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Fútbol - Tercera división

Un autogol obra el milagro en Sant Rafel

Iván Morales persigue a un jugador rival en una acción del partido de ayer. | Tomás Sánchez

| Eivissa |

SAN RAFAEL: 1

CONSTÀNCIA: 0

El San Rafael se puede dar con un canto en los dientes. Y es que aún no se explican cómo consiguieron ayer los tres puntos en el que fue, sin duda, uno de los peores partidos que ha hecho de la temporada. El conjunto rafeler se impuso por 1-0 a un Constància que se hizo el harakiri con un autogol en la segunda mitad. Eso y la fortuna propiciaron una victoria que permite al cuadro blue colocarse a seis puntos de la zona de play off a falta de cinco jornadas para el final.

El panorama ya pintó mal desde antes del pitido inicial. Juanfran, pichichi del equipo, llegó tarde a la citación y Vicente Román, entrenador de los rafelers, no se cortó un pelo a la hora de dejarle fuera de la convocatoria. Iñigo y Pacheta formaron así la dupla ofensiva en la alineación titular.

Un tempranero disparo de Enzo a las manos del portero parecía significar que los locales iban a ir a por todas, sabedores de la oportunidad que tenían para dar caza al Llosetense en la tabla y reducir distancias con respecto al cuarto clasificado. Sin embargo, no fue más que un espejismo. Los blue desaparecieron del mapa y, encima, vieron cómo los mallorquines acechaban con peligro la meta de Román, impreciso en sus salidas.

Vinicius le comió la tostada cada vez que quiso a Carboneras. La diferencia de velocidad entre uno y otro se podía comprobar desde Dalt Vila. Menos mal que Enric apareció dos veces, en los minutos 8 y 21, para subsanar dos errores que pudieron costar muy caros, pues las tardías salidas de Román tampoco ayudaron en esas acciones.

La única buena ocasión de gol que tuvo el San Rafi se produjo pasada la media hora de juego. Iñigo sirvió el balón desde la derecha a la cabeza de Dani, que cabeceó centrado a las manos del portero.

Tras el descanso sí se movió el marcador. La diosa Fortuna se alió con los pupilos de Vicente Román a los ocho minutos, cuando un centro de Arbeloa lo remató con el pecho Juan al fondo de sus propias mallas al estilo Messi en la final del Mundial de Clubes. El problema es que su intención era pasar la pelota al portero.

El San Rafael vivió de ese gol lo que quedó de partido. Al carecer de ideas en la construcción, demasiado hacía con tratar de evitar encajar algún tanto. A falta de un cuarto de hora para el final, una triple ocasión clamorosa del Constància se saldó con una providencial parada, en primer lugar; un remate al pelo, acto seguido; y un lanzamiento fuera. Ahí tuvieron los mallorquines la oportunidad de rascar algo positivo ante un San Rafael irreconocible que logró su objetivo casi sin intentarlo.

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