El 17 de mayo de 2025, un vuelo de Ryanair que volaba de Londres a Ibiza, tuvo que aterrizar en Toulouse debido al comportamiento de dos pasajeros conflictivos, seguramente beodos. Por ello, un tribunal francés les ha condenado a 10 meses de prisión y a pagar entre los dos 10.000 euros de multa. Sinceramente, poco me parece, si tenemos en cuenta los perjuicios que ocasionaron a los 184 pasajeros del avión, a la tripulación y a la propia aerolínea. Teniendo en cuenta la habitualidad de este tipo de episodios, con viajeros que ya embarcan embriagados y que durante el viaje siguen cociéndose como si no hubiese un mañana, las sanciones deberían ser mayores, así como la prohibición de volar.
No puede salir tan barato fastidiar las vacaciones a tanta gente. Los comportamientos abusivos y violentos a bordo de aviones que deben aterrizar en algún aeropuerto intermedio para desalojar a borrachuzos descontrolados, están a la orden del día. Y la única forma de acabar con esta insana costumbre es hacer que la gamberrada les salga por un ojo de la cara. Si dos iluminados deciden convertir el viaje de otras personas en una pesadilla, lo cual acaba suponiendo gastos adicionales para la compañía y también para el resto del pasaje, hay que hacérselo pagar caro. 10.000 mil euros puede parecer una cantidad importante de dinero, pero bien pensado, movilizar un aeropuerto, alterar slots, gestionar combustible extra, asistencia en tierra, retrasos encadenados y compensaciones posteriores, hace que el coste real multiplique esa cifra. Por no hablar de la tensión y los nervios, algo que no cuenta. Lástima que un avión no sea como un autobús, donde se puede bajar al maleducado en la siguiente parada, porque parece que salga barato desviar un vuelo entero y perturbar la tranquilidad de 180 personas. Si hubiera que repartir esos 10.000 euros entre el pasaje, sale a 54 euros. Calderilla.