Dos años después de su llegada al Senado, Juanjo Ferrer sigue sin enterarse de cómo funciona el tablero político en España. Con motivo del ecuador de la legislatura, asegura haber luchado por una «vivienda digna» y presume de haber presentado no sé cuántas enmiendas y propuestas. Pero la realidad es terca: su balance político es la nada, la irrelevancia, la nulidad. Es lo que sucede cuando uno sube a la tribuna a hablar de su libro. Ferrer obvia que es la izquierda la que gobierna España. Que su jefe de filas, Pedro Sánchez, es el presidente del Gobierno. Y que, a pesar de ello, no han movido ni un dedo para resolver el drama de la vivienda en Ibiza y Formentera. ¿Dónde están las inversiones prometidas? ¿Dónde está el plan específico para las Pitiusas? ¿Dónde está la acción efectiva del Gobierno central? En ninguna parte. Ferrer vive en la ficción de que todo se decide en una especie de limbo ajeno a él. Pero si no le hacen caso ni en su propio partido, si no tiene capacidad para influir en los presupuestos ni para conseguir un mísero compromiso concreto, la pregunta es obvia: ¿para qué sirve su escaño? Yo se lo diré: para promocionarle y ser el próximo candidato del PSOE a la alcaldía de Sant Antoni. El senador de las Pitiusas ha caído en la irrelevancia más absoluta. Si en dos años no ha logrado nada tangible, quizás debería preguntarse si el problema no está en los demás, sino en él mismo. Los ciudadanos no necesitan cronistas de sus miserias, sino representantes que resuelvan problemas. Ferrer, por desgracia, parece más lo primero que lo segundo. Es la ineptitud y la demagogia personalizada. No sirve de nada, pero culpa a los demás. Los ciudadanos de las Pitiusas no son tan tontos como él piensa. ¿Qué tal si se pone a trabajar y deja de quejarse de que el PP no le hace caso? ¿Acaso se lo hacen PSOE y Sumar?
Opinión
Juanjo Ferrer es un paño de lágrimas
Juanjo Ferrer, senador pitiuso, durante una intervención | Foto: Senado
Joan Miquel Perpinyà | Ibiza |