Síguenos F Y T I T R
Hoy es noticiaEs noticia:
Tribuna

Valhalla

| Ibiza |

Desde 2013 hasta 2020 se emitió, en seis temporadas y con un total de 89 episodios, una de las mejores series de la historia tras la inigualable Juego de Tronos. Vikingos, creada por Michael Hirst, narra las peripecias del héroe y guerrero nórdico Ragnar Lodbrok junto a Lagertha y sus hijos Björn piel de hierro, Ivar sin huesos, Sigur ojo de serpiente y Ubbe, combinando acción, mitología y crueldad a raudales. Recuerden que, en su último capítulo, Björn consigue escapar con vida de la trampa que le tiende Harald, el nuevo rey de Noruega, gracias a la aparición de un personaje proscrito y pelirrojo que coincide plenamente en su descripción con Erik Thovaldsson, apodado el Rojo por su color de pelo, mítico explorador al que se le atribuye el descubrimiento de Groenlandia allá por el año 985. Precisamente sus hijos, Leif Erikson, apodado el groenlandés, y Freydís Eríksdóttir, protagonizan la secuela de la serie original, titulada Vikingos: Valhalla, atribuyéndose al primero el mérito de haber descubierto América medio siglo antes que Cristóbal Colón.

Desde que Erik el Rojo fundara en Greenland el primer asentamiento vikingo, el territorio ha permanecido vinculado, de una u otra manera, a los reinos escandinavos, reconociéndolo definitivamente la Constitución de Dinamarca de 1953 como parte integrante del suyo. No fue hasta años más tarde que alcanzó la condición de territorio autónomo, encontrándose en la actualidad en vías de obtener la plena independencia tras serle transferidas todas las competencias para su autogobierno, a excepción de las de asuntos exteriores y defensa, que permanecen en manos danesas. Y es en este largo camino cuando Groenlandia, a la que cantaba el grupo español Zombies en su tema homónimo, ha vuelto a la escena geopolítica mundial de la mano de Donald Trump y de su decidida e irracional voluntad, por las buenas o por las malas, de apalancarse la conocida irónicamente como tierra verde, lo mismo que ya pretendieran los yanquis con Robert Peary en un órdago que fue contrarrestado por las peligrosas expediciones Danmark y Alabama de la película Perdidos en el Ártico.

Si fuera por las buenas, que sería de lo malo lo mejor, se podría cerrar el antojito con una compraventa billonaria que ya quisiera firmar cualquier notario patrio, pues se baraja un precio en la nada desdeñable cantidad de 700.000 millones de dólares que, si bien pudiera parecer una animalada, supone que le salga a peseta el metro cuadrado dada su vasta extensión. Más caro les iba a resultar si se les antojara comprar Ibiza o Formentera teniendo en cuenta a cómo va el metro cuadrado por aquí. Y no piensen que esto de comprar territorios es una idea de bombero, sino algo que ya sucedió entre los mismos implicados. Recuerden que tras la Primera Guerra Mundial se alcanzó un acuerdo por el que EEUU reconocía la soberanía danesa sobre Groenlandia a cambio de que Dinamarca le vendiera las Islas Vírgenes por unos 57 millones de dólares, lo que no ha impedido que los de Washington hayan intentado en distintos momentos históricos adjudicársela sin acordarse de Santa Rita. Tampoco olviden que la mitad del territorio de Norteamérica es el resultado de diversas transacciones económicas, porque ya compraron Luisiana a Francia, Florida a España o Alaska a Rusia, sin olvidar California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México y algunas partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma, que fueron adquiridas a México por decirlo de forma suave. Ya ven que, visto lo visto, más bien estamos ante la nación de los billetes y monedas.

Eso sí, de concretarse la venta, algo más que viciada al encontrarse condicionada por la amenaza velada de invasión por las bravas, la pregunta sería si le van a pedir opinión a los 56.000 ciudadanos groenlandeses en clara muestra de la expresión anglosajona de «it takes two to tango», pues parece que éstos no están muy por la labor de cambiar de acera. Tampoco estaría de más preguntarse a qué bolsillo iría a parar semejante pastizal, porque si se la reparten los nacionales de la isla ártica tocarían, se dice pronto, a varios millones de dólares por cabeza. Por el contrario, la cosa empezaría a pintar bastante fea si la anexión se produjera por las malas, pues no parece que nadie tenga la más mínima intención de oponer resistencia armada a una superpotencia de este calibre. Ni Dinamarca ni ninguno del resto de estados miembro de la Unión Europea, mucho menos de la OTAN, pudiendo suponer una invasión americana el punto y final a la fructífera Alianza Atlántica. Pero no cabe descartar esta opción cuando quien está a los mandos es un presidente que está llevando «la teoría del loco» a niveles superiores a los de Richard Nixon en los 70. Y es que ya decía Ragnar que «El poder es siempre peligroso, atrae a los peores y corrompe a los mejores». Eso sí, en ese caso la pregunta sería ¿y quién será el siguiente? Porque a este paso, como en la canción de Zombies, puede ser tanto la selva de Borneo como los cráteres de Marte o los anillos de Saturno.

Ya ven que se está quedando un panorama mundial de lo más inquietante. Que si Rusia invade Ucrania, que si Israel con Palestina, que si Irán reprime las revueltas, que si la insurgencia en el Sahel, que si lo de Maduro y Venezuela, que si Siria, que si Yemen, que si Sudán, que si Etiopía, que si Myanmar, que si Afganistán y que si la República Democrática del Congo. Y ahora, por si éramos pocos, resulta que los norteamericanos quieren añadir una nueva estrella a su bandera con un típico trick or treat anglosajón o con un castizo susto o muerto de toda la vida del Señor. Pues nada, que si no se frena inmediatamente esta deriva la cosa tiene toda la pinta de que pronto las Valquirias nos guiarán al Valhalla para brindar con Odín por el Ragnarök. ¡Skal!

Sin comentarios

No hay ningún comentario por el momento.

Lo más visto