La arquitecta Gemma Peribáñez Ayala (Madrid, 1971) fue una de las ponentes en la jornada ‘Vivienda en Ibiza: ¿hay soluciones mágicas?’ organizada por el Consell d’Eivissa. Además, forma parte del equipo de Ezquiaga Arquitectura, Sociedad y Territorio, responsable de la redacción del Plan de Intervención de Ámbitos Turísticos (PIAT) de Ibiza.
— ¿Cómo hemos llegado en Ibiza a la situación de que buena parte de la población no puede permitirse comprar una vivienda?
— Son muchas cosas que se han ido sumando, no podemos decir que sea un único problema. Creo que siempre ha habido una infradotación de vivienda a medida que iba incrementándose la necesidad. Cuando digo infradotación es que ha habido un incremento importante de población, que ha duplicado la existente. Que una gran parte ha ocupado lo que ya en su momento estaba construido, pero ha seguido creciendo la presión, no solo turística, y al final nos hemos encontrado con un parque de vivienda que no da respuesta a todas las necesidades que tiene. Tiene unas necesidades fijas, que son los residentes y que han aumentado por personas que vinieron a trabajar y se quedaron aquí durante los últimos años. Y además necesitamos de los temporeros que dan servicio a los turistas y que son 30.000 cada año. Pues todo esto ha presionado a un sistema que no ha producido vivienda a la necesidad que tenía que producirla. Y nos hemos encontrado que mientras el ingreso mínimo permitía pagar la renta con holgura, pues ese problema era de otros. Cuando los ingresos no han crecido a la vez que ha crecido el valor de un alquiler, pues ha reventado el sistema.
— Escuchando su conferencia nos ha quedado claro que la solución pasa por construir sí o sí más vivienda.
— Pero pasa por muchas cosas, no solamente por construir más vivienda. Hay que pensar en cómo está la isla: si hay sitios donde podemos construir más, si hay sitios que podemos recuperar, si hay vivienda vacía que podemos integrar en este espacio. Pero con los índices que tenemos actualmente evitar decir que hay que construir no se puede plantear. Hay que construir y todo lo demás, si cabe primero. Ni siquiera produciendo o controlando o manteniendo el turismo, porque ya la coyuntura y la estructura se ha superado.
— ¿Dónde y cómo construir?
— Con mucha delicadeza, con mucho cariño en el territorio y cerca de los colegios, los trabajos, los servicios, etc. ¿Dónde debe residir la gente? Si reside donde trabaja, pues mucho mejor. Pero no solamente eso, si reside donde tiene los servicios, la sanidad, el colegio de sus hijos, etc. Y resulta que el turismo está muy localizado en tres grandes municipios que coincide con donde la gente reside y que son las tres grandes cabeceras funcionales de la isla: Ibiza, Santa Eulària y Sant Antoni. Busquemos dónde, pero en estos entornos.
— Su empresa está elaborando ahora mismo el PIAT de Ibiza. ¿Qué papel puede jugar este instrumento?
— Definir el turismo y la propia legislación le da una apertura sobre vivienda. Le dice qué tiene que decidir, qué capacidades y qué necesidades hay de vivienda real sobre ámbitos turísticos. Así que tenemos un poquito todavía por hacer en esta parte de vivienda y sobre todo en la ordenación del turismo, para que no incida negativamente sobre la vivienda. Las dos cosas.
— Vicent Marí explicó hace un par de semanas que decidieron separar el plan estratégico del PIAT para precisamente abordar el tema de los temporeros y dar una solución habitacional a estas 30.000 personas que vienen a trabajar cada verano a la isla cuanto antes.
— Efectivamente, se separa porque se desgaja un trozo. Ya había trabajo de diagnóstico y ya con ese trabajo preparado se permite dar ese paso y adelantarlo un poco a un sistema que es más rígido, con una tramitación más pesada y la ley había habilitado los planes estratégicos con o sin PIAT, pero nosotros estábamos haciendo el PIAT, para poder adelantar algunas condiciones y aprovechando que el camino se había avanzado, se desgaja para adelantarlo. Pero luego el PIAT recogerá todo aquello que se vaya tramitando con el plan estratégico, entre ellos los temas de acogida de temporeros sobre espacios dotacionales o equipamientos.
— ¿Y qué le parece esta medida de habilitar equipamientos para temporeros?
— Necesaria. Los temporeros son necesarios. Al médico le queremos todo el año, pero igual que queremos alojar al médico y no tenemos ninguna duda de que le queremos alojar y que se quede con nosotros y que pueda cumplir su trabajo para que tengamos esos médicos, también queremos a aquellos que cumplen los trabajos que permiten que nuestra economía funcione.
— ¿Cómo valora las medidas implementadas por el Govern para solucionar el problema de la vivienda?
— Bueno, el Govern balear, al igual que todos los gobiernos autonómicos, van todos en esas tres patas. La pata de producir suelo, la pata de entender cuándo es un equipamiento y cuándo no, la pata de generar mayor densidad con incrementos de edificabilidad, la pata de plantear viviendas protegidas con varios regímenes: el régimen más de vulnerabilidad, el régimen más de una clase media que tenga acceso. No hay más posibilidades.
— El Consell d’Eivissa llegó a un acuerdo con la Federación Hotelera para suprimir las 9.000 plazas que había en la bolsa turística.
— Fue una magnífica decisión por parte de todos. Si no tenemos alojamiento para el que ya llegó, para el que ya es nuestro compañero de viaje, un ciudadano como cualquiera de nosotros, 9.000 nuevos turistas significa una planta mayor y más personas que necesitarán para su servicio o para trabajar. La planta residencial no puede permitirse ese crecimiento. Ahora mismo hay que plantearse el turismo como que está funcionando y que los números son los que son. Ese trocito que le han quitado creo que es un elemento positivo.
— ¿Entiende las críticas al turismo que se hacen desde los propios ibicencos a pesar de que es nuestra principal industria?
— A veces a todos nos molesta el que esté todo apretado y demás, pero vivimos del turismo, hay que ser conscientes de eso, y en ese sentido lo que hay que trabajar es para que la convivencia sea la mejor posible. La convivencia entre dos intensidades de vida, el turista que tiene una y el residente otra es compleja, pero trabajar en ordenar, en ayudar, en mejorar, pero no en la diferencia.
Hay jóvenes nacidos aquí que no pueden acceder a la vivienda y si no fueran porque viven con sus padres, tendrían que marcharse. Alguien piensa en ellos