Transcurrido ya un tiempo prudencial desde la presentación del plan de estudios y del proyecto de viabilidad económica para el Castillo de Eivissa y con la campaña arqueológica en marcha y a toda vela parece haber llegado el momento para recapacitar sobre todo ello.
Las directrices establecidas por los técnicos, con la aprobación del equipo de gobierno del Consell Insular, son lo bastante sólidas como para garantizar que el recinto situado en Dalt Vila saldrá adelante. Pero no hay que engañarse. Sigue siendo un 'trámite' patrimonial que tardará años en finalizarse. Arquitectos, economistas y arqueólogos tienen muy claras las directrices a las que atenerse, por lo que tan sólo resta saber si los políticos son igualmente conscientes de ello. Lógicamente, el Castillo es un pastel muy apetecible a la hora de hincarle el diente y rentabilizar el mordisco soñando con votos futuros, pero esta no es la cuestión más importante. De hecho, no debería ni tenerse en cuenta. Aunque, haciendo una paráfrasis deportiva, «política es política».
El espectáculo que se da, políticamente hablando, no es como para aplaudir. La actitud paternalista del PP con su intento de llevar la iniciativa en la carrera que se ha planteado para ver quién visita primero a la ministra Pilar del Castillo para tratar el tema del recinto deriva, además, en un planteamiento aún más grave: si Pilar Costa y Francesc Antich tienen solicitada una audiencia desde hace bastante tiempo, ¿no supondría el que se recibiera antes a la delegación popular una clara discriminación basada en tendencias y afinidades políticas?
La historia del Castillo de Eivissa parece navegar decidida hacia el futuro pese a que en su travesía, desgraciadamente, algún torpedo intentará detenerla.