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Opinión

Paga extra

Diferentes billetes de euro. | Imagen de martaposemuckel en Pixabay

| Ibiza |

Esta semana hemos vivido uno de los momentos más felices del año, cuando cobramos la paga extra. Desde hace unos años, muchos fachas se encargan de recordarnos que eso de la paga extra es una invención española que debemos al Generalísimo, que era así de generoso. La triste realidad es que el dictador estableció las pagas extras –para conmemorar el Alzamiento y en Navidad– en plena posguerra para endulzar ligeramente la devaluación de salarios que los españoles sufrieron tras la contienda. Desde aquel momento empezó a ensancharse la brecha económica, cultural y social que todavía nos separa de Europa.

Pero no fue un gesto de generosidad, sino la típica maniobra de un Estado paternalista que considera que sus súbditos son idiotas y no se puede confiar en ellos. Son un rebaño, hay que dirigirlo y decirle en todo momento qué puede o debe hacer. La idea que subyace en la decisión de dividir el salario de un obrero en catorce pagas en vez de doce es la siguiente: en verano querrás irte de vacaciones, disfrutar de algunas actividades extraordinarias con tu familia, pero como eres tonto y no sabes administrarte (o te fumas-bebes-juegas tu sueldo), mejor te administro yo y así estamos seguros de que tendrás algo de dinero extra antes de las vacaciones. En Navidades, lo mismo, es hora de hacer regalos y celebrar comilonas. Hay que gastar más y ¿qué españolito de a pie es lo suficientemente inteligente, prudente y previsor como para guardar dinero para ese momento? ¡Mejor lo hacemos desde la cúspide del autoritarismo, que ellos no saben! Muchos creen que la paga extra es un regalo, un chollo, un triunfo obrero, pero de eso, nada. Solo es parte de tu sueldo, que ellos administran porque creen que tú no eres capaz.

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