El acceso precoz de los menores a todo tipo de pornografía ya no es una excepción, sino una realidad cada vez más extendida y preocupante, según alerta el Centro de Estudios y Prevención de Conductas Adictivas (Cepca) de Ibiza. Su directora, Belén Alvite, advierte de que el consumo de este tipo de contenidos por parte de niños y adolescentes está teniendo consecuencias directas sobre su forma de entender las relaciones afectivas y sexuales. «Estamos viendo cómo disminuye la empatía y aumenta la agresividad sexual. Muchos adolescentes reproducen lo que ven en la pornografía sin ser conscientes de que están ejerciendo prácticas dañinas para ellos o para sus parejas», afirma.
Alvite asegura que durante el último curso escolar, la demanda de charlas por parte de centros educativos y familias sobre el uso de los teléfonos móviles, el acceso a contenidos digitales y los riesgos de la pornografía ha aumentado de forma considerable. «Es el tema que más preocupa ahora mismo, sobre todo en Secundaria, aunque incluso en escoletas de 0 a 3 años nos han pedido sesiones porque ya detectan que los bebés llegan en carritos mirando pantallas», señala.
La exposición temprana a las pantallas, en muchos casos sin supervisión, es el primer paso de un proceso que puede desembocar en el consumo sistemático de pornografía. «Muchas familias no son conscientes del riesgo que supone dar un móvil a un niño. Algunos padres están muy alarmados, pero otros lo ven como algo inevitable y no prestan atención a lo que están viendo sus hijos», explica, haciendo referencia al menor detenido en Formentera por tener pornografía infantil.
Esta actitud, destaca Alvite, puede facilitar el acceso a contenidos inadecuados en una etapa clave del desarrollo emocional. Indica que un estudio de la Universidad Internacional de Cataluña (UIC) dirigido por el sociólogo Luis Ballester, experto en adicciones comportamentales, ya alertó en 2022 de que los menores en Baleares acceden de forma casual a la pornografía desde los ocho años, y que la edad media a la que comienzan a buscarla de forma activa es a los once. Según esta investigación, las plataformas digitales y redes sociales como TikTok o Instagram desempeñan un papel determinante: «Ya no son los menores quienes buscan la pornografía, sino que es la pornografía la que llega a ellos a través de algoritmos y contenidos promocionados», recalca Alvite.
Uno de los efectos más alarmantes del consumo habitual de pornografía entre adolescentes es la distorsión de la sexualidad y de las relaciones interpersonales. «Nos encontramos con chicas que nos cuentan que se sienten raras por no querer que su pareja realice una práctica que él considera normal. Les explicamos que no es raro no quererlo, que lo raro es haber llegado a ese punto sin haber hablado antes de lo que desean o no», afirma la directora del Cepca.
Según Alvite, esta normalización de prácticas agresivas o cosificadoras, muy frecuentes en la pornografía más popular en Internet, tiene consecuencias psicológicas y físicas: «Cada vez más chicos jóvenes presentan disfunciones sexuales porque necesitan ciertos estímulos, como ver pornografía durante el acto, para poder excitarse o finalizar una relación sexual». La directora del Cepca subraya que la pornografía a la que acceden los menores hoy es mucho más violenta que hace unos años.
«Los títulos de los vídeos ya no ocultan nada. Hablan directamente de violaciones, de incesto, de relaciones sexuales no consentidas. Esto es lo que los adolescentes están consumiendo con total facilidad, y eso tiene un impacto directo en su forma de relacionarse con los demás», afirma. El Cepca considera fundamental que las familias se impliquen activamente en la educación afectivo-sexual de sus hijos desde edades tempranas. «Da igual lo que hagamos en los centros educativos si en casa no se refuerza con diálogo y confianza. Muchas familias no hablan ni de sentimientos, así que es muy difícil que hablen de sexo. Pero hay que hacerlo», recalca.
Desde 2014, el Cepca desarrolla el programa Sextima en centros educativos de Ibiza y Formentera, con sesiones centradas en la educación sexual, la afectividad, la prevención de adicciones y el uso saludable de la tecnología. «Hemos tenido que añadir una sesión específica sobre pornografía porque era evidente que era necesario. El problema no ha dejado de crecer», apunta la directora.
El centro colabora con la Secretaría de Salud del Área de Salud de Ibiza y Formentera para ampliar el alcance de estas acciones y llegar a más familias, especialmente en el entorno educativo. Sin embargo, Alvite insiste en que hacen falta más recursos y una estrategia coordinada. A juicio de la directora del Cepca, la prevención debe comenzar antes de que los menores tengan su primer contacto con la pornografía.
Con el acceso libre al porno en los móviles, los niños desde edades tan tampranas como los 11 o los 12 años miran a diario pornografía y se masturban viéndolo, y hablo tanto de niños como de niñas. Es un auténtico despropósito que puede dejar secuelas psicologías a estos menores, que acceden a unos contenidos y desarrollan un comportamiento onanista a unas edades para las cuales aún no están preparados mentalmente para ello