Aunque los últimos acontecimientos sociales que han vivido Eivissa y Formentera no parecen aconsejarlo, un discurso institucional en la diada pitiusa, símbolo de identidad y autoestima, tiene la obligación de ser más ambicioso de lo que lo fue ayer. El presidente Palau se limitó a hacer un repaso somero a los cambios inminentes que afectarán a la institución para solventar el compromiso de realizar el manifiesto institucional del año. Es verdad que Promoción Turística es probablemente la más importante de las áreas políticas que debe recibir el Consell y que variar las políticas de Juventud puede acabar por provocar una mejora significativa de este sector poblacional, tan limitado por cuestiones geográficas, pero con tantos temas controvertidos faltó un toque de audacia que permitiera saltar el paréntesis en el que los conflictos sociales y la propia época del año en la que estamos nos han sumergido. No hubo mensajes esperanzadores y manos tendidas hacia un entendimiento sincero, ni por su parte ni por las declaraciones posteriores de la portavoz de la oposición, por lo que no parece arriesgado decir que el acercamiento entre el gobierno insular y sus opositores (políticos o sociales) continúa siendo imposible.
Por otro lado, el Consell realizó ayer un reconocimiento muy significativo en la fecha más especial de su calendario. Las siete distinciones para siete personalidades que han aportado importantes puntos de apoyo a la sociedad pusieron un buen colofón a un acto institucional muy correcto y efectivo. Es el empuje de personas como las que ayer fueron distinguidas entre un público multitudinario que llenó la sede del Consell el que permite alimentar la esperanza de una vida en común saludable y pacífica. Las Pitiüses de hoy proceden de una conquista bélica. Eran otros tiempos: hoy existen otras armas para cambiar el futuro.