Durante unos 2.000 años han permanecido cubiertas de fango a 1.400 metros de profundidad, al sur de Formentera, hasta que hace apenas unas semanas las redes del buque oceanográfico Miguel Oliver las sacaron a la superficie de manera casual, mientras llevaban a cabo una investigación del fondo marino para la Consellería de Pesca. Ahora, las cerca de 26 ánforas romanas y las 17 cajas de cerámica fragmentada recuperadas descansan sumergidas en agua dulce en el almacén del Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera (MAEF), donde han iniciado un lento proceso para adaptarse de nuevo al exterior.
«Han dormido mucho tiempo bajo el agua y ahora, poco a poco, tienen que dejar ese estado y volver a nuestro ambiente», ha resumido este miércoles la directora del MAEF, Hortensia Blanco, durante la visita oficial al descubrimiento, en el que han participado el conseller de Cultura, Jaume Bauzà, y el director general de cultura, Llorenç Perelló.
Blanco ha destacado el volumen del conjunto, su homogeneidad y su buen estado de conservación, pero sobre todo su procedencia: un yacimiento a una profundidad tan poco habitual. Curiosamente, esta profundidad es un factor clave para entender el estado de conservación de las piezas. El hallazgo se produjo durante una campaña de investigación pesquera del Instituto Español de Oceanografía y la Secretaría General de Pesca.
Ánforas para el aceite
Las piezas encontradas son de tipología Dressel destinadas a transportar aceite, las llamadas olearias. «Las ánforas eran los contenedores que servían para llevar los productos en los barcos de un lugar a otro. Entraban en las bodegas y transportaban lo que en aquel momento constituía la base del comercio de la época: vino, aceite o grano», ha señalado. Cada producto tenía su propio tipo de ánfora y, al ser romanas, su antigüedad ronda los 2.000 años.
Su buen estado permite incluso apreciar los sellos estampados y las inscripciones pintadas, marcas que aportan información sobre la procedencia de la mercancía o incluso sobre su propietario. Blanco ha apuntado que ya hay investigadores interesados en estudiarlas. «Muchas veces las piezas son más importantes por la información que nos pueden dar que por su propio valor de musealización», ha subrayado. Esos datos, entre otras factores, permiten reconstruir las rutas comerciales y los intercambios entre las distintas culturas de la Antigüedad, y los recorridos que llevaba a cabo el producto estrella de la época: el aceite.
La conservación
Sobre las razones de su conservación, la directora ha apuntado a las condiciones del fondo marino: menos oxígeno, ausencia de movimiento, poca vida que pudiera adherirse a las piezas y, sobre todo, la capa de fango que las cubría y que ha actuado como protección. «En arqueología, a veces hay cosas que se conservan milagrosamente», ha afirmado.
Precisamente por su origen submarino, las ánforas no pueden secarse de golpe. «Si no mantenemos sus condiciones, se desharían y en poco tiempo habríamos perdido el material», ha advertido Blanco. Por ello permanecen en agua dulce, en un proceso de desalación que se prolongará unos seis meses. Una vez estabilizadas, se secarán poco a poco, se remontarán las piezas fragmentadas que lo permitan y, como último paso, llegará su exposición al público.
Su futuro
Las ánforas son propiedad del Estado, ya que se hallaron en aguas estatales, y el Ministerio de Cultura, junto a la Secretaría General de Pesca, ha autorizado su depósito temporal en el MAEF. La directora considera que tienen muchas posibilidades de quedarse definitivamente en Ibiza. «Nuestra intención es que se investiguen y que lleguen al público. Es nuestra misión y nuestra función», ha afirmado.
El hallazgo se suma a otro reto reciente para el museo: el material orgánico, madera y cuero, recuperado en las obras de la calle Madrid, algo muy novedoso para un equipo acostumbrado a trabajar con cerámica y que exige intervenciones muy delicadas para conservarlo para las generaciones futuras.
El conseller de Turismo, Cultura y Deportes, Jaume Bauzà, ha agradecido a la directora y a los técnicos del museo la rapidez con la que se activaron para acoger el material. «Es muy gratificante venir y ver el trabajo que se está haciendo», ha señalado.