Rossy de Palma acudió este martes a 'El Hormiguero' para promocionar 'Día de caza', una película dirigida por Pedro Aguilera donde comparte reparto con Carmen Machi, Blanca Portillo y Zoe Arnao. Durante la entrevista con Pablo Motos, la actriz y cantante rememoró sus inicios artísticos en Madrid durante la década de los 80, una época que definió como apasionante pero llena de riesgos. Al recordar esta etapa de su vida, la mallorquina recurrió a una frase de Pedro Almodóvar que definía perfectamente su situación en aquellos años: «Esta chica no sabe dónde va a dormir mañana, pero tiene una agenda».
«Había dejado a todos en Mallorca y Madrid era divertidísima, pero muy peligrosa. Drogas, las carreteras de España... Yo estaba ahí con un cometido, no quería perder el tiempo, no estaba ahí para drogarme», explicó la modelo, que tenía un objetivo claro cuando aterrizó en la capital. La artista explicó que su madre le enviaba pequeñas cantidades de dinero cuando podía, después de pasar «peseta a peseta» por el mercado, lo que le recordaba constantemente la responsabilidad que tenía y la opción de regresar a Mallorca para ayudar con sus hermanos. Una juventud centrada en crecer profesionalmente que hizo que viviese su adolescencia años más tarde: «La viví de los 30 a los 33, que fue salvaje».
Su faceta como actriz
Sobre el rodaje de 'Día de caza', Rossy de Palma reveló que el equipo sufrió las altas temperaturas extremeñas. «Fue en Extremadura en pleno agosto. Pasamos mucho calor. A veces, en el cine, añaden riqueza. Se sienten, se mascan. Queríamos madrugar para no pasar tanto, pero no amanecía cuando queríamos... Y cuando había luz, ya subía la temperatura. No había manera de escapar», relató la artista. Una entrevista en la que confesó que no es una actriz vocacional: «No soy una actriz vocacional, ni he estudiado ni nada. Soy una artista intérprete. Toco muchos palos de muchas cosas, pero no domino nada».
La actriz explicó que su técnica se basa en el vaciado de su propia personalidad para permitir que el personaje «la posea». «Yo no estudio, yo me olvido de mí. Yo hago el vacío y el personaje me posee. Soy muy taoísta. Le presto mi cuerpo y mi voz con textos que en mi vida normal no diría», describió su proceso creativo, hasta el punto de reconocer que es «la primera que me sorprendo del resultado. Me gusta improvisar y no saber. Y otros no lo llevan bien. Yo trabajo así». Por este motivo no se quiere definir como actriz: «Respeto el trabajo del actor porque son estudiosos y metódicos, pero consiguen hacer algo orgánico después de mucha estrategia y premeditación».
La intérprete también aprovechó su visita a 'El Hormiguero' para reflexionar sobre la actitud de algunos artistas que se toman demasiado en serio a sí mismos: «Nosotros no somos el arte, sino el vehículo. Somos los conductores. Por eso creo que la apropiación cultural tiene sus límites. Hay influencias que llegan a muchas personas y si las ejecutas y eres honesto es lo importante».
Un alegato sobre la autoaceptación y las diferencias
Uno de los momentos más emotivos de la entrevista llegó cuando Rossy de Palma habló sobre la aceptación personal y las dificultades que enfrentó debido a su aspecto físico. «Ahora ya no porque hay muchas peculiaridades y no tienen que pasar por lo que pasé yo. Nunca he tenido sentido victimista, al revés, me preguntaba por qué me culpaban de algo que yo no había elegido. Como el color de la piel u otras morfologías...», reflexionó.
Una experiencia que, lejos de hundirla, le sirvió para desarrollar fortaleza psicológica y comprensión humana: «Eso me sirvió para hacerme un escudo, para comprender muchas cosas de la Psicología y del ser humano. '¿Qué les pasa a esta gente?'». Rosa Elena García Echave, conocida artísticamente como Rossy de Palma, nació en Palma en 1964. Se convirtió en uno de los iconos de la Movida madrileña y en musa del director Pedro Almodóvar, quien la descubrió a mediados de los años 80 cuando trabajaba en una tienda de ropa.
Su debut cinematográfico llegó en 1987 con 'La ley del deseo' de Pedro Almodóvar, iniciando una colaboración que continuaría en películas como 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' (1988), 'Átame' (1989), 'Kika' (1993) y 'La flor de mi secreto' (1995). Su aspecto físico singular, inspirado en las obras de Pablo Picasso, la convirtió en un referente estético de la época. A lo largo de su carrera, Rossy de Palma ha trabajado con directores internacionales como Robert Altman, Álex de la Iglesia o Peter Greenaway, consolidándose como una actriz de proyección internacional. También ha desarrollado una carrera como cantante y ha participado en campañas publicitarias para marcas de alta costura, convirtiéndose en embajadora de la belleza no convencional.
Miris on miris, tot són guirisUeeeep, com no es 'gobierno socialista approved' idò direm que es dolent. Típic.