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Opinión

Planteamiento absurdo e irracional

| Ibiza |

Resulta francamente absurdo, o más bien ridículo, desde un punto de vista social, económico y turístico, el planteamiento de presente y de futuro que sobre la viabilidad del actual modelo de nuestra principal industria el turismo, se hace por parte de quienes lo gestionan. De este modelo económico directamente vinculado a la explotación turística, depende la totalidad de la actividad económica que se desarrolla en las Pitiusas.

Es más que evidente la clara contradicción que tanto desde las administraciones públicas, como desde el propio sector de las empresas turísticas, se viene exponiendo. La diferencia entre lo que se proclama y se anuncia para nuestro futuro y lo que realmente se viene haciendo día a día, es francamente abismal. La realidad es que es evidente la falta de coordinación existente entre los numerosos sectores que conviven en el amplísimo concepto de «industria turística». Todos y cada uno de ellos vienen actuando como departamentos estancos, afrontando de forma individualizada los problemas que van surgiendo y sin que realmente exista un planteamiento global de qué modelo de industria turística se quiere y cuál es la ruta que cada uno debe seguir para acabar convergiendo en el punto marcado como objetivo global.

No parece que acabe de entenderse el significado de saturación turística, o eso de que para mantener unos óptimos resultados lo deseable sea buscarlos a partir del concepto de calidad y no del de cantidad. Como principios generales, ambas cosas son correctas, ahora bien viendo nuestra situación actual, no parece que el camino elegido sea el deseable. La palabra «calidad» parece haber quedado reducida a un solo significado y ese no es otro que «lujo» y, desde mi modesto punto de vista, calidad significa mucho más que el simple concepto de lujo.

Disfrutar realmente de unas vacaciones inolvidables, no puede estar únicamente ligado a la ostentación y el despilfarro como pilares fundamentales. Es un grave error pretender transformar todos los hoteles de estas islas en establecimientos de cinco estrellas o incluso superiores. No deberíamos aspirar tan solo a ser la competencia directa de Montecarlo, ya que nuestra industria turística da para mucho más que eso y, nuestros territorios en ningún caso son comparables.

Nuestras islas no pueden convertirse en lugares prohibidos para las familias de clase media que tradicionalmente nos habian visto como un destino deseable y ahora solo nos ven como un destino inalcanzable. Pero es que además, hay que resaltar la ceguera de todo aquel que ni siquiera es    capaz de darse cuenta que nos están transformando más que en Montecarlo, en un nuevo Rio de Janeiro. Nuestros hoteles de lujo, nuestros clubs de altísimo standing, nuestros carísimos restaurantes, nuestras playas expropiadas a los residentes y turistas de un nivel económico normal por exclusivos beach clubs, todos ellos se están viendo rodeados por las dramáticas imágenes    de los asentamientos ilegales, donde malviven muchísimos de los trabajadores que son los empleados de todos los establecimientos antes citados. Ahora ya somos como la ciudad brasileña, lujo y favelas allí, lujo y asentamientos ilegales aquí.

Que algunas cosas cambien no es malo, pero que todo este maremoto que arrasa con todo en estas nuestras islas y que solo persigue cuantos más beneficios mejor, sin importar como se consigan, esté arrinconando nuestras tradiciones, nuestro modo de vida y nuestra propia idiosincrasia, tengo muy claro que en ningún caso es de interés para el colectivo de residentes de las Pitiusas.

La ceguera política es escandalosa y tendrá nefastas consecuencias de futuro. Cada vez son más numerosos los empresarios que solo tienen interés en nuestras islas como puntos para engrosar sus ingresos; no contemplan nuestro territorio como un lugar donde residen y quieren seguir viviendo igual que lo han hecho toda la vida, miles y miles de personas. La población censada en Eivissa, ya supera los 160.000 habitantes y una gran mayoría de ellos está muy lejos de ser multimillonario y da la sensación, de que para la mayoría de quienes gestionan y dirigen tanto las administraciones públicas, como las empresas privadas, no tienen en cuenta a toda esa población residente.

Cuando se habla de que hay cuestiones que van mejorando, como pueda ser el sector de la construcción, incluyendo la mejora en los trámites administrativos, lo que no se cuenta es que la construcción que aumenta es el de las grandes mansiones de lujo, mayoritariamente en manos de ciudadanos extranjeros y que básicamente se utilizan para hacer negocio y nada más. La posibilidad de acceder a una vivienda digna para un ciudadano de la calle, sigue siendo prácticamente nula. Las supuestas medidas que se han ido aprobando para solventar esta escasez no han servido de nada. Y con todo ello nadie se pone las pilas    con la clara voluntad de buscar un planteamiento realista y efectivo que garantice la subsistencia de las islas y de la sociedad que en las mismas vivimos y queremos seguir viviendo.

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