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VOX crece, el HODIO Morado fenece

| Ibiza |

Torrente Presidente retrata, desde el más ácido sentido común, las miserias de una sociedad que sonríe mirándose al espejo, reconociendo su historia.
1920. El PSOE es invitado a la III Internacional (Komintern). Una de sus mentes más preclaras, Fernando de los Ríos, viaja a Moscú para conocer la realidad bolchevique y las 21 propuestas de Lenin. Durante su entrevista en el Kremlin, De los Ríos preguntó cómo gestionaban las libertades:
«¿Libertades, para qué?».
La dictadura del proletariado soviética liquidó pluralismo, prensa y democracia: «libertades burguesas incompatibles con el socialismo», sostenía Lenin.
Profundamente decepcionado, De los Ríos redactó un informe demoledor, clave para que el PSOE rechazase mayoritariamente acudir al Congreso de 1921, manteniendo sus principios de libertad y democracia. Una minoría se escindió y fundó el PCE.

Durante la II República, la corriente socialdemócrata de Julián Besteiro y De los Ríos fue apartada por Largo Caballero. El «Lenin español» pedía la dictadura del proletariado y la guerra civil declarada. Tras varios pucherazos y golpes de Estado, se le adelantaron unos militares.

«Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla». Quizás por eso imponen leyes de memoria distópica, ocultando pasados golpistas, jamás demócratas.

La derrota del corrupto gobierno de Zapatero dejó la segunda quiebra económica en democracia y reabrió las heridas de la guerra civil que Sánchez explota.

A diferencia de Besteiro y De los Ríos, las tesis marxistas-leninistas que Felipe González (hoy depurado) enterró en Suresnes, defendidas por Largo Caballero, las reivindica Sánchez —«actuó como queremos actuar»—. Nadie sabe si por convencimiento, tacticismo político o por absorber a Podemos, extinguido en 11 de las 17 autonomías.

El ilusionismo morado instalado en el Consejo de Ministros resultó otro refrito marxista-leninista nada original (Podemos existía en Venezuela).

Ni regeneró instituciones ni libertades democráticas aún en pie, a pesar del desgaste en el Constitucional o la Fiscalía, la policía o la cleptómana Agencia Tributaria, que blanquea delitos si David es tu hermano, pervirtiendo la igualdad ante la ley.

La primera iniciativa política morada, «Rodea el Congreso», asaltó Madrid con violentos «Antifa», destruyendo la paz civil e integridad policial, aplaudida y amnistiada.

El golpe de Estado del prófugo Puigdemont lo superó: 500 policías heridos en Barcelona, ciudad donde un «Antifa» dejó tetrapléjico a un guardia de seguridad, asesinando a otro hombre por vestir unos tirantes. «Licencia para matar» a oponentes políticos, previamente deshumanizados como «fascistas», y ellos, Robin Hood.

Es la izquierda woke que asesina a Charlie Kirk por debatir libremente, o Ada Colau financiando un documental blanqueador del asesino de los tirantes: «ese demócrata perseguido». La distopía hecha realidad. Mola.

Lo aclara Pablo Iglesias:

«Hay palabras que tienen una carga valorativa positiva y otra negativa. La palabra democracia mola; por lo tanto, hay que disputarla al enemigo. La palabra dictadura no mola, aunque sea dictadura del proletariado; no hay manera de vender la dictadura del proletariado, máxima expresión de democracia […]».

La reconciliada España del siglo XXI vive con libertades de información, opinión y redes sociales (tras 40 años totalitarios), sin enemigos, rechazando los mantras de Caballero que recuperó Iglesias y aplaude Sánchez: «¿Libertad para qué?».

Y frente a la libertad de opinión, ruido y propaganda, persiguiendo supuestos delitos de conciencia por opinar en libertad, mientras perdonan crímenes capitales (ETA-ERES).

Reinventan la «Ley en defensa de la República», que cerró 100 periódicos en cuatro años, titulada «HODIO» (a opinar y criticar libremente). Regularán tus sentimientos y sexualidad, de amor o asco.

«De la lucha de clases a la lucha de sexos» morada, normalizando disparates como mujeres promoviendo sodomizar a sus hombres hacia la igualdad sexual (Beatriz Gimeno, directora del Instituto para la Mujer con Irene Montero).

Gracias a las libertades que aún resisten, los españoles —tratados como niños— conocen estas realidades y ríen con Torrente.

Iglesias afirmó que la política implica cabalgar contradicciones. La libertad de información y opinión lo demuestran:

—Del piso obrero de Vallecas a la «dacha de Galapagar», financiada por el banco podemita, chófer, chacha y servicio doméstico, tras muros de 3 m y 12 cámaras de seguridad, por si algún lumpen okupa (de clase social más baja, decía Iglesias) intenta expropiar su mesa de mezclas o su piscina burguesa.

—De líder de Podemos a vicepresidente del Gobierno, competencias COVID sin responsabilidad y 140.000 muertos «ahorrando» pensiones. La culpa de Ayuso y su novio.

—De libertad de movimiento a dos confinamientos ilegales, pero tras el #8M: «no me arruines la manifestación». «Charos» antes que la salud femenina.

—Del «hermana, yo sí te creo» a la bragueta de Errejón, mientras el macho alfa «retiene» meses el móvil de una «amiga» con fotos íntimas.

—De cajera del supermercado a ministra de «Igual-Da», liberando violadores. Los abusos de sus líderes y las tiranías islámicas, un fake de ultraderecha. ¿Machista quién?

Ponerse morado a contradicciones woke pasó factura no solo en las urnas. El políticamente incorrecto «Torrente Presidente de NOX» bate récords en taquilla y, a pelo, desnudando los subvencionados premios Goya, esperpéntico sainete de Valle-Inclán.

«Tu HODIO, mi sonrisa» hacia el ostracismo político por censor y trilero, desde el sentido común, el humor y la verdad histórica de una sociedad libre, informada y reconciliada hace 50 años, gracias a una prosperidad perdida, aún recuperable sin leninistas morados.
Trabajando sí se puede. Sonríe con NOX.

1 comentario

Ruttiger Ruttiger | Hace una hora

Bueno, pues tras usar los términos Charo y woke Pepelu confirma lo que ya se sabía, que es un cuñado de manual que se cree superior moralmente al resto. Para odio, el que destila en cada palabra este “señor”.

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