La creación de la Asociación para la Defensa del Agua (ADA) llega en un momento decisivo para Ibiza. Durante años, la isla ha vivido pendiente del cielo, de las restricciones y de unos acuíferos sometidos a una presión cada vez mayor. Por eso, la propuesta de reservar el agua subterránea para el sector primario y apostar por las desaladoras para abastecer al sector turístico no solo es razonable, sino necesaria.
Ibiza no puede permitirse seguir consumiendo sus reservas naturales como si fueran infinitas. Los acuíferos son un patrimonio estratégico y deben protegerse. De ellos depende buena parte de la actividad agrícola, un sector que no solo tiene valor económico, sino también ambiental, paisajístico y cultural. Mantener vivo el campo ibicenco significa preservar parte de la identidad de la isla y garantizar un equilibrio territorial que el turismo, por sí solo, no puede ofrecer.
Las desaladoras.
En cambio, el sector turístico dispone desde hace años de una alternativa clara: las tres desaladoras. Son infraestructuras costosas, sí, pero precisamente fueron construidas para aliviar la presión sobre los recursos naturales y abastecer a una población creciente. De hecho, ya está en marcha el proyecto para una cuarta potabilizadora. También hay ayudado las decisiones adoptadas por las autoridades para reducir el uso de agua de pozos durante el invierno y reservar recursos para los meses de máxima afluencia turística. Puede parecer contradictorio ahorrar cuando las reservas mejoran, pero la experiencia demuestra que la gestión del agua debe hacerse con visión de futuro.
Pensar en el futuro.
Es cierto que el último invierno ha sido especialmente lluvioso y que los acuíferos han tenido un respiro después de años muy difíciles. Pero sería un error interpretar esta mejoría como el final del problema. Ibiza seguirá enfrentándose a ciclos de sequía cada vez más frecuentes e intensos debido al cambio climático y al aumento constante de la demanda hídrica. La isla necesita consolidar una auténtica cultura del ahorro y la responsabilidad en el consumo. El agua no puede seguir tratándose como un recurso ilimitado, especialmente en un territorio insular y frágil como Ibiza. Proteger hoy los acuíferos significa garantizar mañana la sostenibilidad económica, ambiental y social de la isla.