La vicesecretaria general del PSIB, Rosario Sánchez, compareció en la Delegación del Gobierno en Palma para explicar el paquete de medidas anticrisis aprobadas por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, ninguna de las cuales atañe específicamente a su área de responsabilidad como secretaria de Estado de Turismo. Su impostado protagonismo no responde a una competencia administrativa, sino a una estrategia política evidente para su proyección pública como candidata socialista a presidir el Govern en las elecciones de mayo del año próximo. Con gran desparpajo, Rosario Sánchez vino a confirmar la denuncia hecha por el PP días antes, cuando censuró que la número dos del PSIB participa cada tres días en un acto de partido en Baleares, descuidando su labor gubernamental en el Ministerio de Industria y Turismo. Incluso el coordinador de Més per Mallorca, Lluís Apesteguia, lo criticó en la red social X, aunque lo circunscribió a un asunto de formas. Cuando hasta tu socio frunce el ceño, es que algo chirría, aunque no quieras verlo. El PSIB, lejos de disimular, ha optado por acelerar. Todo apunta a que Sánchez será la candidata.
Una apuesta que, además, arrastra antecedentes poco favorables tras su paso por Palma, donde tras salir derrotada ante Jaime Martínez fue recolocada como delegada del Gobierno como paso previo a su salto a Madrid. Ahora su jefa, Francina Armengol, la manda a ella a hacer campaña electoral. «Para perder, que se ponga Rosario», debe pensar la presidenta del Congreso, a quien nadie recuperando el Consolat de Mar. Pues Rosario mucho menos, añado yo. La política del PSOE se limita a amortiguar golpes, ya ni evitarlos. Si las medidas anticrisis son importantes —y lo son— merecen algo más que servir de telón de fondo para la promoción electoral de la futura candidata, a quien la Secretaría de Estado de Turismo ya le importa un comino.