Cada vez que se tercia, las administraciones en general nos pegan la turra del reciclaje. Vaya por delante que no cuestiono la necesidad de llevarlo a cabo. Pero me extraña que, después de tantos años insistiendo en ello, aún sea necesario seguir dedicando dinero a concienciar a los ciudadanos. Algo se debe estar haciendo mal. O tal vez no.
El reciclaje deberíamos ya llevarlo incorporado de serie. Y estoy casi segura de que la mayoría de gente lo tiene claro. ¿Cuál es el problema? En un lugar como Ibiza, me temo que tiene más que ver con la falta de espacio que con otra cosa. Porque ¿cuánto espacio necesitas en la cocina para colocar cuatro cubos de basura diferentes? ¿Cuántos pisos tienen en Ibiza cocinas lo suficientemente grandes como para tener los dichosos cuatro cubos?
Muchas veces, este tipo de objetivos vienen ideados por países en los que se vive de forma diferente a la nuestra. Las casas y los pisos están ya pensados para esa mentalidad. Pero creo que aquí no sucede lo mismo. Lo normal es tener el cubo de la basura debajo del fregadero. Te faltan otros tres por ubicar. O quitas el arenero del gato y el cubo de la fregona o no reciclas como toca. La arena la puedes poner en el balconcito y el cubo en el baño. Si tienes la suerte de tener un baño grande y en el que no desentone.
También puedes tener todo repartido en bolsas que van moviéndose por la cocina en función de las necesidades. La del plástico en una silla, la del orgánico en la encimera, la del papel debajo del fregadero y la del vidrio en donde caiga, según sople el viento ese día. Al final, en lugar de una casa tienes una planta doméstica de tratamiento de residuos que estresa más que otra cosa.
Ya sabemos por qué los contenedores son de colores. Lo que no nos terminan de explicar es cómo coño los metemos en nuestras cocinas.