Un polaco que fue detenido por la policía al investigar un robo en un despacho de abogados de Eivissa, en el que el que los ladrones se apoderaron de joyas valoradas en 4.000 euros, ha sido condenado a un año de prisión. En esta misma sentencia se absuelve por falta de pruebas a otro hombre de la misma nacionalidad que compartía habitación con el principal acusado. La policía, tras registrar dicha habitación, recuperó la mayor parte de las alhajas sustraídas.
El sospechoso llegó a negar que hubiera estado alguna vez en dichas oficinas, ubicadas en la calle Cataluña, pese a que dos de los afectados reconocieron que dicha persona había estado al menos dos veces en estas dependencias para tramitar un contrato de arrendamiento. Asimismo, según la sentencia, se considera probado que pidió la ayuda de la un a conocida para vender las joyas en una tienda de la Marina que compra oro.
El robo se perpetró entre los pasados 13 y 14 de marzo después de que se forzara la puerta de entrada debuffette de abogados, así como las cerraduras de los tres despachos profesionales que había en el inmueble.
Cerraduras forzadas
La responsable del juzgado de lo Penal número 2 de Eivissa, la magistrada Martina Rodríguez, considera probado que R.M.M. participó en este robo después de entrar en el despacho de uno de los letrados y apoderarse de una cámara de fotos digital.
Luego, los asaltantes se dirigieron a una oficina contigua y se apoderaron de alhajas de gran valor sentimental tras forzar la cerradura de dos joyeros que encontraron en esta habitación. Seis días después del robo, R.M.M. -según considera la juez como probado- «solicitó la colaboración de una mujer que conoció en la prisión de Eivissa» para poder vender las joyas. Ésta, tras lograr un acuerdo en un conocido establecimiento de la calle Aníbal donde se compran alhajas, obtuvo 550 euros. La policía concluyó el caso nueve días después del robo tras conseguir una orden de registro para entrar en la habitación 104 de una pensión de Eivissa donde el sospechoso se alojaba. Los agentes recuperaron la práctica totalidad de las joyas sustraídas, así como la cámara digital robada de este mismo despacho.
Averiguaciones realizadas en torno al caso permitieron conocer que R.M.E. estuvo el 16 de marzo -tres días antes de pedir el favor a su amiga- en la misma tienda para vender, utilizando su documentación, otras joyas de oro que estaban en su poder.