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El 1 de abril comienza la mayor transformación del transporte público en Ibiza

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Ibiza inicia el 1 de abril una nueva etapa en su transporte público. No es solo una renovación de flota ni la firma de un contrato más. Es una decisión estratégica sobre cómo queremos gobernar la movilidad en una isla limitada, tensionada en temporada alta y con una economía que depende de que los flujos funcionen con orden.

Durante demasiado tiempo, el debate sobre movilidad y turismo ha estado atrapado entre dos extremos: quienes niegan los problemas y quienes proponen el decrecimiento como única respuesta. Nosotros hemos optado por un tercer camino: gestionar el impacto con datos, planificación e inversión.

El nuevo contrato de transporte regular por carretera moviliza más de 200 millones de euros a diez años y supone una transformación profunda del servicio. Casi 100 vehículos nuevos —64 de ellos 100 % eléctricos y el resto con tecnologías de alta eficiencia y bajas emisiones— situarán a Ibiza entre las operaciones con mayor proporción de flota sostenible del país. Pero la cifra más relevante no es solo esa.

Lo verdaderamente importante es que el servicio aumentará en torno a un 50 % los kilómetros cubiertos, ampliará frecuencias y reforzará la conexión entre núcleos urbanos, aeropuerto, puerto y zonas estratégicas. Más oferta real para que residentes y trabajadores puedan dejar el coche en casa.

La movilidad no se resuelve con consignas. Se resuelve con capacidad, con planificación y con ejecución.

La nueva red integra el entorno metropolitano de Vila y el resto de la isla bajo un modelo coherente: 17 líneas urbanas 100 % eléctricas y 44 líneas interurbanas que vertebran el territorio. Millones de kilómetros adicionales y millones de desplazamientos mejor organizados.

Y no hablamos solo de cantidad, sino de calidad. Geolocalización en tiempo real, pago con tarjeta en todos los autobuses, WiFi, información dinámica, vehículos plenamente accesibles, sistemas avanzados de seguridad, cámaras digitales, desfibriladores y mantenimiento adaptado a la carga eléctrica inteligente. Esto no es cosmética. Es profesionalización del servicio.

Este paso encaja en una estrategia más amplia. Limitar donde hay saturación y ofrecer alternativas donde hay demanda. La regulación de vehículos permitió reducir en más de 32.000 la entrada de coches de fuera en la pasada temporada alta, ordenando los picos sin afectar a residentes. La lucha contra el transporte ilegal ha reforzado el sector reglado. Y la eliminación de miles de plazas turísticas ilegales redujo la presión humana diaria en plena temporada alta sin frenar la actividad económica.

Gestionar flujos no es negar la realidad. Es asumirla.

Este contrato no ha sido sencillo. Se inició en 2019. Ha exigido redefinir planes heredados, aprobar un nuevo marco de líneas, responder a más de 150 alegaciones, superar recursos ante el tribunal administrativo y atravesar una burocracia que ha consumido siete años. Conviene preguntarse si nuestras leyes están pensadas para facilitar soluciones o para bloquearlas. Si modernizar un servicio esencial requiere casi una década, algo debemos revisar.

A pesar de ello, el resultado es un modelo más sólido, más moderno y alineado con los estándares europeos de sostenibilidad y gobernanza. Ibiza no puede permitirse un transporte obsoleto. Pero tampoco puede permitirse el colapso.

En una isla con 160.000 residentes y millones de visitantes cada año, la movilidad es calidad de vida. Menos congestión significa menos estrés, menos retrasos, menos emisiones y más seguridad. Significa que un residente pueda moverse entre municipios sin depender exclusivamente del coche. Significa que el turismo conviva con la vida cotidiana en lugar de invadirla.

Este es el fondo del cambio: pasar del debate ideológico al terreno de la gestión.

Frente al ruido, planificación.
Frente al lamento, ejecución.
Frente al decrecimiento como consigna, gobernanza basada en datos.

Ibiza no combate el turismo. Lo gestiona. No improvisa la movilidad. La planifica. No niega los flujos. Los ordena.

El nuevo servicio de autobús no es el final del camino. Es una pieza más de una estrategia global que combina regulación, inspección, digitalización, sostenibilidad y colaboración institucional.

Gobernar una isla es entender sus límites y convertirlos en criterio de planificación. La movilidad es uno de esos límites. Y hoy podemos afirmar que Ibiza ha decidido afrontarlo con ambición, inversión y responsabilidad.

Porque gestionar no es lamentarse.
Es decidir.
Y ejecutar.

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