La innovación llega a Ibiza con sensores en la playa de Ses Salines que detectan los teléfonos móviles para medir la ocupación. Cuando creías que tu presencia en la playa era anónima, resulta que tu teléfono proporciona a la Administración un dato que sirve para «proteger el entorno natural». Como anillar un flamenco o ponerle un collar con GPS a un oso pardo. Todo muy ecológico, muy 5G, muy moderno, al estilo «te controlamos sin que te enteres». No debería limitarse la invasión en ningún campo, que es por nuestro bien. Pensemos en los conductores que escriben wasap al volante, hablan por teléfono mientras circulan a 120 km/h. Un sensor y ¡zas!: frenazo en seco. Como aquellos que proponían que antes de arrancar el vehículo, el conductor debería autosometerse a una prueba de alcoholemia que le haría su propio vehículo, que en caso de dar positivo, quedaría bloqueado y sin posibilidad de ponerse en marcha. Era una medida ciertamente invasora, pero para tu propio bien. Aplaudan, focas. Si los sensores pueden controlar playas y coches, ¿por qué no hacerlo extensivo a bares, oficinas o al propio salón de casa? Así sabremos cuántas personas hay, qué hacen y si cumplen las normas sociales básicas. Servirá para detectar pisos patera o mejor aún, asentamientos ilegales en suelo rústico. Un dato más del «Big Brother» balear. Bienvenidos a la Ibiza del futuro: playas vacías gracias a sensores que registran hasta tu sombra, coches que se paran solos y vigilancia omnipresente que convierte tu vida en un reality show. La eficiencia y la seguridad triunfan sobre la libertad, mientras tú sonríes resignado porque es por tu propio bien, como las prohibiciones de fumar en las terrazas. Estamos esperando que se prohíba tomar el sol, porque los melanomas están en auge. Los sensores y la Inteligencia Artificial son la solución a nuestros problemas. Como Huawei.
Opinión
Sensores en las playas
Playa de ses Salines | Foto: CAIB
Joan Miquel Perpinyà | Ibiza |