La mañana comienza en la rampa de varada de sa Caleta, que permite el acceso directo al mar. Periódico de Ibiza y Formentera sube a la embarcación de uno de los miembros de la Asociación Pereyna de pesca recreativa de las Pitiusas. Para la entidad, la salida de este día no es solo una jornada de ocio, sino una forma de reivindicación sobre el mar.
Durante la jornada, los pescadores recreativos aseguran sentirse cada vez más limitados por las restricciones, las reservas marinas y la normativa autonómica. Mientras el integrante David se coloca los escarpines y revisa las aletas de carbono, el resto de miembros habla con preocupación de un colectivo que, según defiende, se encuentra «criminalizado» pese a representar un porcentaje mínimo de las capturas totales. «Vamos a ir hacia la zona de Atlantis a buscar agua limpia», explica uno de los miembros de Pereyna durante el paseo.
«Aquí en sa Caleta hay bastante arena removida. La pesca depende mucho del viento y del estado del mar», destacan. Esta asociación nació como respuesta al malestar creciente entre aficionados a la pesca recreativa. Según explican sus miembros, la intención era agrupar a un colectivo que se sentía disperso y sin representación. «La gente estaba cansada y necesitaba una voz», explica uno de los impulsores de Pereyna.
«Muchos pescadores no quieren salir en prensa ni hablar públicamente porque están agotados de tanta burocracia y de tantas restricciones, pero detrás hay muchísima gente molesta con esta situación», agrega. La embarcación abandona lentamente sa Caleta y primero pone rumbo hacia es Jondal.
Reservas marinas
A medida que se alejan de la costa, la conversación gira inevitablemente hacia el conflicto abierto en torno a las reservas marinas y la pesca recreativa. «Nosotros no estamos en contra de proteger el mar», aclaran desde el principio.
«Entendemos perfectamente que haya zonas integrales donde no pueda pescar nadie, pero lo que no vemos bien es cómo se están creando algunas reservas de interés pesquero», lamentan.
Los pescadores recreativos consideran que muchas de estas figuras de protección terminan restringiendo principalmente a la pesca recreativa mientras la profesional continúa faenando en determinadas áreas. «Lo que no puede ser», sostiene uno de ellos, «es que se aparte al recreativo y luego se permita seguir pescando al profesional. Si quieres proteger de verdad un espacio, haz una integral de verdad para todos».
Actualmente, la normativa balear permite capturar hasta cinco kilos de pescado por licencia más una pieza mayor en las zonas libres. En algunas reservas específicas, como la reserva de ses Bledes, las limitaciones son todavía más estrictas. «En algunas zonas solo puedes sacar una pieza por especie», explican. «Antes podíamos elegir muchos más puntos donde salir a pescar y en pocos años se han reducido muchísimo las zonas disponibles». Mientras la embarcación avanza hacia es Jondal, los pescadores observan continuamente el estado del agua.
Buscan claridad, ausencia de arena suspendida y zonas de roca donde pueda concentrarse el pescado. «Esto no es llegar y pescar», comenta uno de ellos. «La gente piensa que vas al agua y arrasas, pero la pesca submarina es muy complicada. Hay muchísima gente que sale y no coge nada», manifiesta. Sobre la cubierta comienzan a preparar el equipo. Los trajes de neopreno, conocidos popularmente como trajes chicle, están diseñados para soportar largas inmersiones en agua fría. «Ahora mismo el agua está sobre los 17 grados y medio», comenta uno de los pescadores. «Y en profundidad baja bastante más». El material ocupa casi toda la embarcación: fusiles de carbono, máscaras, boyas de señalización, cuchillos, cinturones de plomos y aletas largas de carbono, uno de los elementos más valorados por quienes practican esta modalidad.
«Las aletas de carbono han cambiado muchísimo la pesca submarina», explica uno de ellos mientras termina de colocarse el neopreno. «Son mucho más ligeras y eficientes».
El pescador revisa cuidadosamente su equipo antes de entrar al agua. «El mayor peligro no son los peces», explican, resaltando que el problema es quedarte enganchado en el fondo con una red abandonada, un cabo o cualquier hilo. Por eso insisten en que nunca debe practicarse pesca submarina en solitario. «Siempre mínimo dos personas», recalcan. «Uno en el agua y otro atento desde la barca». La seguridad es uno de los aspectos que más subrayan durante la jornada. Los pescadores explican que un síncope bajo el agua puede resultar fatal si no hay nadie vigilando desde la superficie. «Si te mareas o te quedas inconsciente, necesitas que alguien te saque rápido. El barquero tiene que estar pendiente constantemente», agregan.
La embarcación se aproxima a la punta de es Jondal. Allí, los pescadores señalan una línea imaginaria marcada por la normativa. «Desde aquella punta hacia un lado sí se puede pescar y hacia el otro no», explican señalando las rocas que delimitan la zona protegida: «Al final tenemos que conocer perfectamente todos los límites».
Uno de los pescadores se coloca la máscara y se tira al agua con todo el material. Minutos después desaparece bajo la superficie siguiendo una pared de roca sumergida. Desde la embarcación apenas se distingue su silueta entre las manchas oscuras de posidonia. La pesca submarina, indican, requiere largas esperas en el fondo, inmersiones repetidas y un profundo conocimiento del comportamiento de cada especie. «Hay que saber leer el mar», comentan.
Foto: Moisés Copa
«Ver las corrientes, la visibilidad, el ruido, incluso si hay gaviotas o no». Al principio de la jornada apenas aparecen algunos bancos pequeños y algún espet aislado. La pesca no resulta sencilla. «A veces es cuestión de suerte», reconocen. «Hay días muy buenos y otros muy flojos».
Furtivismo
Mientras esperan nuevas inmersiones, los integrantes de Pereyna continúan exponiendo sus críticas hacia la situación actual de la pesca recreativa. Consideran que la pesca submarina es la más atacada, siendo históricamente señalada por su vinculación con el furtivismo.
«Siempre dicen que el problema son los furtivos, pero furtivo puede ser cualquiera que incumpla la normativa, no solo un pescador submarino», lamentan. Defienden que la gran mayoría de aficionados cumple las normas y que el impacto real de esta modalidad sobre los recursos pesqueros es reducido. «En Cataluña se hizo un estudio y la pesca submarina representaba apenas el uno por ciento de las capturas», aseguran. «No somos nosotros los que estamos acabando con el mar», añaden. En cambio, apuntan hacia otros factores como la contaminación, el exceso de embarcaciones o la pesca industrial intensiva.
«El verdadero problema del Mediterráneo es la presión masiva. Aquí en verano pasan miles de barcos cada día», sostienen. Desde la embarcación observan varios yates fondeando cerca de la costa. La imagen sirve como ejemplo para explicar otra de sus críticas: la diferencia de trato entre usos recreativos. «Hay zonas donde a nosotros nos restringen muchísimo mientras luego ves embarcaciones fondeando constantemente», lamentan.
Los pescadores también cuestionan algunas prácticas vinculadas al turismo de buceo recreativo. Aunque reconocen que se trata de una actividad importante para la economía de la isla, consideran que en algunos casos se prioriza la rentabilidad sobre el control ambiental. «Hay centros de buceo que sacan muchísima gente cada día. Incluso algunos llegan a dar comida a los peces y eso altera completamente su comportamiento», comentan. Aun así, insisten en que la convivencia entre usos es posible. «En otros lugares del mundo conviven perfectamente la pesca recreativa, el buceo y la pesca profesional», señalan. Durante una pausa, los pescadores recuerdan cómo ha cambiado la actividad en las últimas décadas.
«Antes había mucho más pescado y también había muchas más zonas donde pescar», destacan. Aseguran que Ibiza y Formentera continúan siendo privilegiadas en biodiversidad respecto a otras zonas del Mediterráneo gracias a sus corrientes y capacidad de reproducción, aunque advierten de que algunas especies sufren una fuerte presión. «Los meros pequeños deberían respetarse más», comentan. «Y la rotja también. Si se respetaran las tallas habría muchísimo más pescado», añaden. La jornada continúa entre inmersiones, desplazamientos cortos y largas conversaciones sobre el futuro del sector. Pereyna, que cuenta actualmente con unos 300 socios, reivindica mejoras de infraestructura para los pescadores recreativos.
«Uno de los problemas son las rampas de varada. Hacen falta más puntos donde la gente pueda botar pequeñas embarcaciones», explican. La asociación asegura haber trasladado esta necesidad a distintos ayuntamientos de la isla. «En Cala Gració están haciendo una nueva y hacía mucha falta», informan. Con el paso de los minutos el desaliento empieza a notarse en la embarcación por la falta de peces en la zona.
«No es f
ácil. La gente piensa que esto es tirarte al agua y sacar pescado, pero detrás hay muchísimas horas y muchísima paciencia», resaltan. La embarcación opta por dirigirse a Atlantis a ver si hay más suerte. Durante el trayecto, los miembros de Peryna vuelven a insistir en el mensaje que quieren trasladar: consideran que la pesca recreativa submarina forma parte de la tradición marítima de Ibiza y reclaman que se les tenga en cuenta en la gestión del litoral.
«Ibiza siempre ha sido una isla de pescadores. La gente quiere seguir pudiendo salir al mar, desconectar y practicar una actividad que lleva generaciones haciéndose aquí», recuerdan. Después de varias horas en el mar, los pescadores recreativos consiguen capturar varias especies marinas de Ibiza: desde la rotja hasta la serviola.
La jornada termina con la asociación Peryna reivindicando que la pesca submarina es mucho más que una actividad recreativa y deportiva: «Es una forma de vida, una actividad sostenible y de autoconsumo, que nos conecta con el mar».
Que no todos los pescadores submarinos son furtivos esta claro, pero que la fama de algun lado ha,salido eso es evidente, como dice otro comentario muchos restaurantes saben de eso, por otro lado el artículo esta bastante manipulado y dirigido.