Ganar o esperar un favor. No hay más caminos para una UD Ibiza que encara el fin de semana con el vértigo del abismo todavía respirándole en la nuca. La salvación está cerca, a apenas un último esfuerzo, pero aún no está asegurada. Cuatro puntos separan al conjunto celeste del Nàstic de Tarragona, primer equipo en descenso, cuando el campeonato ya escucha el eco de sus dos últimas jornadas. Una victoria bastaría para cerrar la herida y apagar definitivamente los fantasmas. Cualquier otro resultado obligaría a mirar de reojo otros campos, a encomendarse a favores ajenos y a vivir pendiente del transistor.
Can Misses dictará sentencia este sábado a las 21.00 horas. Allí acudirá el Cartagena, un rival que pelea por el sueño del playoff de ascenso, precisamente el territorio en el que muchos imaginaban a la Udé al comienzo del curso. Pero el fútbol rara vez atiende a los pronósticos. La temporada ha terminado llevando a los ibicencos a una batalla mucho más áspera: la de sobrevivir.
El Efesé llegará a la isla haciendo cuentas para seguir mirando hacia arriba. La UD Ibiza, en cambio, sólo piensa en una cosa: despedirse de su gente con una victoria que limpie el aire y devuelva la calma a la grada. La derrota en Alicante ante el Hércules dejó heridas, pero también la sensación de que ya no queda margen para seguir cayendo. Es momento de levantarse o resignarse a sufrir hasta el último suspiro.
Porque si los celestes no cumplen con su parte, tocará girar la mirada hacia Tarragona. Allí, a la misma hora y bajo el horario unificado de las jornadas decisivas, el Nàstic recibirá al CE Europa. Una derrota del primero de ellos salvaría automáticamente a los ibicencos.
El peor escenario todavía existe. Si la permanencia no queda sellada este fin de semana, la UD Ibiza podría afrontar la última jornada con incluso sólo un punto de colchón sobre el descenso y varios perseguidores oliendo sangre. El Alcorcón, el Juventud Torremolinos, el Real Murcia y el Tarazona siguen al acecho, además de un Nàstic que se niega a rendirse y que visitará al Hércules en la fecha final.
Y entonces aparecería el CE Europa en el horizonte. Última jornada. Un rival que pelea por asegurar su plaza de playoff. Un estadio caliente. Un partido incómodo para jugarse la vida. No parece precisamente el escenario ideal para sacar las castañas del fuego.
Por eso Miguel Álvarez insiste en evitar cuentas y calculadoras. Porque la mejor noticia para la UD Ibiza sigue siendo la más sencilla: depende de sí misma. Noventa minutos para dejar atrás el miedo, cerrar la puerta al descenso y recordar, aunque sea por una noche, el equipo que soñó con mirar hacia arriba y ahora pelea por no caer al vacío.
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