A las 12:30 horas de este martes, centenares de pasajeros del crucero Costa Esmeralda abandonaron el buque para conocer Ibiza en una escala de algo menos de siete horas. Mientras una treintena optó por viajar a Formentera en ferry y otros subieron a autobuses hacia distintos puntos de la isla, el grueso de los visitantes se dirigió a la emblemática zona de La Marina.
Sin embargo, en este histórico enclave de la ciudad, los comerciantes y restauradores observan con escepticismo a este perfil de viajero. Coinciden en que el crucerista ha cambiado radicalmente y ya no gasta como antaño. Dolores Maretto, propietaria de la tienda de ropa y complementos Pasionaria, señala que apenas compran: «Si acaso, se llevan algún sombrero o un pareo».
Maretto, con seis años de trayectoria en el barrio, distingue claramente entre los meses estivales y septiembre: «En julio y agosto llegan turistas que por 1.200 euros tienen todo incluido en el barco. No son gente de dinero y se nota en que gastan solo en lo muy barato. En septiembre, en cambio, viene otro tipo de crucerista con más nivel». A esto añade una queja logística compartida por el sector: los retrasos en los horarios de desembarque gestionados por la Autoridad Portuaria. «Antes estaban por aquí a las 12:00 y ahora bajan mucho más tarde, con lo que se pierde la mañana», lamenta.
Impacto en la hostelería y los horarios
Enfrente de Pasionaria, las mesas del restaurante Porto Salé lucen vacías a las 13:30 horas. Su camarero, Omar Ramis, corrobora que los nuevos tiempos de bajada del pasaje han perjudicado gravemente al negocio local. «Llegan muy tarde y, como mucho, se toman una cerveza o un café. Antes de la pandemia hacían cola para comer a mediodía», recuerda, apuntando que los únicos locales que salvan la situación son los de souvenirs.
Por su parte, Yeli Veliz, desde Melé Beach en la calle Aníbal, denuncia que a muchos excursionistas «los sacan directamente en autobuses a otros sitios» sin pisar el barrio, rompiendo las previsiones de los comerciantes. En la misma línea, Carina Hoorn (Rituality Shop) destaca que los mejores clientes son los procedentes de navieras como Virgin y nacionalidades como la americana o la alemana, quienes buscan diseño local frente al consumo austero de otros mercados: «He visto parejas entrar a pedir un cuchillo solo para partir una manzana y repartírsela».
Infraestructuras y perspectivas de septiembre
Desde Ibiza Line, su propietaria Patricia Martínez apunta a problemas estructurales más amplios de la ciudad, como «la falta de aparcamiento» y un «transporte público que es un drama», factores que lastran la experiencia y el flujo comercial en el puerto.
Para el presidente de la Pimeef, Alfonso Rojo, las altas temperaturas estivales y la masificación han jugado un papel en la bajada de consumo en terrazas. Rojo recuerda que el sector del crucero «se ha democratizado» y el grueso del gasto se concentra en el billete del propio barco, diferenciando también al turista familiar de verano frente al visitante de septiembre. Pese a todo, las previsiones de la patronal para este noveno mes del año apuntan a «muy buenos resultados», confiando en que el menor volumen de visitantes se vea compensado por un mayor consumo.
Muchos bajan del barco buscando un baño para cagar y mear y así seguir la ruta de las fotos...