El espíritu del antiguo Dakar y 6.200 kilómetros de recorrido en dos semanas. Esa fue la aventura que tuvo por delante Fabio Lottero en la Africa Eco Race. Un viaje en el que tuvo que sufrir y mucho, pero en el que acabó llevándose el trofeo de segundo clasificado en su categoría. El piloto italiano afincado en Ibiza vuelve a disfrutar encima de una moto.
El rally arrancó en Tánger con una larguísima primera etapa de 800 kilómetros que ya dejó claro que no iba a ser para nada fácil. Una tormenta con fuertes vientos y lluvia puso a todos los participantes contra las cuerdas desde el primer día. Más aún cuando las carreteras y los caminos empezaron a empinarse para cruzar el Atlas. En la cordillera, en el primer campamento, las temperaturas eran bajo cero.
El frío y la nieve dieron paso al desierto y sus dunas y a las pistas de piedras. Así fueron varios días hasta la jornada de descanso en la que Lottero apenas pudo disfrutarlo, ya que le tocó poner la moto a punto. Cinco etapas más por Mauritania. Jornadas que el italiano describió como «etapas de verdad». «Etapas dakarianas de 450 y 480 kilómetros cronometrados y unos paisajes espectaculares por cañones y ríos de arena», apuntó.
Fue también cuando pensó que su carrera podía terminar allí. En las dunas de Mauritania. «El electroventilador no arranca y cada tres dunas me tenía que parar para no cargarme la moto. Sobrevivimos y por la noche pudo hacer un pequeño invento con un cable a la batería y un interruptor, que podía encender manualmente al llegar a las dunas los siguientes días», explicó ya desde Ibiza.
Todavía le quedaba otro susto. En Senegal, en el último día cronometrado, mientras volaba por los paisajes de la sabana africana, la moto empezó a petardear y se paró. El inyector se había roto. Afortunadamente contaba con un repuesto que pudo cambiar para llegar a la meta y poder disfrutar del paseo triunfal, sabiendo que era segundo, el último día en Lac Rose.