El sol sale y se pone cada día, pero nunca lo miramos con los mismos ojos. Nuestras circunstancias vitales, nuestros pensamientos y nuestras creencias van variando con el paso del tiempo y lo que hoy te puede parecer correcto, bueno y bello, mañana podría ser todo lo contrario y generarte un profundo rechazo. Somos humanos, cambiamos de rumbo constantemente, a veces obligados por los reveses que nos da la vida, por mucho que queramos paz y tranquilidad. En toda esta (corta) marabunta que es la vida hay que buscar siempre espacios donde la belleza, la literatura, el arte y la cultura nos den un poco de aire para poder seguir respirando y la música es uno de ellos, bien sea en directo o ‘enlatada’ creada y pinchada por un DJ. Hay quien disfruta escuchando y bailando en concierto a Shakira, otros a Lori Meyers, otros a Oasis o Bruce Springtseen o bien quien lo da todo en la pista disfrutando con Carl Cox, David Guetta o Fisher. La música tiene el poder de crear comunidad (basta con ver la energía que desprende el público tras un concierto o una fiesta), aparte de generar una profunda sensación de bienestar y alegría por estar haciendo algo que te gusta en compañía de tus amigos, tu pareja o, incluso, cuando vas solo. Además, también tiene el poder de trasladarte a recuerdos, escenarios vividos y las sensaciones (placenteras o, a veces, no) que te provocaron. He estado en un concierto de la gira de regreso de Vetusta Morla, que se tomó un descanso en 2018. Han pasado ocho años y muchas cosas desde entonces: nosotros no somos los mismos, ellos tampoco. Las letras que antes transmitían una cosa, ahora pueden llevarte a un escenario completamente contrario, pero lo importante es que siguen demostrándote tu capacidad de sentir y de valorar, precisamente, esta locura que a veces puede ser la vida.
Opinión
El poder de la música
María José Real | Ibiza |
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