La presidenta del Govern balear, Marga Prohens, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se verán mañana las caras en Marivent. Un encuentro protocolario ya que el socialista se desplaza a Mallorca para mantener el tradicional despacho de verano con el Rey. Se supone que la presidenta balear aprovechará la reunión con Sánchez para trasladarle su malestar y el de los consells insulars por la política migratoria que está llevando a cabo y que ha desembocado en la llegada masiva de inmigrantes desde las costas argelinas. Una oleada de pateras en las que muy a menudo también viajan a bordo niños que las autoridades insulares se encargan de tutelar hasta que cumplen la mayoría de edad. Prohens, entiendo, intentará explicar que la atención a estos menores está poniendo en jaque la viabilidad económica de instituciones como el Consell de Formentera y, en menor medida, el de Eivissa, incapaces de atender a estos niños en las condiciones que se merecen con los medios con los que cuentan. Las nulas relaciones diplomáticas con Argelia desde que el Gobierno de Sánchez cambió de opinión en relación al conflicto con el Sáhara, ha provocado la consolidación de la ruta migratoria entre Argelia, país históricamente enfrentado a Marruecos, y las Illes Balears. Entiendo también que Sánchez aguantará el chaparrón de la presidenta Prohens, asentirá con la cabeza y cambiará de tema o dará por terminada la reunión. En su cabeza deben rondarle cuestiones que considera más importantes que la crisis migratoria de este archipiélago del que tanto se aprovecha el Estado para recaudar impuestos y tan poco para ofrecer servicios de calidad a unos ciudadanos que nos sentimos de segunda en este país.
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