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La normalidad se abre paso tras las lluvias en Vila y Puig d’en Valls

Tras tres días de intenso trabajo la rutina del día a día vuelve poco a poco tras las inundaciones

El barrio de la Marina, tras el temporal | Foto: Toni P.

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Tres días después de las extraordinarias lluvias que anegaron la ciudad, la normalidad trata de abrirse paso tras jornadas de trabajo, limpieza y mucha preocupación.

En el barrio de La Marina, algunos negocios emblemáticos recuperaban su ritmo habitual. El bar La Estrella y la heladería Los Valencianos funcionaban ya desde el jueves, mientras que la tienda Can Font pudo abrir el miércoles por la tarde tras restablecerse el suministro eléctrico. En la tienda de moda Tomtom, Laura y Kenza trabajaban a contrarreloj para devolver el negocio a la normalidad, mientras un nutrido grupo de turistas curioseaba entre sus prendas. «Todavía queda trabajo por delante con las reparaciones de filtraciones en el techo», admitía Laura.

Es Pratet

En Es Pratet, otro de los puntos más castigados por las inundaciones, se apreciaban signos de normalidad entre restos de barro todavía visibles en los arcenes. Sin embargo, el impacto en los negocios ha sido desigual. El caso más grave ha sido el del Teatro Ibiza, cuyo suelo de madera quedó completamente arrasado. Este viernes, todo el material aparecía amontonado en la puerta a la espera de peritaje. «El martes fue de impotencia, el miércoles de desolación, el jueves de trabajo interminable y el viernes de esperanza», resumía Juangui, responsable del local, que mantiene el objetivo de reabrir el próximo viernes 11 con la programación prevista. «De todo esto sale un lado muy humano: hemos recibido apoyo constante de vecinos y amigos que no dudaron en echar una mano desde el primer momento», añadía.

La pastelería Bon Gust, regentada por Carmen, también sufrió el embate del agua. Este viernes ya atendía a su clientela, aunque todavía con secuelas visibles en la puerta dañada y humedades en las paredes. «Una ola arrancó la puerta y me tiró varios metros mientras intentaba contener el agua», recuerda emocionada. Tras dos días y más de 20 horas de trabajo, asegura que «pasarán muchos días hasta volver a la normalidad». Carmen pide «respeto» a los conductores: «Los coches pasan demasiado rápido y sus olas nos inundan las tiendas, como la que arrancó mi puerta de cuajo». Pese al mal trago, subraya que la ayuda de vecinos y amigos fue crucial para poder reabrir.

Puig d’en Valls

En Puig d’en Valls, los efectos de la riada eran igualmente evidentes. Un coche destrozado permanecía atrapado en el cauce del torrente, testimonio de la fuerza del agua. «Seguramente quedó atrapado en el camino y la riada lo arrastró», señalaba Maria, vecina de la zona, mientras observaba las marcas de la corriente. Tanto ella como Fina pedían reforzar el muro de contención y construir un pequeño puente para evitar nuevos incidentes. «Debemos tomarnos esto como una lección: tener el torrente limpio, reforzar los muros, hacer un puente…», opinaba Fina. Ambas coincidían en destacar la decisión de mantener a los niños en los colegios durante el temporal, una medida que «evitó que hubiera alguna desgracia».

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