Ibiza vive desde hace años instalada en una gigantesca ficción colectiva. La isla vende lujo, exclusividad y excelencia mientras, por debajo de esa postal idílica, se sostiene una realidad tercermundista imposible de ocultar. La noticia de la detención de un instalador de gas «fake» tras la brutal explosión de Can Cantó, con cuatro heridos graves y dos personas todavía ingresadas en la unidad de quemados de La Fe de Valencia, no debería sorprender a nadie. En Ibiza casi todo es fake. Falsos currículums, falsos contratos de trabajo, falsos contratos de alquiler, falsas empresas. Lo normal aquí es el fraude, la picaresca, la falsa apariencia… ¿Qué se puede esperar de una isla incapaz de alojar dignamente a quienes la hacen funcionar? ¿De verdad alguien esperaba que todas las instalaciones de gas las realizaran profesionales perfectamente titulados y habilitados? La Policía afirma que la explosión se produjo por una manipulación deficiente de la instalación de gas llevada a cabo por alguien que no estaba autorizado para ello. Pero el verdadero escándalo es que Ibiza lleva años expulsando a sus propios profesionales porque ya no pueden vivir aquí. Fontaneros, electricistas, albañiles, camareros, policías, sanitarios, profesores o mecánicos. Todos tienen el mismo problema: encontrar una vivienda se ha convertido en una misión imposible. Así que la isla ha terminado funcionando a base de apaños, de chapuzas, de personal poco o nada cualificado. Y así se ha normalizado lo que en cualquier otro lugar sería impensable. En Ibiza se tira de lo que haya. Da igual si el albañil de una obra tiene papeles o no, o si cuenta con titulación. Lo importante es sacar adelante la temporada, abrir el negocio, terminar la reforma o alquilar el apartamento cuanto antes. El resto son detalles menores. Luego ocurren accidentes como el de Can Cantó y nos echamos las manos a la cabeza.
Opinión
Falsos instaladores de gas
Joan Miquel Perpinyà | Ibiza |