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Andrzej Wajda, un autor comprometido desde el Este

La Sala de Cultura de «Sa Nostra» de Formentera acoge un ciclo de cinco películas del director polaco

Fotograma de «Cenizas y diamantes» (1958), con la que Wajda obtuvo en Venecia 59 el Premio de la Crítica.

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La Sala de «Sa Nostra» de Formentera acogerá desde mañana día 9 y hasta el 6 de febrero un ciclo sobre el director polaco Andrzej Wajda, en el que se proyectará seis de sus trabajos más representativos: «Kanal», «Cenizas y diamantes», «Todo para vender», «La caza de las moscas» y «Sin anestesias». Todas las películas se proyectarán en versión original, ya que proceden de la Cinemateca Cubana, nada partidaria de los doblajes de las cintas.

Descubierto en 1957 en el Festival de Cannes, donde su segundo film, «Kanal», obtuvo el segundo premio especial del jurado, Wadja fue reconocido internacionalmente gracias al Premio de la Crítica de Venecia 59 por «Cenizas y diamantes», protagonizada por el malogrado Zbigniew Cybulski, el James Dean polaco que murió dramáticamente en 1967 y cuya trayectoria fue el móvil de «Todo para vender». Un personaje que encarna al antihéroe contestatario que tanto abundará en el cine polonés de los 60, caracterizado por la reintepertración de la historia más reciente y la apuesta por un realismo trufado de simbolismo y barroquismo, no exento de polémica.

En la siguiente década, el cine de Andrzej Wadja se inclina por un individualismo feroz y una contestación radical de la política oficialista, con obras que apoyan el auge del sindicato Solidarnosk, de tanta repercusión política en Polonia a principio de los 80; tal fue el caso de «El hombre de mármol» y «El hombre de hierro». Su último trabajo personal, antes de entrar en la fórmula de coproducción internacional (errática y sin personalidad definida), fue «Sin anestesia». Rodada en 1978, la película es una implacable, ácida y comprometida radiografía de la corrupción mediática, el arribismo político y la traición de la ideologías.

Como ha escrito el crítico Ramon Freixas, «a partir de entonces, un Wadja problemático en su país y fuera de tiempo y de juego, es un cineasta errático y desnortado sumido en el desconcierto».

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