Ibiza es seguramente uno de los lugares de España donde el problema de la vivienda tiene peor solución y más damnificados genera. Nos gusta culpar a unos y a otros pero nadie asume la responsabilidad. Yo tengo claro que nuestra burbuja comenzó con el Pacte Progressista y su dichosa moratoria urbanística de la legislatura de 1999-2003. Como que ya todo el mundo sabe de mi antipatía por los personajes políticos que protagonizaron aquel nefasto periodo, no voy a volver a nombrarlos. Pero sí querría hoy referirme a sus satélites mediáticos, sin los que no hubieran podido hacer aquella barbaridad.
Satélites que cobraron a precio de oro campañas y más campañas infames contra lo que genéricamente llamaban «especuladores» dando voz solo a quienes, supuestamente, defendían nuestra isla y nuestra sociedad. Tiene guasa la cosa porque algunos de los que firmaban esas noticias eran dichosos herederos de importantes fortunas hechas a golpe de especulación urbanística. Y algunos de los que denunciaban con tanta intensidad vendían y venden directamente el cemento que tanto querían erradicar.
Esos mismos medios hoy se rasgan las vestiduras ante el drama de los asentamientos. Y exigen soluciones para el problema de la vivienda. No recuerdan que ese problema comenzó cuando ellos hicieron bandera de las ideas de identidad, lugar de nacimiento y lengua y las mezclaron con el urbanismo y la especulación.
Son los que critican el turismo atraído por el ocio nocturno sin renegar de la millonada que ingresan cada temporada gracias a ese mismo ocio nocturno. Por no hablar de ese que llenó páginas y páginas contra el golf y hoy no solo patrocina un torneo de este deporte sino que cada año pide más campos. Sin vergüenza. La hipocresía puede durar años pero no es para siempre. Afortunadamente, la sociedad isleña está cambiando a pasos agigantados. Y cada vez pintan menos quienes se creen con derecho a repartir carnés de buen ibicenco. El proceso es lento pero imparable.
Propio de Revelles de tirar la piedra y esconder la mano