Tener un déjà vu, viene a significar tener la sensación de que uno está viviendo en el momento actual, algo ya vivido anteriormente. Y esa misma sensación es la que año tras año ha de venir sintiendo cualquier ciudadano al leer el 9 de agosto, las noticias de lo ocurrido el día anterior, es decir el 8 de agosto.
Un 8 de agosto de 1235 tuvo lugar la conquista de Eivissa por parte de tropas cristianas, quienes comandadas por Guillem de Montgrí tomaron la isla que había estado ocupada durante más de 300 años por los musulmanes. Cada año ese día se celebra esa entrada de las fuerzas catalanas en el recinto amurallado de nuestra ciudad, recordando y conmemorando la historia y la nueva identidad insular que nos marcaría desde entonces.
La celebración como tal viene muy marcada por un espíritu fundamentalmente reivindicativo de nuestras señas de identidad insulares. Desde el punto de vista político, el acto que suele destacarse cada año, es el discurso institucional que tiene lugar despues del homenaje al antes mencionado Guillem de Montgrí, por parte del Presidente del Consell Insular. Como he dicho, suele tratarse de un discurso reivindicativo de nuestra identidad insular y acostumbra a ser exigente en sus reclamaciones a las instancias administrativas y políticas que están por encima de la insular, es decir Govern Balear y Gobierno del Estado.
Esa es la pura teoría, ya que la realidad viene siendo muy distinta, sobre todo desde hace algunos años. Cuando se da la circunstancia de que el ejecutivo insular y el autonómico son de distinto color político, el citado discurso suele ser mucho más duro y exigente con las instancias superiores, que cuando el color político en ambas instituciones es el mismo; también viene ocurriendo lo mismo con el Gobierno Estatal. Cuando ocurre esto último y hay coincidencia de tendencia política, las reivindicaciones se suelen hacer con la boca pequeña, para no molestar a los mandamases del propio partido.
El discurso de este año se enmarca precisamente en ese punto, con lo que se ha pasado de reclamar a Mallorca reivindicaciones históricas que siguen aparcadas en los cajones del Govern Balear, a reclamarnos a nosotros mismos como únicos responsables de la solución de diversos y graves problemas a los que nos enfrentamos como isla. Alucinante, o más bien demagogia pura. Se ensalza la necesidad de afrontar los problemas desde la generosidad y la voluntad de grandes acuerdos, cuando son precisamente esas dos cosas las que en la calle más se echan a faltar. Afirma el presidente insular que la isla está inmersa en un proceso de transformación, cuando lo que debería decir es que está inmersa en un proceso de autodestrucción que no se sabe atacar con la debida contundencia y eficacia. Efectivamente buena parte de los problemas parten de una nefasta tolerancia política hace demasiados años, pero de la misma no son solo responsables las fuerzas políticas insulares, la responsabilidad es compartida con los políticos autonómicos desde Mallorca. Siendo así, el Govern Balear está obligado a involucrarse de lleno en la resolución, por más que se empeñen en mirar hacia otro lado y esperar que desde Eivissa se resuelva todo y además, sin los medios económicos, normativos y políticos necesarios para ello.
Hace años que ya se ha optado por lo más simple; por hacer un listado de los problemas más graves que afronta la isla y poco o nada más. Ya sabemos que los retos pasan por la movilidad, la sobreexplotación turística, la gestión del agua, el intrusismo generalizado y por supuesto y sobre todo la vivienda. Pero de todo ello casi nada se reclama a Mallorca para que colabore decididamente en su solución y muy pocas son las propuestas que se proponen desde la isla para avanzar en la misma. El transporte público terrestre pasa por una concesión caducada desde 2018 y que a día de hoy sigue en el aire y con nuestras carreteras saturadas a pesar de la nueva ley de regulación de entrada de vehículos, la contención en la explotación turística solo es una supuesta aspiración de futuro y nada efectivo se hace, del agua se habla como de un bien escaso pero ya nada se dice del traspaso de la competencia para su gestión insular, del intrusismo solo se tiene en cuenta el taxi pirata y el alquiler turístico ilegal y sin la contundencia necesaria, mientras se sigue avalando el fraude de alquilar legalmente a turistas las viviendas residenciales y por último, se sigue dejando en manos de un nefasto libre mercado el presente y futuro de la vivienda.
La tradición ha cambiado totalmente, se aparcan las reivindicaciones y se pasa a una absurda autoexigencia sin más. Nos sentimos como el personaje de la película «Atrapado en el tiempo», que despertaba cada día en la celebración del día de la marmota. Aquí el discurso institucional ya se ha desprendido de cualquier atisbo reivindicativo, ha pasado a ser condescendiente con los compañeros que mandan en Mallorca y exigente con nosotros mismos, a pesar de que tengamos las manos atadas para actuar en muchas cosas.
El 8 de agosto ya no se es crítico y exigente con los superiores y todo sigue igual, cada año el mismo discurso y los problemas se multiplican.