La realidad que viven los voluntarios del centro de protección animal de Sa Coma en Ibiza muchas veces es muy dura. Así lo han mostrado mediante un post que han realizado en sus redes sociales este mismo domingo en el que muestran precisamente esta realidad. Una publicación que es «para todos aquellos que piensan que nuestro trabajo en el centro es de lo más divertido y que sólo jugamos con perritos y gatitos».
«Os mostramos la dura realidad; es un trabajo muy duro psicológicamente en el que necesitas tener una gran fuerza de voluntad para no atentar contra los propietarios de los animales renunciados», sigue el escrito que han hecho público a través de sus redes sociales, «ya que en muchas ocasiones vienen casos claramente de maltrato animal y te sientes impotente al no poder hacer nada con las leyes que tenemos».
«Sólo nos queda dar las gracias porque al menos los han traído y renunciado», protestan, dando también un mensaje esperanzador. «Tranquilos, gracias al gran equipo veterinario y a todas las personas voluntarias que vienen a pasearlos conseguirán que estos tres mastines se recuperen y mejoren su calidad de vida», dicen sobre tres perros que han traído a la clínica y de los cuales adjuntan varias imágenes sobre su delicada situación actual.
Triste
El primero de los animales es Nieve, un perro que tiene la cabeza llena de marcas de herida sin curar, «posiblemente intentando evitar que los machos no paraban de montarla». Además, tiene pulgas corriendo por todo su cuerpo.
León es otro perro que tiene «millones de parásitos recorriendo su esquelético cuerpo». Está lleno de heridas, «posiblemente de defenderse de otro macho. En otra imagen, se le ve «agradecido» por poder tener su espacio y «separarlo del perro dominante». Es un perro que debería pesar 70 kilos y que no llega ni a los 40. «Se le marcan todos los huesos de la columna y las costillas», denuncian con amarga tristeza.
Coco es el perro dominante, aunque «no se salva de tener un número indefinido de grandes heridas y pulgas por todo el cuerpo». «Ha tenido más suerte, pero aún así podríamos contarle todas las costillas sin necesidad de palpación», finaliza el post en el que enseñan solo una parte de la dura realidad que se vive en Sa Coma.