El I Congreso contra la Violencia, organizado por la Federació de Futbol de les Illes Balears (FFIB), aglutinó ayer en la mayor de las Baleares a todas las esferas del deporte en unas jornadas muy interesantes de debate y coloquio que desembocaron en un denominador común:tolerancia cero contra esta lacra social. Desgraciadamente, el evento arrancó con los ecos todavía recientes de la impactante noticia avanzada sobre el padre que le dio una paliza a un menor en un partido de fútbol en el municipio de Lloseta. La víctima recibió una serie de golpes en la cabeza y tuvo que ser ingresado con pronóstico reservado. Un hecho lamentable que tiene que hacer recapacitar a la sociedad. En el caso de Ibiza, también se han producido episodios violentos. En este sentido, el último caso fue a finales de marzo en un choque entre el Ibiza Insular Islas Pitiusas y la Peña Deportiva, donde tuvo que intervenir la Policía Local porque los padres y madres llegaron a las manos en ese partido de cadetes.
Jordi Horrach, pionero
El presidente de la FFIB, el gran impulsor del Congreso, abandera este proyecto contra los violentos. Horrach reunió a un cartel de lujo para intentar encontrar soluciones a este problema y avanzar hacia una sociedad lo más justa posible. Árbitros, entrenadores, jugadores, autoridades y jueces deben remar hacia la misma dirección porque el organismo federativo debe tener un respaldo jurídico para imponer las sanciones ejemplarizantes que tengan un impacto en la sociedad. A través de una serie de campañas, el presidente de la FFIBestá trabajando para acotar los casos de violencia al mínimo. El Govern, asimismo, cunde con el ejemplo y también ha puesto todas las facilidades para imponer sanciones históricas por su dureza. Desde la RFEFno son ajenos a este paso por delante que está dando Balearse y ya están copiando su modelo y sus iniciativas para trasladarlo a nivel nacional.
La seguridad es lo primero
Una instalación deportiva debe ser un centro de reunión, de diversión y no convertirse en un foco de insultos y de frustraciones. Es por ello que el I Congreso contra la Violencia en el Deporte debe servir para aunar esfuerzos y para sumar en pos de la seguridad. Que el insulto no se vea como algo ordinario que «va en el sueldo». Porque, como subraya Jordi Horrach, no basta con condenar. Hay que actuar con la máxima dureza posible para que hechos como los sucedidos en Lloseta no vuelvan a ocurrir.