El entrenador de la UD Ibiza, Miguel Álvarez, decía el viernes en la rueda de prensa previa al partido contra el Eldense que el club debía escoger un camino y sentar unas bases porque, de lo contrario, sería un club a la deriva. Una frase incluida dentro de una respuesta mucho más amplia al ser preguntado por los continuos tropiezos del conjunto celeste a la hora de armar sus proyectos. Ya se sabe eso de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.
Miguel Álvarez podrá gustar más o menos como entrenador. Su idea y su propuesta futbolística podrán convencer o no, pero con esa frase deja claro que algo de fútbol sí sabe. En la corta trayectoria del club ha habido demasiados bandazos. La UD Ibiza está celebrando su décimo aniversario y lo hace con 18 cambios de entrenador. Lo hace también con cinco directores deportivos. Son números de, como decía Miguel Álvarez, ir claramente a la deriva.
Quizás sea el momento de sentarse y asumir que esta temporada ya está perdida, pero que aún se pueden establecer unas bases para el futuro. No digo que tengan que ser con Miguel Álvarez, cuyos números en Ibiza no se sostienen, pero sí que es necesario decidir qué quiere ser este equipo. Estaría bien apostar por un estilo definido y continuista en el tiempo. Pasar de Carcedo a Jémez o de Javier Baraja a Anquela es como pasar del día a la noche.
Toca sentarse y pensar a qué quiere jugar este equipo. Que los entrenadores que vayan pasando por Can Misses respondan a un perfil concreto. El que sea, pero uno solo. Y que, en función de ese estilo, se construyan también las plantillas. Es mucho más sencillo fichar cuando sabes a qué quieres jugar. Comprar una moto para que la conduzca Fernando Alonso o un coche para Marc Márquez no parecen, desde luego, las opciones más sensatas.