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Turismo

«Queremos que Nômade sea un organismo vivo, no un hotel al uso»

El hotel Nômade Temple Ibiza acaba de abrir sus puertas en Portinatx con un nuevo concepto de hostelería

Benjamin Cowtan, director de Nomade Temple Ibiza. | Foto: Toni P.

| Ibiza |

Benjamin Cowtan, director de Nômade Temple Ibiza, afronta la apertura del nuevo establecimiento en el norte de la isla con un discurso que va más allá del concepto hotelero tradicional. El proyecto, concebido como un espacio de experiencias, bienestar y conexión con el entorno, llega a un mercado altamente competitivo y en plena transformación. Cowtan defiende una propuesta centrada en la programación cultural y de bienestar, la integración con la comunidad local y una visión del lujo basada en la personalización y la vivencia emocional del huésped.

—Nômade llega a una Ibiza con una oferta hotelera muy amplia. ¿Qué hace diferente a este establecimiento y cuál es su propuesta de valor principal?

—Yo creo que lo primero es el diseño, pero no entendido como estética superficial o como una copia de lo que ya existe en la isla. Es un espacio pensado para generar emociones. Buscamos que la gente sienta cosas al estar aquí, y eso tiene que estar respaldado por el edificio y por las instalaciones.

Pero donde realmente nos diferenciamos es en la programación. Para nosotros, programación no es simplemente un DJ en la piscina. Es algo mucho más holístico. Durante muchos años los hoteles se diseñaron para que el cliente no tuviera que salir de ellos. Nosotros creemos que tenemos una oferta muy completa por los que se quieren quedar y explorar dentro del complejo, mientras también abrimos las puertas al destino, con actividades pensadas y intencionadas. Por ejemplo, puede empezar a primera hora de la mañana con un baño en el mar acompañado de sound healing y terminar al final del día con una clase de yoga en un espacio conectado con la naturaleza. En medio, hay ocho o nueve actividades distintas cada día. Tenemos un equipo dedicado exclusivamente a trabajar con practitioners, con gente de la isla o profesionales que llevan 10, 15 o 20 años en el mundo del bienestar aquí.

Y todo esto no es solo para el huésped. Queremos que también tenga un impacto en la comunidad del norte de Ibiza. La idea es crear un espacio que sea parte del tejido local.

—¿Qué perfil de viajero buscan atraer? ¿A qué tipo de cliente creen que seducirá especialmente la experiencia Nômade?

— El propio nombre lo dice: buscamos un cliente nómada. Una persona que quiere experimentar cosas nuevas, que quiere sentir.

Trabajamos el bienestar, sí, pero no solo desde lo físico, sino también desde lo emocional. Gente que quiere conectar con otras personas, desconectar y crear vínculos.

Es un perfil que busca algo más que un lugar donde descansar. Evidentemente habrá clientes que vengan solo a relajarse, y está perfecto, pero creemos que podemos atraer a un viajero que busca algo más profundo, más experiencial.

—Si tuviera que convencer en un minuto a alguien que está pensando en venir de vacaciones a Ibiza, ¿por qué debería elegir Nômade frente a otras opciones de alojamiento?

—Porque no es solo un hotel.

La programación viene incluida y no es algo que encuentres fácilmente en otros lugares. Es una experiencia diseñada para conectar con el entorno, con la isla y con uno mismo.
Además, trabajamos con gente local, con colaboradores que llevan años en Ibiza, y eso también forma parte de la experiencia.

No se trata solo de diseño o de servicio, sino de algo más amplio: una experiencia transformadora. Vienes para conocerte mejor, para soltar, para desconectar, y sales de aquí de otra manera.

Si estás abierto a vivir algo más profundo, este lugar puede ofrecerte mucho más que una habitación bonita o un buen servicio.

—¿Qué papel juega la conexión con el entorno local, la gastronomía y la cultura ibicenca dentro de la experiencia que ofrecen?

—Es fundamental. En gastronomía, por ejemplo, tenemos varias propuestas muy distintas. Dos de ellas están basadas en producto local, y otra es una propuesta japonesa reinterpretada desde el Mediterráneo.

No se trata de importar producto sin sentido. Puedes encontrar un nigiri hecho con pescado local, pero utilizando técnicas o caldos japoneses. Es una forma de respetar el producto de la isla y, al mismo tiempo, enriquecerlo. Y es que la mejor cocina no empieza en la cocina. Empieza en el mar, en el campo y en las personas que trabajan la isla. Porque conocer un destino también es entender su cocina y a las personas que hay detrás de ella.

También tenemos un restaurante junto a la cala, Cuatro Fuegos, donde la parrilla es protagonista y el producto es prácticamente todo local, especialmente pescado. Y más allá de la gastronomía, trabajamos con proveedores de la isla en todo el proyecto: carpintería, construcción, materiales… Todo lo posible se ha hecho con empresas locales.

—La isla vive un intenso debate sobre sostenibilidad y masificación turística. ¿Cómo encaja Nômade en esa reflexión y qué medidas concretas están aplicando?

—Una de las cosas que más me atrajo del proyecto es precisamente su enfoque. No hemos construido un hotel desde cero en un terreno virgen. Hemos reutilizado un edificio existente y lo hemos adaptado. Muchos elementos se han conservado, como los arcos del antiguo hotel, que forman parte de la identidad del lugar.

En cuanto a la masificación, no buscamos ofrecerlo todo dentro del hotel en clave de volumen. Buscamos experiencia.

Aunque el hotel tiene 182 habitaciones, el diseño prioriza el espacio, la sensación de amplitud y la desconexión. Hay mucha distancia entre el mar y la parte superior del complejo. Para nosotros es, en cierto modo, un antídoto contra la masificación. Es un escape. Y la sostenibilidad no es solo medioambiental. También tiene que ver con cómo nos relacionamos con la comunidad, con nuestros vecinos y con el entorno humano.

—El turismo internacional atraviesa un momento de incertidumbre marcado por conflictos geopolíticos, inflación y volatilidad económica. ¿Cómo afrontan este contexto desde el punto de vista comercial?

—De momento, la situación es positiva. Estamos viendo mucha curiosidad por el proyecto y un buen ritmo de reservas. Hay un interés claro en venir a conocer Nômade. Además, estamos en una industria que ha cambiado mucho desde la pandemia. Las reservas son cada vez más de última hora. Puedes tener una previsión del 60 % y en pocos días subir al 70 %.

Es un sector muy dinámico, así que no trabajamos con miedo, sino con flexibilidad.

—Ante esa incertidumbre, ¿trabajarán con políticas de reserva y tarifas más flexibles para adaptarse a los cambios de comportamiento de los viajeros?

—Sí. Hemos lanzado una tarifa de apertura precisamente para dar impulso al proyecto en esta primera fase. Es importante darse a conocer. Estas tarifas son flexibles y se adaptan a la demanda del mercado.

No se trata de llenar el hotel desde el primer día. Abrimos con un número reducido de habitaciones para garantizar que el servicio y la experiencia estén a la altura. Solo tienes una oportunidad para abrir un hotel y causar una buena primera impresión, y queremos cuidarlo al máximo.

—¿Qué mercados internacionales consideran prioritarios para el hotel y cómo están evolucionando las reservas de cara a las próximas temporadas?

—Estamos viendo un mix interesante. América ha vuelto con fuerza, especialmente México y Brasil están creciendo. Reino Unido sigue siendo muy importante, y Europa en general continúa siendo un mercado clave. También hay una redistribución de flujos turísticos a nivel global. Parte del viajero que antes iba a destinos como Dubái ahora está diversificando. Las Baleares siguen siendo muy atractivas porque ofrecen belleza, cercanía y accesibilidad para el viajero europeo.

—¿Han detectado cambios en las expectativas del cliente respecto a hace cinco años? ¿Qué busca hoy el viajero que llega a Ibiza?

—El cambio es enorme. Yo soy británico y durante mucho tiempo Ibiza tenía la imagen de ser solo un destino de fiesta. Pero eso ha cambiado completamente.

Hoy el viajero busca conocer la isla de otra forma. Muchos visitantes conectan tanto con Ibiza que acaban volviendo o incluso viviendo aquí durante años. El componente de comunidad es clave. No queremos ser un espacio cerrado, sino un lugar integrado, donde el huésped también sienta que forma parte del entorno.

Ibiza es probablemente uno de los destinos más conocidos del mundo y, al mismo tiempo, uno de los más desconocidos. Nuestra responsabilidad es ayudar a descubrir esa otra Ibiza, la que muchas veces queda fuera del foco.

—¿Dónde le gustaría ver a Nômade dentro de cinco años y qué legado espera que deje este proyecto en la isla?

—Lo imagino como un organismo vivo. Un espacio en constante evolución, con actividades íntimas, no masivas. Clases para 10 o 12 personas, no para grandes grupos. Un lugar del que la gente hable, donde el marketing principal sea el boca a boca. Dentro de cinco años me gustaría que la gente hablara de Nômade no solo como un hotel, sino como un lugar donde siempre está pasando algo. Si conseguimos que alguien vuelva a casa sintiendo que ha conocido una Ibiza más auténtica, habremos cumplido nuestro propósito.

También queremos ser referentes en servicio. No hablamos de habitaciones sino de personas. Cada huésped tiene una historia y un motivo distinto para estar aquí. No queremos tratar check-ins sino personas con nombre, apellido y contexto. La idea es que cada experiencia sea profundamente personalizada y adaptable.

—¿Qué significa para usted abrir un hotel en Ibiza en este momento y qué sueño le gustaría que los huéspedes se llevaran consigo cuando abandonen Nômade?

—A nivel personal es un reto enorme. Me siento muy agradecido por la confianza, pero también con una gran responsabilidad. Nunca había visto un proyecto así. No es solo abrir un hotel en Ibiza, que ya de por sí es especial, sino formar parte de algo mucho más amplio.

Cada día salgo del hotel y lo recorro porque necesito reconectar con lo que estamos construyendo. Es un proyecto que me inspira muchísimo.

Y sobre lo que se deberían llevar los huéspedes, diría esto: memorias, experiencias y quizá algo más profundo. Que puedan decir: ‘esto me pasó a mí aquí’. Porque cada persona vivirá algo distinto. Ese es el objetivo. No repetir una experiencia, sino generar una única para cada individuo. Y si eso ocurre, entonces habremos hecho bien nuestro trabajo.

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