María Presa (Ibiza, 1990) es la psicooncóloga de la Asociación de familias de menores con cáncer de Baleares en la isla, además de especialista en cuidados paliativos. A través de su experiencia en el acompañamiento emocional de pacientes oncológicos y familias, esta profesional destaca cómo la intervención psicológica ofrece un espacio seguro donde expresar emociones sin juicio, aprender herramientas de regulación emocional y desarrollar estrategias de afrontamiento.
—¿Hasta qué punto es importante el tratamiento psicológico en los niños con cáncer y sus familiares?
—Es muy importante porque el diagnóstico de cáncer infantil supone un impacto emocional muy intenso tanto para el menor como para su familia. El tratamiento psicológico es fundamental porque no solo ayuda al niño a comprender y afrontar la enfermedad y los procedimientos médicos, sino que también acompaña a los padres y hermanos en la gestión del miedo, la incertidumbre y el estrés continuado. La intervención psicológica favorece la adherencia al tratamiento médico, previene problemas emocionales a largo plazo y fortalece los recursos de afrontamiento familiares. Es cierto que en la sede de Aspanob en Ibiza trabajamos en la fase donde el cáncer está en remisión y supone que el niño vuelva a la vida que tuvo que abandonar tras el diagnóstico del cáncer. También es fundamental el trabajo con los hermanos de los niños que tienen la enfermedad. Estos jóvenes no solo tienen que vivir la ausencia de su hermano enfermo, sino también la ausencia de sus progenitores porque se han tenido que desplazar al Hospital Son Espases, en Palma.
—¿Cómo es el día a día en el trabajo de un psicólogo oncológico pediátrico? ¿Cuáles son los momentos más duros?
—El día a día combina sesiones individuales con niños, acompañamiento a padres, coordinación con el equipo médico y, en muchos casos, intervención en momentos críticos. Se trabaja desde el juego terapéutico con los más pequeños hasta la intervención emocional más profunda con adolescentes. De esta labor se encarga mi compañera Teresa Ferrer, psicooncóloga de Aspanob, en Son Espases. Los momentos más duros suelen ser la comunicación del diagnóstico, las recaídas, las complicaciones graves y, especialmente, las situaciones de final de vida donde el equipo de paliativos se encarga de este proceso.
—¿Cree que la delegación de Aspanob en Ibiza necesita más psicólogos para atender a estos usuarios?
—La atención psicológica especializada en oncología pediátrica es un recurso imprescindible. En territorios insulares como Ibiza, donde además las familias deben desplazarse fuera para recibir tratamiento, la carga emocional es mayor. En este momento la demanda, por suerte, está atendida aunque nunca está de más contar con más profesionales especializados en esta área.
«La atención psicológica especializada en oncología pediátrica es un recurso imprescindible»
—¿Qué sentimientos brotan cuando aparece el cáncer en las vidas de estas familias?
—Suelen sentir incredulidad, shock, miedo intenso, angustia, rabia, tristeza profunda e incluso culpa. También es frecuente la sensación de pérdida de control. Con el paso del tiempo puede aparecer agotamiento emocional y ansiedad crónica.
—¿De qué manera esta atención psicológica especializada les proporciona el acompañamiento y apoyo necesarios para convivir con estas situaciones?
—La intervención psicológica ofrece un espacio seguro donde expresar emociones sin juicio, aprender herramientas de regulación emocional y desarrollar estrategias de afrontamiento. Se trabaja la comunicación familiar, la adaptación a los cambios, la gestión del miedo a las pruebas médicas y la incertidumbre. Además, se previenen posibles secuelas emocionales como ansiedad, depresión o estrés postraumático.
—¿Cómo se vive un proceso oncológico en la infancia y cómo en la adolescencia?
—En la infancia, la vivencia depende mucho del nivel evolutivo. Los niños pequeños pueden no comprender plenamente la gravedad, pero sí perciben el malestar y los cambios. Es frecuente que aparezca el miedo a la separación y a los procedimientos médicos. En la adolescencia, el impacto suele ser más complejo. El cáncer interrumpe una etapa marcada por la búsqueda de identidad, autonomía y relaciones sociales. Pueden aparecer preocupaciones por la imagen corporal, el aislamiento social o el futuro. El acompañamiento psicológico en esta etapa es especialmente delicado y necesario tanto durante el proceso como después del tratamiento.
—¿Son necesarias las terapias grupales para las familias?
—Sí, las terapias grupales permiten compartir experiencias con otras familias que atraviesan situaciones similares, reducen la sensación de soledad y fomentan el apoyo mutuo. También facilitan el aprendizaje de estrategias de afrontamiento a través de experiencias compartidas y cobra todavía más sentido en estas familias que están desplazadas y viven todo este proceso lejos de sus familiares, amigos..
—¿Cuáles son los momentos más críticos para estos pacientes?
—Son el diagnóstico inicial, las recaídas, las hospitalizaciones prolongadas, los efectos secundarios visibles (como la pérdida de cabello) y el final del tratamiento donde disminuye la supervisión médica y aparece el miedo a la recaída. En algunos casos, también lo es la etapa de supervivencia, cuando deben reincorporarse a la vida cotidiana. En este último punto se centra el trabajo que se hace con los niños y adolescentes supervivientes en la sede de Aspanob en Ibiza. Estos jóvenes no solo paralizaron su vida por la enfermedad sino que tuvieron que abandonar su entorno por completo durante meses.
—¿Existen algunas fases por las que pasan emocionalmente?
—No todas las familias viven el proceso de la misma manera, pero se podrían destacar la fase de shock inicial, fase de adaptación al tratamiento, desgaste emocional durante el proceso prolongado... son fases que no son lineales, no siguen una cronología, ni son generalizables, cada familia es única.