Alberto del Pino (Granada, 1973) acaba de aterrizar al frente de los puertos de Ibiza y La Savina con una idea clara: modernizar la gestión, mejorar la integración entre puerto y ciudad y rebajar la histórica sensación de saturación que arrastra la infraestructura ibicenca. Ingeniero especializado en obra marítima y con experiencia en otros puertos españoles, reconoce que el principal reto pasa por coordinar tráficos, ordenar espacios y sacar adelante el Plan Especial. En esta entrevista defiende una regulación «lógica» del puerto de Ibiza, apuesta por abrirlo más al residente y asegura que «no hay ningún empeño» en aumentar el número de cruceros.
—¿Qué tal ha sido el aterrizaje en este nuevo cargo?
—La verdad es que estoy todavía recién aterrizado. Pero estoy muy ilusionado y contento de llegar a un sitio donde hay un montón de retos por delante y de oportunidades para poder seguir creciendo profesionalmente. Yo llevo 25 años en temas de obra marítima y para mí esto era una oportunidad de dar un salto para desarrollar todo lo que he hecho.
—¿Qué le ha llevado a querer trabajar aquí?
—Yo llevaba ya bastante tiempo con la idea de entrar en Puertos del Estado. Había participado en otros procesos y, analizando el caso de Ibiza y Formentera, lo que vi es que tenía un potencial de cosas por hacer, de proyectos y de desarrollo, que realmente era el mejor de todo lo que tenía enfrente. Esto es lo que me hizo apostar más por este proceso y esforzarme para la selección. He participado en Algeciras, Almería y Pasajes pero ninguno me lo preparé con tanto empeño como este (risas).
—Desde su experiencia, ¿cuál es para usted la situación de partida del puerto de Ibiza?
—Es un puerto muy complejo. Con mucho tráfico que confluye al mismo tiempo y de distinto tipo. Aquí hace falta un esfuerzo extra de poner todo el mundo su empeño para que funcione. Coordinación, planificación, capacidad de respuesta ante los cambios… a mí este tipo de retos me gusta. No quiero algo fácil (risas). Aquí está claro que, o se trabaja bien, o será complicado. Y esa es una realidad que me apasiona.
—El presidente de la APB dice que, con las inversiones previstas, el puerto de Ibiza será uno de los mejores del mundo. ¿Qué necesitamos para eso?
—Hay que hacer un esfuerzo en mejorar la conservación, desarrollar técnicas más modernas de gestión y planificación… son cosas que han de ir a la par de la inversión. No es solo una cuestión de proyectos. Hay que modernizar la gestión. Tan importante es una cosa como la otra. Hace falta un equilibrio entre inversión, crecimiento y conservación.
«El puerto de Ibiza es muy complejo»
—El Plan Especial es clave para estos objetivos pero aún no ha sido aprobado. ¿Qué es lo más urgente de este plan?
—El plan realmente lo que hace es enmarcar los proyectos en una seguridad legal y urbanística. Todas aquellas cosas que dependen de ese plan, hasta que no esté aprobado, es difícil desarrollarlas. Lo clave es conseguir y poner todo el esfuerzo en aprobarlo cuanto antes. Será difícil que se haga este año pero hay que intentar que sea el próximo. Este plan va a ayudar a mejorar espacios públicos y accesos, reducirá la congestión que sufre el cuerpo. Se va a reducir la edificabilidad en favor de crear más espacios. Cuando el plan se apruebe, el problema histórico de saturación en los accesos se verá muy aliviado.
—Usted dirigió un puerto deportivo en Estepona. ¿Qué estrategia cree que hay que aplicar en Ibiza para regular una de las cosas más complicadas que hay y que es regular el tráfico mixto en temporada alta?
—En verano tenemos cruceros, pasajeros de frecuencia regular y los deportivos. O se consigue poner en orden esa mezcla de tráficos o no solucionaremos los problemas de congestión. Creo que lo que hay que hacer es implantar ventanas logísticas. Es lo que se ha empezado a hacer con los cruceros. Se pide que lleguen antes de las 11.30 horas para no interferir con el tráfico de pasajeros. Esto se está haciendo y funciona bien. Yo sé que al ciudadano no le gusta mucho la regulación ni la imposición de normas pero, consensuado entre todos y sin crear agravios, funciona. Por otro lado, a la gente le dificulta la vida en el puerto que se produzcan continuos cambios. Hay que implantar regulaciones lógicas, nada demasiado coercitivo, pero, cuando se toma una decisión, hay que intentar hacer primero un ensayo para ver si funciona y evitar tener que cambiarlo. Los cambios molestan mucho. En el puerto de La Duquesa, en Cádiz, tenías también un campo de golf y allí se te metían en el puerto los carritos de golf. Mezclar distintos usos al final es un lío que necesita regulación. Aquí se han hecho cosas en buena línea pero hay que seguir haciendo.
—Nos molesta una regulación que en un aeropuerto vemos como normal.
—Efectivamente. Y también es verdad que en el puerto interactúan muchos intereses. En el puerto encuentras al que llega en ferry, al deportivo que va a pasar el día entero de ocio y al que está comiendo en un restaurante. Cada uno tiene un interés diferente. Y lo complicado está en hacer compatibles todos esos intereses.
—En Ibiza se entiende que la APB tenga que rentabilizar los espacios portuarios. Pero, a la vez, hay un sentimiento de pérdida porque esa rentabilización está convirtiendo el puerto en un espacio para el turismo y el lujo.
—Eso se rompe con hechos. El puerto tiene que ser un lugar donde la gente vaya aunque no tenga barco y aunque no vaya a utilizarlo. Ahí está la clave. Desde la APB lo podemos hacer promoviendo que la gente participe en todo lo que queremos hacer y en lo que está por venir. Eso ya se está empezando a desarrollar con encuentros sectoriales y yo pretendo potenciarlo con más procesos participativos. Primero localmente y luego ya con Palma. A esto podemos añadir el que las instalaciones estén adaptadas para que el que venga no sienta discontinuidad entre puerto y ciudad. Hemos de lograr que el puerto sea más acogedor y que no se vea como una barrera.
—¿Eso es lo que llaman integrar el puerto y la ciudad?
—Sí, eso es. Lo ideal sería que tú estuvieras paseando por cualquier localización y pudieras atravesar el puerto sin tener la percepción de que has cambiado de localización. Ahí es donde se consigue realmente la integración. En el momento en el que tú sientes que estás en espacios diferentes, algo está fallando. El objetivo final tiene que ser que no te des cuenta de si estás en el puerto o en la ciudad.
«No hay ningún empeño en que vengan más cruceros»
—Aquí preocupa que la parte más antigua pueda dejar de ser ciudad.
—Sí, pero cuando la gente vaya a tomar un café y no vea como un ente extraño el puerto, cambiará la percepción. Se trata de compartir al mismo tiempo un mismo espacio. Si somos capaces de hacerlo, no se generarán incordios y cambiará la percepción. Es fácil decirlo pero luego hay que hacerlo.
—Los cruceros siguen siendo conflictivos porque, al coincidir varios, se producen problemas como el colapso del transporte público. Más el tema de las críticas por ruidos, emisiones, etc. ¿Cómo espera que sea esta temporada?
—Los datos que nosotros tenemos son de una ligera disminución. El hecho de que no crezca es positivo para no aumentar el conflicto entre el que quiere cruceros y el que no. Analizando los datos, un 30% del pasaje que viene en el crucero no baja del barco. Cuando se habla de que viene un barco con 3.000 o 6.000 pasajeros, el dato no es real porque hay un 30% que no baja. Lo que yo he visto también es que, si la operativa está bien montada, si todo está bien organizado, no tiene por qué crear ningún conflicto. Si no lo haces bien, con un solo crucero puedes tener un follón. Lo que hemos de hacer por nuestra parte es coordinar todo lo posible para que esos desembarques se hagan de la forma más ordenada posible para no crear incidencias. Si lo hacemos bien, al final cambiará la percepción. Yo espero que consigamos revertir esa imagen negativa que ahora mismo tenemos. Curiosamente, esta es una de las cosas que a mí me ha sorprendido al llegar. Yo vengo de Málaga y allí se celebra en la prensa cuando llega un crucero más grande. Y me sorprende que aquí lo que se celebre sea lo contrario.
—En lo que al tráfico de mercancías se refiere, ¿cuál es la situación?
—Ahí en lo que estamos haciendo más esfuerzo es en optimizar la ordenación de los espacios que afectan a esas mercancías. Ahí se está haciendo un gran esfuerzo para que se pueda utilizar bien la superficie de la que disponemos, que es muy pequeña. Si no está bien aprovechada, bien gestionada, puede generar problemas. El esfuerzo está haciendo grande.
«El objetivo es que no notes si estás en el puerto o la ciudad»
—¿Cree que se debería hacer otras cosas?
—Desde mi punto de vista, hay necesidad de reordenación de espacios pero todo confluye con el Plan Especial. En cuanto entramos en tierra, si queremos cambiar localizaciones de espacios, reordenar, el plan nos afecta. Por eso también necesitamos la aprobación porque, si no, todo se queda en pequeñas mejoras que no solucionan 100% el problema. En agua sí podemos hacer muchas cosas pero en tierra necesitamos el Plan Especial.
—En general, al margen de lo que depende del plan, ¿qué le gustaría hacer a usted con el puerto de Ibiza?
—A mí me gustaría ser capaz de ser protagonista de la integración del puerto y la ciudad. Ser protagonista como he visto en Estepona, que espacios que no se utilizaban se han convertido en reclamo de todo el mundo, como la senda litoral. Es un recorrido que va de Cádiz a Marbella. Parecía que sería un carril bici y punto y se ha convertido en una senda de 30 kilómetros que usa muchísima gente para salir, pasear… Aquí se pueden hacer estas cosas también. Es verdad que el puerto está muy congestionado en la línea más cercana al agua. Pero el entorno, todo el recorrido hasta Botafoc, se puede hacer algo. Se puede conseguir que sea agradable pasear por ahí.
—No tenemos un paseo marítimo como tal.
—Efectivamente. Ahora mismo es que hay mucha discontinuidad entre la ciudad y Botafoc. Parece que Botafoc está en otra ciudad. Deberíamos ser capaces de crear la conectividad entre los dos extremos. Con eso yo ya me daría por satisfecho. Luego, a nivel de gestión pura y dura, me gustaría romper con las ideas negativas que hay.
—La más grave es la de la mercantilización del puerto. El residente siente que le han quitado un espacio suyo.
—Sí, pero eso se puede romper logrando ir más allá en las adjudicaciones. Por ejemplo, que se valoren cuestiones sociales. Vuelvo a Estepona. Allí se valoraban cosas como desarrollar el deporte, apostar porque los colegios visitaran el puerto e hicieran actividades. Aquí este año vamos a hacer una cosa nueva. La idea ya estaba cuando llegué y lo que vamos a hacer es un día del puerto. Es algo que se hace mucho en Portugal. El objetivo es acercar el puerto a la gente de la ciudad. No se ha hecho aquí nunca y ahora estamos desarrollando la idea. Nos gustaría hacerlo en octubre o noviembre pero aún no está concretada la fecha.
«En el puerto interactúan muchos intereses»
—¿Qué tipo de actividades se harán ese día?
—Sobre todo se intenta hacer actividades para acercar al que no es habitual de la náutica o de la actividad portuaria. Se organizan visitas escolares a instalaciones donde no podrían entrar si no es así. Si hay cruceros se intenta acercar a la gente. En este entorno gran parte de la gente es conocedora de lo que se hace en el puerto. Pero también hay mucha gente que vive de espaldas a esa realidad. Entonces, el objetivo es acercarles el puerto. Donde esto ya se hace, se celebran competiciones deportivas, bautismos náuticos, eventos… la gente ya tiene el día marcado en la agenda para ir. Es algo que está muy bien.
—En el caso de Formentera, ¿con qué se ha encontrado?
—Es una instalación más sencilla pero tiene unos altos niveles de protección por el entorno y eso dificulta muchas cosas. Lo que veo allí es que, aunque tenemos unas instalaciones de calidad y adecuadas, la concentración de actividad en verano hace que todo se concentre y que la actividad sea frenética. Hay que darle una vuelta para mejorar las instalaciones. El espacio allí está muy limitado y hay que afinar muy bien la reorganización. Puedes aumentar parking pero eso puede provocar un efecto colateral en otra actividad portuaria. Creas un conflicto. Entonces, aunque la instalación sea más pequeña y menos congestionada que Ibiza, la realidad es que hay que darle una vuelta a cómo reordenar y mejorar para la época estival. Una mala decisión puede provocar un gran conflicto. Entonces, hay que evitar los cambios si no está muy madurado que son para mejorar. Es un puerto en el que no puedes tomar decisiones a la ligera.
—La decisión de unificar las dos marinas ha sido muy controvertida.
—Desde mi punto de vista, al ser un puerto tan pequeño, concentrar todo en una única gestión favorece que no haya que duplicar un montón de cosas. Si tienes dos operadores, has de tener cosas para cada uno de ellos a la fuerza. Al unificar, evitas crear duplicidades. Yo creo que mejorará mucho con esta idea. Aunque hay que esperar a que esté en marcha. Pero, de primeras, pinta bien. La gente reconocerá al final que ha sido buena idea, pero no me quiero adelantar.
—Aparte de lo previsto en Formentera, ¿cree que hay que hacer algo más?
—Sí, hay que hacer muchas cosas. El día a día te obliga. Ahora con todo lo que se está desarrollando en inteligencia artificial, que te ayuda a analizar y tomar decisiones, nos ayudará mucho en la gestión. Nos ayudará a trabajar mejor con una herramienta que a la que hasta ahora nos resistíamos. Aún no se ha implantado pero en algunos campos sí se empieza a desarrollar. Sobre todo en tecnología directa de seguridad, instrumentación, etc. Lo está haciendo ya Puertos del Estado, con programas para promover esto. A la hora de tomar decisiones como aumentar las plazas de parking o los cambios de ubicación de las instalaciones, la IA te permite tener un respaldo real técnico de ensayo, sin hacerlo a la ligera. Pero está aún en fase inicial. Aunque usted y yo lo veremos.
El puerto mejorará el día que la gestión se lleve desde Ibiza y no desde Mallorca. Pasa con la mayoría de administraciones, Escola de Turismo, etc. pero hay demasiados estómagos agradecidos que alimentar por tierras mallorquinas y más en ese engendro portuario.