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Opinión

Ya están aquí

| Ibiza |

El 15 de septiembre de 1982, todavía con la resaca mundialista de nuestro siempre entrañable Naranjito, se estrenaba en España Poltergeist, una película norteamericana de terror, ciencia ficción y suspense que constituye una obra maestra a la que siguieron dos secuelas y hasta un renovado remake en 2015. Se trata de un clásico y atemporal thriller nominado a tres premios Oscar, dirigido por Tobe Hooper y producido por el afamado Steven Spielberg, cuya trama se centra en los extraños fenómenos que afectan a una familia formada por un feliz matrimonio y sus tres pequeños retoños tras mudarse a la californiana y aparentemente idílica urbanización de Cuesta Verde. Esta tranquila comunidad, que por cosas de la vida se encontraba construida sobre un antiguo cementerio del que se retiraron las lápidas, pero no las tumbas, es objeto de toda una serie de espeluznantes manifestaciones paranormales que se ceban con esta tradicional familia americana hasta el punto de tener que huir de ella. Si recuerdan, todo comienza con un televisor retransmitiendo en estático tras el cierre de emisión de la programación, que sirve de hilo comunicador entre ambos mundos, y con la ya famosa intervención de Carol Anne, la pequeña de la familia, en la que, tras mirar la pantalla de la tele y girarse lentamente hacia la cámara, suelta con cierto retintín aquel intrigante y estremecedor «ya están aquí».

También los residentes isleños, cada año por estas mismas fechas y coincidiendo con los famosos openings discotequeros que dan oficialmente inicio a nuestro particular viacrucis, solemos recurrir a esta mítica frase del séptimo arte para describir los efectos de la invasión que sufrimos y de la transformación que va a experimentar nuestra aletargada forma de vida invernal. Y es que todo el ir y venir de este variopinto personal trae consigo la llegada de unos ya tradicionales fenómenos que se repiten sistemáticamente cada temporada a modo de Poltergeist de manual, hechos que no se ajustan a la normalidad física o racional, que son producidos por la energía perceptible que emiten estos peculiares visitantes y que van desde ruidos inexplicables a movimientos inverosímiles de objetos inanimados pasando por graves ataques físicos. Es cierto que estos acontecimientos llevan ocurriendo desde siempre y que no guardan relación alguna con el origen, cultura, formación o idiosincrasia de estos particulares fantasmas. Pero ahora, en plena era tecnológica, la cosa es más notoria al quedar registrados como escalofriantes cacofonías mediante imágenes, videos y audios que se propagan como la peste entre nuestros dispositivos móviles y que son plasmadas en la entretenida prensa local de esta calurosa época.

«la cosa ha empezado bastante fuerte, porque en las semanas transcurridas del mes de abril hemos podido ver los primeros taxis piratas haciendo el agosto en el aeropuerto, los primeros sofás que se alquilan a la nada desdeñable cantidad de 500 euritos mensuales, el primer coche varado en la arena de la playa, el llamativo primer incendio de una embarcación de lujo en el puerto de Ibiza y hasta el primer desalojo de un nuevo asentamiento chabolista»

La verdad es que la cosa ha empezado bastante fuerte, porque en las semanas transcurridas del mes de abril hemos podido ver los primeros taxis piratas haciendo el agosto en el aeropuerto, los primeros sofás que se alquilan a la nada desdeñable cantidad de 500 euritos mensuales, el primer coche varado en la arena de la playa, el llamativo primer incendio de una embarcación de lujo en el puerto de Ibiza y hasta el primer desalojo de un nuevo asentamiento chabolista. También el arrendamiento nada económico de una modesta furgoneta aparcada en un parking disuasorio, el ya clásico sablazo por una cuenta desorbitada de un garito chulo con vistas al mar, el típico incendio en ses Feixes y, como no, el siempre recurrente cierre de una playa al baño por un vertido detectado en la zona. El sexo en la playa, barco o balcón está al caer… ¡alegría pal cuerpo!

Pero, tranquilos, que todavía nos falta presenciar los primeros casos del mítico balconing, el barco embarrancado en una seca, el Ferrari accidentado en mitad de un campo de algarrobos o de las Salinas, el de las boyas de Porroig dando la murga, las siempre mortíferas consecuencias de las nuevas drogas, el sarao clandestino organizado en cualquier playa, mirador o reserva natural, las sanciones a establecimientos por su alta contaminación acústica, el caos en el mirador de Es Vedrá para ver la famosa puesta de sol, los primeros propietarios de Rolex víctimas de la banda homónima, la villa del famosete o futbolista desplumada por peligrosos delincuentes, las colchonetas navegando por las calles inundadas a las primeras cuatro gotas que caigan, algún que otro monte ardiendo por enésima vez, el conductor que atropella a algún viandante y se da a la fuga con positivo en todo, el excursionista rescatado de cualquier cueva o zona escarpada, el ladrón cazado con una caterva de móviles robados intentando sacarlos de la isla, el clásico coche que cae al agua en el puerto, el pequeño tiroteo entre malotes por un quítame allá esas pajas, algún que otro ahogado que no ha hecho caso a la bandera roja o que se cree Michael Phelps y, como no, los varios vuelos low cost cuyos alcoholizados pasajes la lían pardísima en el trayecto a Ibiza.

Ya ven que cuando los espíritus se sienten en casa es difícil que se vayan, porque a estas alturas estaremos de acuerdo en que cuando lleguen los closings, allá por el mes de octubre, habrán tenido lugar todos estos hitos, sin olvidar aquellos otros grandes clásicos que llegaron para quedarse, como el del inquilino que no paga la renta y realquila las habitaciones, los vehículos que utilizan el aparcamiento del hospital como si fuera el garaje de su casa, la incesante llegada de pateras de inmigrantes a nuestras costas, la aparición de cuerpos flotando en alguna cala, la plaga de enormes serpientes y, como no, que el precio de la vivienda continúe subiendo y batiendo todos los registros alcanzando máximos históricos. Tengan cuidado durante los próximos meses, y si observan o sufren alguno de estos fenómenos paranormales no se detengan. Hagan lo mismo que le dijo la madre a la pequeña de la familia para tratar de salvarla de las garras de los espíritus malignos de la película… «corre hace hacia la luz Carol Anne, corre lo más rápido que puedas».

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