Hace a historia del bar Es Port de Santa Eulària se remonta a 1987, cuando Toni Marí, de Cas Pagès, propuso a Miquel Ramón Marí, de Can Miquel des Vildo, y a su esposa, Maria Ferrer Guasch, de Can Marc de sa Torre, convertir su local en un bar situado junto al puerto deportivo de la Villa del Río. El establecimiento abrió sus puertas el 12 de mayo de ese mismo año.
Un año más tarde, el propio Toni Marí planteó a la pareja abandonar la sociedad y buscar a otro socio en su lugar. Sin embargo, Miquel y Maria optaron por continuar en solitario, iniciando una aventura empresarial que se prolongaría de forma ininterrumpida durante 22 años. Esta trayectoria solo tuvo un paréntesis de cinco años, a partir de 2009, «cuando lo tuvimos unos cinco años alquilado a Alfonso», recuerdan. Tras ese periodo, retomaron el negocio junto a su hijo Miguel durante tres años más, hasta su jubilación en 2017.
Nueva etapa
A partir de entonces, Es Port inició una nueva etapa bajo la gestión de Juan Antonio Ramon Prado, de Can Jaume Ramon, y de su esposa, Ana Teresa Díaz Ramos, quienes continúan al frente del negocio en la actualidad junto a sus hijos, Hugo y Joan, además de Christian en la cocina y de Jose, que colabora de manera puntual, moviéndose con soltura de un lado al otro de la barra.
Antes de Es Port
Cuando Toni Marí les ofreció asociarse, Miquel y Maria ya trabajaban juntos en la cafetería Sa Caleta, en la calle Sant Jaume. «Trabajábamos allí desde 1979, un año antes de casarnos, haciendo cientos de desayunos ingleses para los turistas del hotel de al lado», recuerdan. No obstante, la experiencia de Miquel en la hostelería se remontaba todavía más atrás, con trabajos en Sant Antoni o en Vila, donde pasó por el restaurante Can Alfredo junto a la familia Riera.
Años duros
«Los primeros 17 años los pasamos sin apenas librar. Trabajábamos de lunes a domingo y solo cerrábamos el día de Navidad y el de Año Nuevo; eso sí, la Nochebuena y la Nochevieja las pasábamos haciendo chocolate con churros hasta que amanecía», explican al recordar los inicios del negocio y la dureza de aquellos años.
En cuanto a la oferta gastronómica, Maria rememora que «empezamos haciendo tapas, pero la clientela nos empezó a pedir menús, así que nos adaptamos a lo que nos pedían». De este modo, los menús diarios, los platos combinados, los bocadillos o las hamburguesas comenzaron a dominar la cocina de Es Port. Miquel, por su parte, se encargó siempre de la barra, rodeado de un equipo de camareros del que recuerdan con especial cariño al desaparecido Vicente Planells, que trabajó durante una década en el bar, o a Juanjo Gutiérrez, «que volvió a Valencia tras 17 años con nosotros».
Clientela fiel
«Aquí siempre se ha juntado la gente del pueblo con los turistas y con los ibicencos que venían de otros pueblos o de Vila», explican Miquel y Maria al describir el perfil cosmopolita de una clientela que, aseguran, «siempre fue como una familia, también los turistas que venían año tras año hasta la vejez».
«Aquí siempre se ha juntado la gente del pueblo con los turistas»
En este sentido, recuerdan con especial cariño a dos clientas habituales, una alemana y otra inglesa, ambas llamadas Marión, «que siempre nos mandan felicitaciones por Navidad», o a la familia madrileña de Ángel y Rosa. «Llegó un momento en el que nos decían: ‘Ya somos muy mayores y este es el último verano que venimos a Ibiza’», rememoran con cierta melancolía, evocando las despedidas de algunos de esos clientes fieles durante décadas.
Punto de encuentro
Entre la clientela local, Es Port fue durante años «el lugar donde empezábamos la fiesta comiendo una buena hamburguesa antes de ir a los bares de al lado, como el Arlequín o el Nelson», tal como explica Juan, que fue cliente habitual del bar antes de ponerse al frente del negocio en 2017 junto a su esposa.
«Entonces trabajaba la temporada en Sa Yesca y, cuando surgió la ocasión de llevar el bar durante todo el año, nos decidimos a hacerlo», relata Juan al recordar los inicios de su gestión. Al igual que sucedía con Miquel y Maria, el reparto de funciones se mantiene: Juan se encarga de la barra, mientras Ana Teresa lidera la cocina junto a Chrístian.
«Seguimos exactamente la misma línea de siempre», afirma Juan en referencia a la oferta y a la esencia del establecimiento. A esta continuidad se suma la recuperación de la primera apuesta gastronómica de Maria y Miquel, las tapas, entre las que la ‘frita de polp’ se ha consolidado como uno de los platos estrella del negocio.
El carácter cosmopolita de la clientela tampoco ha cambiado. La terraza se llena de turistas durante el verano, mientras que a lo largo de todo el año se mantiene una fiel afluencia de personas que llevan «toda la vida» disfrutando de la hospitalidad de Es Port.
Entre esos clientes se encuentra Martín, vecino de Santa Eulària, que trabaja en el cercano hotel Sa Cala y que lleva más de tres décadas acudiendo al bar. Comenzó a hacerlo siendo un niño, acompañado de su padre, y desde entonces nunca ha dejado de venir.
Aurelio es otro de los habituales, para quien Es Port es un lugar al que acudir en cualquier momento del día: desde el café de la mañana hasta el bocadillo, el menú del mediodía o una cena tranquila junto a su mujer.
Jose, por su parte, resume su experiencia tras muchos años frecuentando el establecimiento destacando la constancia del trato recibido, que define como «excelente» desde siempre.
TambiénInma y Jesús, pareja y clientes desde hace años, subrayan el carácter especial del local. Para Inma, Es Port es «un lugar único», mientras que Jesús considera que ya casi no quedan establecimientos en los que se combine buen servicio, buena calidad y buen precio, y que Es Port es uno de esos pocos supervivientes, «por no decir el último».