«Mi tío llegó a Formentera con 23 años y sus padres y mi madre se fueron allí con él». Así comienza Nieves Berná el relato sobre cómo su tío, el sacerdote Juan Torres Torres, conocido como Joanet des Convent, acabó siendo asesinado, probablemente en el puerto de La Savina, en septiembre de 1936, justo al inicio de la Guerra Civil. Joanet des Convent es uno de los 20 sacerdotes mártires de Ibiza y Formentera que serán beatificados el próximo otoño en la Catedral de Ibiza.
Berná explica que, tras estallar el conflicto en julio de aquel mismo año, su tío rogó a su familia que regresaran a Ibiza, mientras él se hacía cargo de la parroquia del Pilar de la Mola. «Llevaba muy poco tiempo allí cuando lo mataron», lamenta su sobrina, hija de María, la única hermana del sacerdote, «mi tesis es que en Formentera no lo conocía casi nadie. Era muy joven, tenía 24 años. Si hubiera seguido en Ibiza, no le hubiera pasado nada. Creo que cuando el capitán Bayo llegó a Formentera, pidió que le llevaran a todos los curas. Se supone que allí hubo gente de la isla involucrada. Pero nadie quiso nunca hablar. Pienso que en Formentera alguien cometió un delito por omisión o por encubrimiento. Y nunca hablaron».
El asesinato de Joanet des Convent en 1936 cubrió de tristeza a la familia. Berná recuerda a sus abuelos siempre apenados. Su madre, María, creció y se convirtió en una figura clave en Ibiza como enfermera de la primera promoción de Santa Madrona y como miembro de Acción Católica. A lo largo de su vida buscó las maneras de honrar la memoria de su hermano. En 2006, cuando tenía 91 años, decidió promover la beatificación de su hermano. Habló con el entonces obispo de la Diócesis pitiusa, monseñor Vicente Juan Segura. Y este aceptó el reto. Dos años más tarde, el obispo firmaba el decreto de introducción y apertura de la causa de beatificación. Y ha sido en 2026 cuando el papa León XIV ha aprobado la misma.
María falleció en 2016, a los 101 años. Tenía claro que no vería cumplido su deseo de que Joanet des Convent fuera beatificado. Por una mera cuestión de edad. Pero sí logró que el Obispado celebrara una misa en homenaje a los 20 mártires. Su hija Nieves recuerda cómo decía tras aquella eucaristía que «ya podía morir tranquila porque se había hecho lo que había que hacer».
Aquella mujer fuerte y decidida educó a sus hijos en la idea de que la Guerra Civil fue un conflicto atroz que no sirvió para nada». Creyó que la Ley de Memoria Histórica ayudaría a la familia a conocer qué había pasado exactamente aquel día de 1936 en La Savina. Sin embargo, no fue así. Nieves Berná explica que dos de sus hermanos, ya fallecidos, contactaron la Asociación de Memoria Histórica de Formentera y con la de Palma. Solo obtuvieron buenas palabras: «Esto debería ser para los dos bandos. Todos tienen derecho a buscar a sus desaparecidos. La ley está para todos los represaliados de la Guerra Civil, de los dos bandos. Pero ninguna de las asociaciones hizo nada en el caso de mi tío».
Con sus hermanas, Nieves estudia ahora la posibilidad de volver a contactar con estas entidades y retomar el trabajo de sus hermanos, a los que ya solo les quedaba la vía del Archivo de Salamanca para saber qué sucedió con Joanet des Convent. Y es que la familia no tiene ni siquiera la certeza de que la versión más conocida de su asesinato fuera cierta. Según relata su sobrina, a lo largo de los años les contaron otras versiones. En una de ellas, se sitúa el cuerpo del sacerdote ibicenco enterrado en el mismo puerto. Otra lo sitúa en el barco en el que los republicanos trasladaron a algunos formenterenses a Ibiza en aquellas fechas. En este caso, el relato afirma que Joanet des Convent fue asesinado en el mismo barco y su cuerpo tirado al mar.
Lo que sí tienen claro es que Juan Torres Torres, el hijo de los campaneros de la iglesia de Santo Domingo, fue asesinado injustamente: «Yo tengo el sentimiento de fracaso respecto a la vida de mi tío. Era muy joven. Lo mataron injustamente. Él no había hecho nada. Simplemente, era un sacerdote».
si en 2026 estamos aún hablando de estas cosas es por culpa del malnacido de jose luís rodriguez zapatero; el delincuente (presunto) de la ceja.