Era uno de los momentos más esperados de estas Festes de la Terra para los aficionados a la música y las impresiones registradas tras el primer concierto de Manel en Eivissa mostraban una clara división del público. El cuarteto catalán subió al escenario del Parque Reina Sofía para presentar su álbum 10 milles per veure una bona armadura, con el que han conseguido alzarse a lo más alto de las ventas discográficas en España gracias a una revisión de la herencia de la Cançó (Sisa, por ejemplo) cargada de una particular y elaborada poética y aderezada con una sencillez musical sin sobresaltos. Un contrapunto extremo tras las actuaciones de 4 de copes y Quin delibat en el mismo escenario minutos antes.
Así, las primeras notas de El Miquel i l'Olga tornen marcaron las pauta de un concierto reposado, puede que no del gusto de quienes esperaban algo más de fiesta, pero que mostró claramente el universo creado por Guillem Gisbert (voz, guitarra y ukelele), Martí Maymó (bajo y clarinete), Roger Padilla (guitarra) y Arnau Vallvé (batería), que en directo se reinventa un poco más al prescindir de los abundantes arreglos de viento que hay en sus grabaciones, acercándose a un folk-pop que daban otras dimensión a algunos de los temas, como Aniversari o Boomerang.
Repertorio
Durante la hora y media de concierto, Manel fue desgranando un repertorio que incluyó piezas de 10 milles, como La bola de cristall, El gran salt, La cançó del soldadet, Criticarem les noves modes de pentinats o Flor groga, alternadas con composiciones de su primer disco, Els millors profesors europeus, entre las que se pudieron escuchar Pla quinquennal, Ai Dolors (cantada por Roger Padilla), Captatio benevolentiae, Dona estrangera o su versión de Common People (Gent normal) de Pulp.
Pero sus historias no se limitaron a las canciones, porque Guillem bromeó al asegurar que los coros de Martí y Arnau en Aniversari eran «como mirar una pecera, son sedantes; hace poco estuve observándolos durante 37 minutos». O cuando, en En la que el Bernat se't troba, aseguró que le encantaría hacer una conga con el público para llegar hasta una playa y bañarse en plena noche. Aunque no lo dejó ahí, y recordó que Roger ya había estado en Eivissa con diez años de edad, que en el aeropuerto se cruzó con Alejandro Sanz y le pidió un autógrafo. O que Arnau, el batería, a los seis años se escapó de sus padres para ir a Pachá, pero no le dejaron entrar. «No todo lo que explico es verdad», reconoció.
Muy cerca de las dos de la madrugada, el grupo salió para ofrecer un segundo bis, Deixa-la, Toni, deixa-la, una especie de habanera que le dio la oportunidad de convertir en coro al público, mientras les explicaba la historia de Toni, el pescador protagonista, en un puerto de América del Norte rodeado de balleneros mientras desde tres grandes barcos le entonaban una canción. Y allí estaba el respetable en el Reina Sofía, imitando a los balleneros bajo la dirección de Guillem («no sois un tío con flotador, sois balleneros», les insistía pidiendo más potencia vocal) mientras Manel se despedía cerrando su estreno en Eivissa, y alguna chica de entre el público seguía abogando por formar la conga al grito de «el agua está a diez minutos».
Els comentaris de Julio Herranz em pareixen del tot desafortunats, tant cap a l'organització, els músics, tècnics de so,...( Algú va fer alguna cosa bé, Sr Herranz?) A més pels comentaris que fa es nota que no entén gaire de música. Un 10 pels tres grups i un 0 per al Sr. Herranz que després de tants anys a Eivissa reconeix que la nostra llengua encara li suposa un "handicap".