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Opinión

Lo del rincón ‘privado’

| Formentera |

Hay dos cosas que nos molestan en exceso a los que somos y vivimos en la isla de Formentera, o al menos, a mí, no puedo hablar por todos y todas. La primera es la gente que te mira con cierto desprecio y te dice «estás muy blanca para ser de isla».... Es una frase que escuchamos una media de cincuenta veces durante la temporada, al menos yo, que por lo que sea, tengo la piel blanquecina y además, como conozco los efectos dañinos de una excesiva exposición solar, intento protegerme. La segunda cosa que nos enfada es aquellas personas que vienen por primera vez a la isla a lo mejor a pasar sólo un par de días y ya la definen como «mi isla». Últimamente, esto ocurre mucho con influencers y demás especies Instagrameables. MI ISLA. Aquí nos surge, perdón, me surge, un sentimiento de propiedad privada (no identificada) por el cual nos ofendemos con facilidad y pensamos: ¡qué va a ser tu isla, qué sabrás tú!

Porque los que vivimos aquí sí la sentimos como «nuestra». El sentimiento de propiedad es inherente al ser humano; necesitamos saber que algo es nuestro y sentirlo como propio. Cosas del capitalismo dirán algunos, cosas de la biología dirán otros. Yo no digo nada. Si Fraga decía aquello de «la calle es mía», nosotros, los de Formentera «de verdad» (no se me enfaden, que lo digo con ironía), sentimos que la isla es nuestra y que en sus 83 kilómetros cuadrados tiene un punto cardinal ESPECÍFICO, que nos pertenece todavía un poco más: nuestro «rincón privado».

Me explico. No conozco a nadie o a casi nadie, ya sabéis que mis estadísticas son tan fiables como la IA, que no sienta que hay un lugar en la isla, generalmente vinculado al mar o desde el cual se puede ver o acceder a él que nos pertenece en propiedad. Temas legales aparte, por supuesto. Cada una de las personas que habitan aquí tienen un lugar favorito, un refugio al que escapar para pensar, leer, darse el primer beso o simplemente estar en soledad.

Durante la temporada de verano, años atrás, esos lugares «recónditos» solían seguir solitarios y era fácil, relativamente, acceder a ellos y alejarte del ruido ensordecedor del agosto. A día de hoy, cada vez resulta un trabajo más costoso mantener ese sitio «en secreto» y nos enfadamos mucho cuando al llegar a él vemos que ha sido colonizado por otras personas.

Pero todavía quedan sitios solitarios, alejados y aislados en los que disfrutar de este paraíso al que yo llamo hogar. Hay una pregunta recurrente de la gente que viene de visita: ¿No hay ningún sitio más tranquilo, dónde no haya tantos turistas? José Luis…¿Acaso tú no eres un turista también? Pues limítate a las zonas conocidas, que las secretas no las voy a revelar, así me maten.

Sabemos que vivimos del turismo,    yo al menos lo sé y no reniego de ello ni me meto en el saco de «tourist go home» más que nada, porque yo también soy turista cuando me desplazo a un lugar que no es el mío. Esto es algo que parece que se nos olvida y a lo que, humildemente, pienso que debemos darle una vuelta. Otra cosa es cómo nos comportemos al llegar a ese lugar, pero eso dice más de la condición humana por sí misma que de la condición de turista o visitante o cómo lo quieran ustedes denominar.

Pero volviendo a mi rincón, de mi isla. Ese no se toca. Y respondiendo a la pregunta de marras: obviamente hay lugares solitarios, tranquilos y maravillosos donde poder desconectar cuando la isla se llena de turistas que vienen a visitarlos. Pero hay un pacto no escrito entre Formentera de no contarlo. A no ser claro, que quieras impresionar a esa persona (por los motivos que sean, posiblemente, amoríos), entonces bueno, vale, aceptamos y abrimos la veda. Se lo puedes enseñar. Pero que guarde el secreto y que no suba una storie poniendo «Mi isla». Por favor y gracias.

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