ha aumentado este tipo de violencia digital entre adolescentes en Ibiza?

— Sí, han aumentado este tipo de retos virales en la isla. En el momento en que los adolescentes entran en contacto con las redes sociales, todavía no están preparados para gestionar esta realidad. No son conscientes de cuándo algo deja de ser una broma. La solución es muy clara: no tendrían que tener acceso a contenidos inadecuados en las redes sociales a edades tan tempranas.

—¿Qué papel deben tomar las familias ante este tipo de violencia?

—La responsabilidad cae en la familia. Los padres son los primeros interesados en que el desarrollo de la vida de sus hijos sea el mejor posible. Si se quiere echar balones fuera diciendo que la culpa es de las administraciones públicas, leyes o sistemas internacionales, bien, tienen su parte de culpa, pero en el día a día la protección y compromiso de las familias con sus hijos no se puede delegar en las administraciones. Es importante ser cuidadoso con esta situación para no permitir contenido inadecuado. Si no confiamos en que puedan tener redes sociales sin hacer un uso problemático de ellas, no les facilitemos el acceso. No hay nada que demuestre que las redes sociales sean importantes o imprescindibles en el desarrollo de los niños. De hecho, es todo lo contrario. Disponemos de datos que revelan que este acceso no es positivo para el desarrollo psicológico, emocional, social y hasta cognitivo de los menores.

—Hay menores, incluso, que llegan a normalizar ciertas formas de violencia en el entorno digital. ¿Esta situación complica la detección de casos de acoso?

—Detectar casos de acoso siempre tiene cierta complejidad por varias razones. A veces nuestros hijos tienen un umbral de tolerancia demasiado alto ante según qué violencias porque creen que hablarse mal, criticar a alguien cuando no está presente o hacer alianzas para excluir a alguien, son situaciones normales que ocurren en la vida, pero no es verdad. Por lo tanto, lo primero que tendríamos que hacer como familias es educar y construir en nuestros hijos un sistema de valores que les permita entender, detectar e identificar desde el minuto cero que estas situaciones no son aceptables. No son tolerables ni desde el ámbito de la broma, ni desde una realidad digital a través de retos virales. Todo aquello que pueda denigrar a alguien no puede ser aceptable. No podemos normalizar ni blanquear este tipo de cuestiones diciendo que todo el mundo actúa de esta manera.

«Las redes sociales son una fábrica de crear problemas de salud mental»

—¿Por qué se están llevando a cabo estos retos virales?

—Lo está haciendo gente que tiene mucha visibilidad digital porque las redes sociales permiten difundir lo malo y denigrante de los seres humanos. Por desgracia, no se están utilizando estas herramientas para dar visibilidad a lo más bonito de las personas. Hay mucha gente realizando actividades muy positivas, ¿por qué tenemos que difundir siempre lo malo? Creo que nos debemos de plantear esta realidad como sociedad y también como familias. También cuesta detectar estos casos de acoso porque muchas víctimas que sufren una situación de este tipo intentan proteger a sus padres de esta realidad e intentan evitar este dolor y preocupación. Es lo que he vivido yo al abordar este tipo de situaciones. Para evitar esta preocupación, los menores tapan los hechos y, por eso, muchas veces las familias se percatan de la situación a través de terceras personas y no de sus propios hijos. Cuando esto ocurre, la gente piensa que en esa casa no había una buena comunicación entre padres e hijos, pero no es así. Hay hogares en los que se habla de muchos temas, y bien hablados, pero, a veces, los hijos se vuelven adultos para proteger a sus padres con el objetivo de que no sufran. Este caso lo he vivido en varias ocasiones. También, por supuesto, existen otros perfiles de familias donde no son conscientes de la situación porque no están pendientes y los padres tienen otras prioridades al considerar que estas situaciones no son tan importantes. Hay familias que te dicen: «Es normal que entre niños se digan ciertas cosas». No vamos a hablar de normalidad o anormalidad. La pregunta sería ¿Esta situación es aceptable o es inaceptable? Si es inaceptable, hay que actuar para que no vuelva a ocurrir. Esta realidad sería la que deberíamos plantearnos.

—¿Qué secuelas psicológicas pueden aparecer en los niños que han sufrido acoso escolar?

—Muchas: desde consecuencias más sencillas, y fáciles de solucionar por uno mismo, a secuelas más complicadas. Incluso pueden llegar a sufrir síntomas de estrés postraumático después de vivir una situación compleja. Esta realidad les puede afectar a la vinculación con su vida escolar, social, familiar, en materia de aprendizaje y a la relación consigo mismo. También pueden sentir rechazo y mostrarse hipersensibles o hiperreactivos a otras situaciones. Hay una graduación que se desarrolla en función de la gravedad del tipo de acoso que has sufrido – ya que no todas las agresiones tienen la misma gravedad- y el tiempo que dura la exposición a esta situación. También es muy importante la respuesta obtenida por parte del entorno de la víctimas tras vivir esta situación. Si estás en una familia que te acompaña, te ayuda, busca apoyos y establece alianzas, esta realidad se soluciona mucho mejor. No obstante, si estás en una familia que minimiza lo que te ha ocurrido porque piensa que son cosas de niños, evidentemente, perjudica al menor y los efectos en los niños son peores.

—¿De qué manera deberían actuar e intervenir los docentes ante un caso de bullying? ¿Los protocolos que se llevan a cabo en los centros educativos son efectivos?

— Los protocolos están bastante claros y se van renovando cada cierto tiempo porque se van revisando. En estas revisiones, el Govern balear, concretamente desde Convivèxit, que es la institución pública encargada de estos reconocimientos y del trabajo conjunto en todos los centros educativos de Baleares, lleva a cabo muchas medidas en esta línea. No solo para que los protocolos estén claros y bien definidos, sino también para que el equipo técnico desde Palma y también en Ibiza, con un representante del organismo, apoye a los centros educativos para enfrentarse a según qué situaciones. Ahora, la aplicación de los protocolos, como cualquier otra medida, está filtrada por las personas que los ejecutan. Por ello, necesitamos a gente formada y sensibilizada. Si tenemos a profesores que observan según qué comportamientos y no son capaces de detectar situaciones porque consideran que entran dentro de la normalidad, evidentemente, no es positivo. No obstante, sí es efectivo, tener a profesores y profesoras que estén entrenados, por ejemplo, para detectar comentarios inaceptables y sean capaces de parar una clase sobre la II Guerra Mundial para hablar sobre lo sucedido. Entre todos tenemos que generar que un centro educativo sea un espacio seguro para todos. Creo que esta es la consigna que tendría que tener todo el profesorado: yo detecto una situación y paro máquinas en ese momento y digo no, esto no. A veces también ocurre con la perspectiva de género.

Belén Alvite, durante un instante de la entrevista.
Foto: Moisés Copa

—Existen los programas de formación para la prevención del acoso escolar.

—Los programas de formación para sensibilizar a los docentes son imprescindibles porque ellos son los ojos de los padres dentro de los centros educativos y los necesitamos formados y sensibilizados. Tienen un papel fundamental. En ocasiones, con el mismo procedimiento, se aplica el protocolo perfectamente y se soluciona la situación, pero, otras veces, pese a ser el mismo protocolo, su aplicación puede ser mejorable. Asociaciones de Ibiza, que hablan sobre el acoso escolar, han denunciado que los resultados tras aplicar el procedimiento han sido desastrosos. Tenemos que aceptar que esto también puede ocurrir. En ocasiones te viene una familia y te dice que el centro ha activado un protocolo de bullying porque su hijo está siendo víctima de acoso. Para las familias, esta apertura significa que está pasando algo grave, pero, cuando se abren estos procesos, es porque alguien ha comentado alguna situación o porque se ha detectado algo. No obstante, estos protocolos son como las diligencias en un juicio: un juez observa y dice cuál es el detonante para su apertura para después seguir con la observación en el aula a través de comunicaciones con el alumnado. También se realizan observaciones en el patio y se habla con las familias implicadas.

—Por lo tanto, este protocolo de bullying lo que permite es activar el resto de pasos para poder detectar un caso de acoso escolar.

—Sí. El protocolo permite abrir unas diligencias previas para investigar si puede haber algo que es necesario cambiar. A veces, muchos de los protocolos se cierran porque no se ha encontrado nada. A lo mejor ha habido alguna cuestión puntual entre dos personas bajo una igualdad de condiciones, pero esta situación no es acoso. En el bullying tiene que haber una serie de circunstancias que marquen la diferencia. Por ejemplo, una diferencia madurativa, también tiene que haber una reiteración, una intencionalidad o una desigualdad en cuanto al número de personas. Dentro del protocolo se aborda la comunicación con los alumnos, que se trabaja mucho en proyectos y en programas, como el que está enfocado en los estudiantes mediadores para que ayuden en este tipo de conflictos. Por lo tanto, cuando en el centro activan un protocolo es para detectar y saber si hace falta una derivación. Por el hecho de abrir este procedimiento, no significa que este alumno esté sufriendo bullying. Activar un protocolo es la garantía que puede tener una familia porque esto significa que los profesionales del centro educativo están trabajando en detectar si hay algún comportamiento inadecuado. Puede ocurrir que los docentes no se den cuenta de ciertas situaciones porque, a veces, son muy sutiles. Además, con el tema de las redes sociales, esta realidad excede los límites del entorno escolar. A los centros educativos, a veces, se les complica el tema de la convivencia porque hay demasiados menores con acceso a las redes sociales.

«El programa de policía referente es un programa que se tiene que cuidar mucho»

—Durante la entrevista, se ha abordado el imprescindible papel de las familias y de los docentes. ¿Cómo de importante es la figura del policía tutor en un centro educativo?

—Los policías referentes son fundamentales y en Ibiza tenemos la suerte de que en cada municipio tenemos a estos efectivos. En otros lugares de España hay localidades que no tienen policías referentes, pero en la isla se ha dado mucha importancia a su papel tanto en la prevención, ya que realizan charlas en las aulas, como en el seguimiento de casos e intervenciones con aquellos jóvenes que tienen un perfil más de riesgo por situaciones previas. El programa de policía referente es un programa que se tiene que cuidar mucho. Los profesionales que se dedican a este servicio son trabajadores con un perfil más prosocial.

—¿Cómo puede ayudar un psicólogo a los niños y familias a procesar el impacto del acoso?

—En los casos de acoso escolar creo que es importante poder acudir a un profesional que ayude a integrar lo que ha ocurrido para tener otro tipo de respuestas y que las consecuencias de cara al futuro estén más minimizadas. También es cierto que, a veces, los acompañamientos psicológicos no son tan sencillos como pensamos porque no todas las familias tienen acceso. Los recursos de salud mental respecto a la infancia y adolescencia no son suficientes. Creo que necesitamos más medios. En este sentido, por ejemplo, incorporaron una mejora en los centros de Secundaria con la presencia de psicólogos educativos, que están dentro de los institutos y pueden ayudar en la detección y a la hora de abordar este tipo de situaciones.

—¿A qué cree que se debe tanta agresividad en los niños y a edades tan tempranas?

—Las familias no somos del todo conscientes de que nuestros hijos no solo se nutren de lo que reciben en casa, sino que también se nutren de los contenidos que están consumiendo su salud mental. Muchos de los problemas que estamos detectando en los centros están relacionados con la falta de empatía. La empatía se practica y se trabaja en los parques, en las torradas con amigos que tienen hijos, jugando y relacionándose. A los niños de hoy en día les falta calle, tiempo para estar juntos y necesitan aprender a gestionar sus emociones. Las redes sociales son una fábrica de crear problemas de salud mental. Creo que las familias deberían plantearse que estas redes no están aportando nada al crecimiento social y emocional de sus propios hijos. Entonces nos encontramos con chicos y chicas con unos niveles de empatía muy bajos porque han crecido en familias que les han ofrecido absolutamente todo y han aprendido poco sobre colaboración y vivir en comunidad. El individualismo no es bueno. Vamos a intentar que nuestros hijos vean cosas positivas porque hay mucha gente que hace cosas buenas por los demás y esto es dopamina buena que permanece. Si consiguiéramos que viesen menos basura, probablemente luego serían más hábiles a la hora de relacionarse con los demás en todos los sentidos.

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