Patricia Conde ha elegido nuevamente Mallorca como destino para desconectar durante estas vacaciones de Semana Santa. La presentadora y finalista de 'El Desafío' mantiene un vínculo especial con la isla balear, donde suele pasar temporadas de descanso junto a su hijo, fruto de su matrimonio con el empresario mallorquín Carlos Seguí. Una vez más, la zona elegida ha sido el Port de Pollença, en el norte de la isla, un enclave que combina tranquilidad, belleza natural y una amplia oferta de servicios turísticos.
A través de su cuenta de Instagram, Conde ha compartido varias imágenes de su estancia en la bahía de Pollença. «Familia, amigos… Largos paseos bajo el sol… sobremesas divertidas… muchas risas… Recarga finalizada», ha escrito junto a un carrusel de fotografías donde aparece paseando por el paseo marítimo y disfrutando de momentos en compañía. Durante su visita, la presentadora ha visitado el restaurante Voramar 57, situado en el paseo de los pinos o «Pine Walk», a escasos metros de la arena y con vistas privilegiadas de la bahía.
En este establecimiento ha probado tanto pizzas tradicionales como versiones dulces con Nutella, elaboradas con masa fresca y productos italianos. El local, ubicado en el Passeig Vora Mar número 57, destaca por sus pastas de recetas tradicionales italianas y postres caseros. El Port de Pollença constituye el segundo núcleo urbano en importancia del municipio de Pollença. A principios del siglo XX, este enclave era apenas un pequeño conjunto de casas de pescadores. La llegada de los primeros turistas, entre ellos numerosos artistas de reconocido prestigio internacional, provocó una transformación radical de la zona.
Estos visitantes, enamorados del paisaje y la luz mediterránea, contribuyeron a consolidar el Port de Pollença como destino turístico. A lo largo del siglo XX, el crecimiento del Port de Pollença fue progresivo y controlado. En los años 40, la zona experimentó un nuevo impulso con la llegada de militares, aviadores y personal relacionado con la base de hidroaviones. El boom turístico de las décadas de los 60 y 70 supuso la ampliación de la planta hotelera y del casco urbano, pero de forma más respetuosa con el medio ambiente que en otros enclaves turísticos de la isla.
Esta planificación ha permitido que hoy el Port de Pollença sea un lugar tranquilo donde conviven vecinos locales, turistas y mallorquines que pasan los meses estivales. La bahía de Pollença ofrece una extensa franja de playas y paseos que comienza en la zona del paseo de Colón, continúa por toda la primera línea del núcleo del 'Moll' y llega hasta la Albufereta, adentrándose en el vecino municipio de Alcúdia. Este recorrido permite descubrir diversos elementos históricos y arquitectónicos de interés. Las instalaciones portuarias están situadas en lo que se conoce como el Muelle de los Pescadores o Muelle Viejo. Aquí se ubican las oficinas portuarias y la Lonja de los Pescadores, rodeadas de las tradicionales embarcaciones de pesca, los 'llaüts' (embarcaciones de madera de poco tonelaje).
Contrasta con estas instalaciones tradicionales el moderno edificio del Club Náutico Port de Pollença, constituido en 1961 por un grupo de 25 socios presididos por Javier Marichalar (marqués de Ciria). En 1993, SM el Rey le concedió el título de real. La base aérea es una instalación militar que data de 1937, aunque desde los años 20 del siglo pasado la bahía de Pollença era utilizada como base para hidroaviones italianos. Actualmente, la base alberga hidroaviones que se utilizan en la lucha contra incendios forestales, cumpliendo una función fundamental durante los meses de verano.
Un fin de semana perfecto tanto para locales como turistas
El Port de Pollença ofrece todas las ventajas de un destino turístico consolidado sin renunciar a la tranquilidad y el contacto con la naturaleza. Su paseo marítimo, que se extiende a lo largo de varios kilómetros, permite disfrutar de caminatas junto al mar en un entorno protegido por pinos y con vistas espectaculares de la sierra de Tramuntana. La oferta gastronómica del Port de Pollença es amplia y variada, con establecimientos que van desde restaurantes de cocina tradicional mallorquina hasta propuestas internacionales.
Además del paseo y la gastronomía, el Port de Pollença cuenta con una playa familiar de aguas tranquilas, ideal para el baño y los deportes náuticos. La zona dispone de una amplia oferta de alojamientos, desde hoteles boutique hasta apartamentos y villas de lujo, lo que permite adaptar la estancia a diferentes presupuestos y preferencias. Aunque el Port de Pollença experimenta su mayor afluencia turística durante los meses de verano, la primavera y el otoño son estaciones especialmente recomendables para visitar la zona.
El Port de Pollença se encuentra a aproximadamente 60 kilómetros del aeropuerto de Palma de Mallorca. El trayecto en coche tiene una duración de unos 50 minutos por la autopista Ma-13 en dirección a Alcúdia y después por la carretera Ma-2200 hasta Pollença. También existe la opción de utilizar el transporte público, con líneas de autobús que conectan el aeropuerto con la zona, aunque el tiempo de viaje es considerablemente mayor.