En una ciudad en permanente transformación, donde los pequeños negocios históricos van desapareciendo, el Bar Sellaràs continúa siendo un referente del barrio y de la memoria cotidiana de Ibiza. Un establecimiento humilde, en pie desde hace más de cinco décadas, que ha sabido adaptarse al paso del tiempo sin perder su esencia: ser un punto de encuentro cercano, reconocible y profundamente ligado a su entorno.
El Bar Sellaràs abrió sus puertas entre 1967 y 1968 por iniciativa de Vicent Roig Palau, conocido popularmente como Vicent «d’en Sellaràs». El nombre del local procede precisamente de ese apodo familiar. Aunque la familia Sellaràs es originaria de Sant Miquel, Vicent decidió abrir el bar en Vila tras detectar una oportunidad. Sus hijas, Pilar y Nieves Roig, lo recuerdan como «un hombre decidido que vio una oportunidad que quiso aprovechar». Panadero de profesión, Vicent regentaba la panadería Sellaràs en su pueblo natal, Sant Miquel, actividad que mantuvo siempre paralelamente al bar.
Recuerdos
Pilar y Nieves apenas conservan recuerdos directos de los primeros años del establecimiento. «Nosotras vivíamos en Sant Miquel y solo veníamos cuando íbamos de compras a Vila. Cuando era pequeña recuerdo que delante solo había un solar con una higuera donde jugaban los niños de Vila», explican. En aquel momento, el bar se levantaba frente a un entorno prácticamente rural, siendo testigo directo del crecimiento urbano de la ciudad.
A lo largo de su historia, el Bar Sellaràs siempre estuvo alquilado. «Mi padre nunca lo llevó», aclaran las hermanas. El primer encargado fue un vecino de Sant Miquel; posteriormente, un hombre marroquí que supo integrarse y ganarse al barrio. A principios de los años noventa comenzó una de las etapas más largas, con el matrimonio formado por José y Antònia, que estuvieron al frente del local hasta su jubilación.
Tras el cierre de esa última etapa, Pilar y Nieves decidieron reformar el espacio y plantear un nuevo enfoque. «Hemos querido hacer algo que simplemente nos gustara, darle un aire nuevo sin perder el carácter de barrio, para la gente de aquí, que siempre ha tenido el bar. Nada de franquicias ni de restaurantes orientales», subrayan.
Foto: Toni P.
Nueva etapa
Los encargados de pilotar esta nueva etapa son Amanda y Daniel, que tomaron el relevo hace algo más de un mes. La pareja ya estaba vinculada al barrio desde hace más de cuatro años, al frente de la tienda de telefonía situada junto al bar. Además, Daniel aporta una amplia experiencia en hostelería junto a su madre, Ligia, responsable del bar Sinio desde hace más de una década.
«Pretendemos aportar vitalidad y mantener el espíritu de bar de barrio y de comunidad que ha tenido siempre el Sellaràs», explican. Un planteamiento que se refleja tanto en el ambiente como en la oferta gastronómica.
Cocina
La cocina está a cargo de Liviana, hermana de Amanda, y propone una carta sencilla pero reconocible: bocadillos, alitas de pollo, torreznos, costilla de cerdo o la hamburguesa Sellaràs. A ello se suman bebidas calientes, infusiones, zumos naturales y una serie de combinaciones energéticas bautizadas con nombres ligados a la isla, como «Posidonia», «Es Vedrà», «Dalt Vila» o «Sa Caleta».
Entre ellas, destaca especialmente el chupito de limón y jengibre. «Pensaba que pasaría desapercibido, pero cada día hay más gente que se toma uno por las mañanas», comenta Amanda.
Sabores
A los postres tradicionales del bar —elaborados a partir de recetas familiares transmitidas de generación en generación— se suman pequeños guiños a las raíces de la nueva gestión. Daniel, de origen ecuatoriano, y Amanda, brasileña, ofrecen bizcochos típicos y el popular pan de queso, «muy común en Latinoamérica y, además, sin gluten».
Sin embargo, hay un elemento que permanece inalterable desde los orígenes del Sellaràs. Tal como destaca Daniel, «nuestras tostadas están hechas con los llunguets de la panadería Sellaràs», cerrando así el círculo iniciado por aquel panadero de Sant Miquel que, hace más de medio siglo, decidió abrir un bar en Vila.