La final del Mundial de este domingo 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey ha sido mucho más que un encuentro futbolístico. El partido ha enfrentado a dos países muy cercanos en lengua y cultura pero tan distintos en su posicionamiento político ante conflictos internacionales: España y Argentina. Por un lado, el primero es uno de los países europeos que ha criticado más duramente al gobierno israelí por su actuación en la franja de Gaza, y que incluso ha reconocido a Palestina como un Estado. Del otro lado del océano, el país sudamericano cuanta con la comunidad judía más numerosa de América Latina y con una estrecha relación comercial e histórica con Israel. Además, el actual gobierno de Javier Milei ha expresado un fuerte apoyo político a Benjamín Netanyahu, presidente del país de Oriente Medio. Pero además de esta discrepancia, el encuentro ha dado pie a otra lectura política. En este caso, la polémica la protagoniza el presidente de Estados Unidos Donald Trump y el jugador de la Selección Española Borja Iglesias, quien había manifestado en varias ocasiones su rechazo ante el dirigente norteamericano.
Durante la ceremonia de entrega de medallas tras la victoria de España ante Argentina, el delantero español estrechó la mano a Donald Trump como el resto de sus compañeros. No obstante, el futbolista evitó mirar a la cara al mandatario. El internacional gallego extendió su mano derecha siguiendo el protocolo institucional, pero mantuvo su mirada fija al frente sin establecer contacto visual con Trump. Esta interacción, que apenas duró un instante, contrasta con el saludo que el y otros jugadores mantuvieron con las otras autoridades presentes en el estadio de Nueva Jersey. El gesto del futbolista del Celta de Vigo ha adquirido todavía más relevancia por coincidir con unas declaraciones previas al encuentro del propio jugador sobre el dilema que le suponía este encuentro protocolario. Iglesias había expresado públicamente sus reservas respecto al presidente estadounidense en programas como La Revuelta, hecho que aumentó la expectación por el encuentro.
Las declaraciones de Borja Iglesias
El delantero español ya había anticipado su postura en diversas intervenciones públicas previas a la celebración del Mundial. El futbolista confesó a David Broncano que enfrentarse a este protocolo le generaba un conflicto interno. «Lo que me pide el cuerpo difiere de lo que tendría que hacer», reconoció Iglesias durante la entrevista. Días más tarde, en una conversación con la revista Panenka, el jugador gallego ahondó en sus reflexiones y declaró: «Es algo que he pensado, que me lo he podido incluso imaginar. Espero saludarlo en un momento en el que estemos todos muy contentos y que pase muy rápido y olvidarme».
Tras la celebración en el MetLife Stadium, las reacciones al gesto de Borja Iglesias se sucedieron en redes sociales. Varios representantes políticos elogiaron la coherencia del futbolista y defendieron el derecho de los deportistas a expresar públicamente sus opiniones. A su vez, periodistas, activistas y numerosos aficionados han manifestado que su comportamiento durante la entrega de medallas era coherente con esa trayectoria. Varios mensajes en plataformas digitales subrayaron la valentía de mantener convicciones personales en un contexto de alta presión institucional y mediática. Por otro lado, sectores más conservadores han criticado la actitud del delantero, argumentando que los eventos deportivos no constituyen el espacio adecuado para manifestaciones políticas individuales, y que el protocolo institucional debe respetarse con independencia de las opiniones personales.
El gesto de Borja Iglesias ha vuelto a poner sobre la mesa la dificultad fáctica de separar deporte y política. A lo largo de la historia, numerosos deportistas han utilizado su visibilidad para realizar gestos de protesta o manifestar su apoyo a determinadas causas sociales, políticas o humanitarias. En un contexto en el que el deporte trasciende el ámbito competitivo, estas acciones generan un intenso debate sobre el papel de los deportistas como figuras públicas y sobre los límites entre el compromiso personal y la neutralidad que tradicionalmente se ha atribuido al deporte.
... los dos se han estrechado la mano, lo que les honra... independientemente que por dentro sus ideas sigan siendo fuertes en contra del otro... un presidente que odia todo lo hispano, que odia al estado español por no doblegarse a su prepotencia, belicismo y expansionismo, un genocida cuestionado en su propio país que no sabe nada de fútbol, y un jugador que lo critica porque hace uso de su libertad de opinión, pero que en un acto protocolario no quiere hacer una escena y hacer quedar mal a su país... bravo por Borja...