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Bares de siempre

Bares de Ibiza: Los Troncos, los pilares de ses Païsses

Fundado en 1982 por Pilar Redondo y Luis Osa, Los Troncos fue durante décadas punto de encuentro popular en ses Païsses

El establecimiento abrió en una zona que por entonces contaba con muy pocos bares | Foto: Toni P.

| Ses Païsses |

El bar Los Troncos abrió sus puertas por primera vez en 1982, impulsado por el matrimonio formado por Pilar Redondo Moreno y Luis Osa Requena. Aunque ambos eran originarios de la provincia de Cuenca —Pilar de Santa María del Campo y Luis de Pinarejo— su historia en común comenzó en Ibiza, donde habían llegado años antes en busca de trabajo.

Pilar aterrizó en la isla a principios de los años sesenta con tan solo 17 años. «Llegué cuando estaban construyendo el hotel Palmira de Sant Antoni», recuerda. Allí trabajó durante su juventud, además de pasar por otros empleos como el hotel Elios o el despacho del doctor José Mateu, donde ejerció como asistenta. Luis, por su parte, era oficial de obra, aunque durante su juventud también trabajó los fines de semana en la discoteca Nito’s. «Allí fue donde aprendió idiomas», explica Pilar.

Luis y Pilar, los fundadores de Los Troncos.
Fotos: Toni P.

Tras conocerse en Ibiza, la pareja se casó en Sant Antoni —«nos casó don Ernesto», recuerda— y comenzó su andadura en la hostelería en el bar Los Tres Arcos de la villa de Portmany.

Orígenes

Con el tiempo decidieron emprender su propio proyecto. «Compramos un terreno entre ses Païsses y el barrio de Can Bonet, en Sant Antoni», relata Pilar. Aprovechando el oficio de constructor de su marido, levantaron allí tanto el negocio como la vivienda familiar. «Construimos el bar y nuestra casa «a garrucha», porque entonces no había otra cosa», explica.

El establecimiento abrió en una zona que por entonces contaba con muy pocos bares. «Solo estaba el bar Las Merlizas, que no tardó en cerrar, y el bar Javi en ses Païsses», recuerda.

Pilar se encargaba principalmente de la cocina, mientras que Luis atendía la barra y colaboraba en todas las tareas necesarias. Desde el principio también participaron los hijos de la pareja: Luis, Pablo y Juanito. «Cuando abrimos el mayor tenía solo once años, pero todos ayudaban», explica Pilar. Con el paso del tiempo se incorporaron plenamente al negocio familiar. La pequeña de la casa, Pili, nació cuando el bar ya estaba en pleno funcionamiento.

Tapas

Los Troncos se convirtió pronto en un bar de menús y tapas con gran aceptación. «Los jueves y los domingos hacíamos paella y los viernes, pizzas», recuerda Pilar. La fama de su cocina se extendió rápidamente por toda la isla.

Las tapas iban desde pulpo, callos o caracoles hasta frita de cerdo. Sin embargo, una de las más recordadas era la frita de calamar. «Cada semana venía gente desde Santa Eulària solo para comer frita de sepia», cuenta con orgullo.

El fútbol también fue desde el principio una parte esencial del ambiente del local. El bar abrió sus puertas el mismo año del Mundial celebrado en España. «Abrimos con Naranjito y siempre teníamos fútbol. Venía muchísima gente a verlo», recuerda.

El éxito del negocio obligó a ampliar las instalaciones pocos años después. «Cuatro o cinco años más tarde cerramos la terraza para hacer el salón más grande y ampliamos la cocina hasta el doble de su tamaño original», explica.

Fiestas

Las celebraciones marcaron otra de las señas de identidad del bar. Las cenas de Nochebuena y Nochevieja eran especialmente populares. «Hacíamos cena y baile, y siempre me acababan convenciendo para que tocara el acordeón», recuerda entre risas Pili, la hija menor.

Pero si había una fecha señalada en el calendario era la noche de Sant Joan. Los hermanos formaban parte de grupos musicales —los Cannabis, con Pablo a la guitarra y Juanito a la batería, y también los Kamikazes— y el bar se transformaba en un escenario festivo.

«El Ayuntamiento nos dejaba cerrar la calle para montar un escenario donde tocaban música en directo», explica Pili. A la fiesta se sumaban actuaciones improvisadas, chistes de espontáneos y actuaciones de baile flamenco en las que participaba la propia Pili. «Hacíamos cubos de sangría que repartíamos para todos los que venían, incluido el alcalde», añade Pilar.

Fin de etapa

La etapa familiar del bar se prolongó cerca de un cuarto de siglo, pero terminó de forma trágica. «En poco tiempo, a partir del año 2000, murieron mis tres hijos y mi marido, así que decidí jubilarme definitivamente», explica Pilar emocionada.

Pili recuerda a su familia como los pilares del negocio. «Juanito era el alegre; mi padre, el pionero al que la gente llamaba ‘el Tronco’ —cuando alguien entraba siempre decía ‘¿qué pasa, tronco?’—; Luisito era el responsable y Pablo era el dulce, con un gran corazón». Pablo falleció hace cuatro años a causa de una enfermedad cardíaca.

«Ahora solo quedamos «las pilares», añade Pili con una mezcla de humor y nostalgia.

Renacer

Tras la retirada de Pilar, el local fue alquilándose a distintos gestores sin recuperar el esplendor de la etapa original. No fue hasta abril de 2023 cuando el bar inició una nueva etapa con Nelson y Paula al frente, después de haber regentado durante años el bar Nelpau —el antiguo Strasky— en Sant Antoni.

La pareja apuesta por un trato cercano y por mantener precios muy asequibles. «El café cuesta un euro», destaca Paula. También ofrecen un menú diario variado. «Cada día hacemos una sopa distinta: encebollados, sancochos o arroz chaulafán», explica.

El origen ecuatoriano de Nelson introduce además un toque latino en la carta. «Además de los platos combinados de toda la vida tenemos muchos platos latinos. Se podría decir que somos una fusión», comenta Paula entre risas. Entre las especialidades figuran los patacones —plátano macho chafado que se sirve en pequeñas tostadas— y, según Nelson, «el mejor cachopo de la isla».

Clientela

La clientela refleja el carácter cosmopolita de la isla. «Tenemos españoles, franceses, alemanes, chinos, japoneses, americanos, latinos…», enumera Nelson. Al mismo tiempo, muchos vecinos que frecuentaban el bar en la época de Luis y Pilar siguen visitándolo.

Con «alegría y amor», la pareja trabaja para recuperar el espíritu del antiguo Los Troncos. Entre sus iniciativas destacan las barbacoas abiertas al público. «Por veinte euros puedes usar la barbacoa para hacer tu propia carne, con la única condición de consumir aquí la bebida», explica Paula.

También les gustaría recuperar el ambiente festivo que caracterizó al bar durante décadas. Sin embargo, reconocen que la normativa actual complica este tipo de iniciativas. «La burocracia para hacer algo tan simple como un karaoke, que nos lo pide mucho la gente, es demasiado complicada», lamenta.

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