La guerra en Irán ha irrumpido en el tablero internacional generando una fuerte incertidumbre económica y geopolítica cuyas consecuencias ya se dejan sentir en Europa. En este sentido, José Antonio Roselló (Santa Isabel de Fernando Poo, 1955), que asume su tercer mandato como vicepresidente de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (CAEB) en Ibiza y Formentera, analiza este conflicto marcado por la falta de información clara, los mensajes contradictorios de las grandes potencias y una creciente presión internacional para alcanzar un acuerdo. Roselló advierte de que el impacto trasciende lo estrictamente militar y afecta directamente a variables clave como el precio del petróleo, la inflación o los tipos de interés, condicionando tanto a empresas como a ciudadanos. En su análisis, pone el foco en la dependencia energética del Golfo Pérsico, el papel determinante de Estados Unidos y la fragilidad de un sistema económico globalizado. Pese al escenario de incertidumbre, el experto considera que existe cierta probabilidad de negociación a corto plazo, aunque alerta de que los efectos económicos persistirán incluso tras el fin del conflicto. Además, apunta a posibles cambios en los flujos turísticos internacionales, con Baleares como uno de los destinos que podrían verse beneficiados indirectamente.
—Hace pocos días asumió su tercer mandato como vicepresidente de la CAEB en Ibiza y Formentera. Enhorabuena.
—Gracias. Fue la Federación Hotelera de las Pitiusas, según los estatutos de la Caeb, la entidad que propuso al vicepresidente por Ibiza y Formentera. Adopta este cometido por ser una de las principales asociaciones del territorio insular. Destacar que en la Caeb hay siete vicepresidentes: cinco sectoriales y dos territoriales. Por lo tanto, se propone a un vicepresidente desde la isla de Ibiza y, en este caso, fue la Federación Hotelera la encargada de hacerlo.
—¿Y la Federación Hotelera de Ibiza y Formentera en qué situación se encuentra actualmente tras la salida escalonada de las cadenas hoteleras Palladium Hotel Group y Vibra Hotels?
—En la Federación Hotelera de Ibiza y Formentera se han producido en los últimos ejercicios las salidas de dos cadenas importantes. Para la Caeb, por ejemplo, la marcha de Palladium Hotel Group nos dolió un poco porque siempre hemos tenido muy buena relación con esta cadena hotelera, como, por ejemplo, a la hora de organizar eventos, como fue el caso de la Gala Caeb para la entrega de premios anuales, que se celebró en uno de sus hoteles. También está la salida de Vibra Hotels, que es una cadena muy importante en Ibiza. De hecho, es la que tiene más plazas hoteleras en la isla. Son decisiones que habría que ver si, en algún momento, se pueden reconducir. Desde la Caeb siempre se procura buscar el interés económico general, mientras que cada federación o asociación busca un interés gremial. Desde un punto de vista más objetivo te puedo decir que ambas cadenas pretendían objetivos imposibles, pero también propusieron medidas que se pueden estudiar. La Caeb está a su disposición para intentar mediar en este aspecto y buscar puntos de aproximación, aunque insisto en que cada entidad es soberana.
—Regresando a esta tercera etapa como vicepresidente, usted adelantó la importancia de las relaciones directas con las administraciones, la patronal Pimeef y los sindicatos.
—Es lo que he estado practicando en todo este tiempo. En el discurso de mi primera toma de posesión ya en 2018 puse de manifiesto estos objetivos prioritarios porque desde la Caeb buscamos el interés general. Esta finalidad es posible a través de relaciones fluidas y permanentes con las administraciones, los sindicatos y la Pimeef. También son importantes las relaciones con las entidades que tienen una orientación empresarial, pero muy específica. Entre ellas, Fomento del Turismo, la Asociación de Directores de Hotel o la Cámara de Comercio de las Pitiusas. Siempre he procurado mantener una línea de comunicación muy abierta, que ha permitido desarrollar un buen trabajo estos años. Además, en el caso de la Pimeef y la Caeb existe un tema muy relevante al haber en determinados grupos de sociedades una doble pertenencia de empresas a ambas entidades. Esta situación facilita la gestión porque procuramos buscar el acuerdo siempre entre nosotros y tendemos a establecer una vía común.
—Este mandato comienza con la incertidumbre y las implicaciones económicas del conflicto de Irán en las empresas. Frente a esta situación, el Gobierno central implantó medidas urgentes ante el impacto de la guerra.
—El impacto en la economía es real, pero también potencial. En estos momentos, cuando hablamos del conflicto en sí, tenemos la dificultad de discernir exactamente qué está pasando. Sabemos que esta situación perjudica al ámbito de la política económica y empresarial, pero es complicado conocer la realidad del conflicto porque cada día te dicen una cosa distinta. Los posicionamientos son muy erráticos y falta información. Por ejemplo, en materia geopolítica no se sabe exactamente qué capacidad tiene realmente Irán de resistir. No se sabe hasta qué punto sus arsenales pueden aguantar de manera duradera. Tampoco sabemos qué quiere Estados Unidos porque cada día hay noticias contradictorias. En determinados centros de análisis se defiende que la probabilidad de lograr un entendimiento es bastante alta. En este sentido, se sostiene la necesidad de llegar a un acuerdo porque hay mucha presión internacional. Este conflicto está afectando en primera instancia a los países asiáticos y a partir de aquí al conjunto de la economía mundial.
—¿Países asiáticos como China y Corea del Norte entrarían en la guerra del lado de Irán?
—Países como China, Vietnam, Corea o la India no entrarían en la guerra. Algunos de estos territorios tienen buena relación con Irán, pero, por supuesto, no van a intervenir militarmente en el conflicto. Están presionando políticamente para que sus economías no se vean lastradas por la situación porque una gran parte del petróleo y del gas natural procede del Golfo Pérsico. La economía está bastante globalizada: si hay parálisis de la exportación a y desde los mercados asiáticos, falla también la economía europea. Es verdad que nuestro aprovisionamiento es mayor con respecto a otros territorios, pero, pese a ello, nos afecta. Estamos en una situación delicada. Aunque terminase hoy el conflicto, ha quedado tan dañada la infraestructura de los países aledaños del Golfo Pérsico que todavía necesitaríamos semanas para que la situación económica mundial se repusiese.
—Con la escalada de la guerra en Irán, ¿los países europeos están en peligro?
—Desde que Irán bombardeó la isla de Diego García, se ha demostrado que el conflicto puede llegar a tierra europea. Pero esto es teoría. Hay gente que piensa que el ataque no puede llegar a países que no participan en la guerra, pero si se tocasen territorios de la OTAN, estos países tendrían que entrar en acción. Es cierto que la OTAN es defensiva y ha destacado que esta guerra no es nuestra, pero si se llegara a atacar estos territorios. Mejor no pensar que reitero que es teoría. En los gabinetes de análisis se habla de probabilidades y, de momento, la posibilidad de un ataque a estos países es muy baja. Dentro de la geopolítica, los gobiernos europeos tienen una cierta distancia sobre la guerra. Han adoptado una postura que, además, evita enfrentarse directamente a Estados Unidos. Hay gobiernos como el italiano que, siendo muy amigos de Trump, también han puesto el freno. Es la mejor posición que puede adoptar Europa, una posición más matizada. Todo indica que los dos bandos en conflicto están bastante ‘mermados’. Se están tomando posiciones para una negociación porque las dos partes sienten la presión del resto del mundo para paralizar este conflicto. Veremos.
—¿Y Estados Unidos siente esa presión o continuará con la ofensiva en Irán?
—En España hay una expresión que dice ‘Menos hablar y más hacer’. Pues Estados Unidos está haciendo todo lo contrario con un cúmulo de declaraciones que son muy contradictorias. Esto está creando mucha incertidumbre. Un efecto de ello es la volatilidad en la bolsa de valores, con una gran magnitud de fluctuaciones. Es lo que se llama volatilidad. Con cada declaración del presidente Trump, la bolsa se mueve, sin una orientación clara. Otro de los problemas actuales son los tipos de interés, que es un tema muy importante para las familias y las empresas. Antes de la guerra en Irán, se buscaba flexibilizar la política monetaria y, por tanto, bajar los tipos de interés. Ahora, el Banco Central Europeo mantiene los tipos de interés, pero el mercado por si mismo ya ha subido los tipos medio punto hasta el 3 %. Es importante realizar una monitorización de la situación cada día porque la realidad es absolutamente móvil y no pisamos tierra firme.
«La realidad es absolutamente móvil»
—¿Cuáles serán las mayores consecuencias económicas y políticas si la guerra en Irán se alarga?
—Si la guerra no termina en las próximas semanas, tendremos un problema grave en todos los ámbitos. Problemas de inflación, con los tipos de interés, con la caída de la tasa de crecimiento económico… Hay que señalar que esta guerra también afecta a la economía de Estados Unidos. Esta situación explicaría los mensajes contradictorios por parte de Trump. Cabe recordar que este año se celebran en Estados Unidos las elecciones de medio mandato y la mayor parte del público americano está en contra de la guerra, incluso su propio entorno. Por lo tanto, hay todo un puzzle de cuestiones que invitan a pensar que las cosas se irán recomponiendo. Tanto a Israel como a Irán les va la vida en esta guerra, pero Estados Unidos tiene que ser capaz de templar la situación. Incluso los países del Golfo Pérsico están dispuestos a intervenir en el conflicto porque están viendo que los bombardeos masivos en esta zona serían dramáticos. Estados Unidos, que es la potencia dominante, debería hablar menos y hacer más, dando coherencia a su política y templando la situación.
—Estos efectos ocasionados por la guerra en Oriente Próximo ya se están notando en España con la subida de los precios energéticos.
—Sí. Esta situación nos ha llevado al aumento del precio del petróleo y del gas natural, que es la madre de todo. La situación que se vive en España, por ejemplo, con el sector del transporte es delicada. Esta realidad nos lleva a analizar las medidas anunciadas por el Gobierno central, que están en vigor a través de un decreto ley. Estas iniciativas buscan atender el problema que tienen los transportistas, las cofradías de pescadores o el sector de la agricultura debido a la escalada energética, que afecta al coste de la gasolina y del diésel, y a todos los derivados del petróleo. A partir de ahí, se transmite a las empresas y al público, sin embargo, las medidas del Gobierno son insuficientes porque el petróleo vuelve a superar los 100 dólares por barril.
—¿Cómo se abordó este paquete de medidas, planteado por el Gobierno de España, durante las reuniones con la Delegación del Gobierno?
—Tuvimos una reunión con la Delegación del Gobierno en la que había representantes sindicales, representantes de la Pimem de la Caeb, del sector del transporte… Se habló sobre estas iniciativas y se defendió que son positivas, especialmente para el ciudadano. Cabe recordar cómo, durante la guerra en Ucrania, se creó un desorden desde el Gobierno con respecto a la gestión de las gasolineras en relación al precio del combustible. Las gasolineras tuvieron que hacer una adaptación informática y adaptarse a nuevas normativas de gestión y facturación, que consistía en un descuento que se aplicaba a los ciudadanos, pero este descuento lo adelantaban las gasolineras, concertando incluso préstamos. Actualmente, con la bajada del IVA del gasóleo y la gasolina al 10 %, no existe ese problema de gestión. Esta reducción no es positiva ni negativa para las empresas porque es un impuesto neutral, que afecta sobre todo al consumidor. Los ciudadanos son los beneficiarios de esta medida que repercute sobre este impuesto.
—En el caso de los transportistas y las medidas estatales de apoyo al sector, ¿cree que son insuficientes como el propio colectivo denuncia?
—Sí, son insuficientes. Si las medidas aplicadas funcionasen bien de cara al transporte, existiría una mejor difusión hacia el resto de la economía, atemperando la subida de precios de los alimentos y demás productos. El transporte, la pesca, el taxi y la agricultura están en primera línea de fuego y, por tanto, hay que escuchar las reivindicaciones de estas asociaciones porque ellos son los que sufren los problemas. Aquí el problema es analizar si estas medidas dirigidas al sector del transporte son suficientes porque este colectivo está asumiendo un gran sobrecoste que luego se transmite al resto de la economía. No es fácil de analizar y, respecto al sector transporte, diría que es un galimatías.
«Las medidas estatales de apoyo a los transportistas son insuficientes»
—Como economista, ¿podría analizar estas medidas anticrisis del Gobierno por la guerra de Irán?
—Una de las medidas aplicadas es la bajada del IVA al 10 %, que afecta positivamente al consumidor. Los transportistas también tienen una ayuda de 20 céntimos por litro de gasóleo profesional, además de los cinco céntimos de más por la reducción del impuesto especial sobre los hidrocarburos. Por poner un ejemplo gráfico, el precio del gasóleo para el transporte profesional asciende hasta los 40 céntimos por litro. Esto supone un desajuste y pérdidas para el colectivo. Entendemos la alarma del sector transportes porque, con el precio del petróleo y del gas natural a estos niveles, es lógico que el precio de la energía haya subido y que, para ellos, no sea suficiente la ayuda directa establecida. En la reunión con la Delegación del Gobierno, en la que estaba el delegado y la secretaria de Estado de Turismo, se abordó que estas medidas se habían quedado cortas y eran insuficientes. Aunque la reunión fue compleja técnicamente, también fue muy elegante en lo político. Si se llega pronto a un escenario de negociación para ponerle fin al conflicto, que todavía podría durar un mes más, seguramente el sector transportes pueda respirar.
—Han reclamado otro paquete de medidas con más ayudas sociales.
—La casuística es muy amplia. Por eso digo que la situación es un gran galimatías porque, según el contexto, hay otros colectivos dentro del sector transporte excluidos del gasóleo profesional, que reciben una ayuda directa a tanto alzado. Centrándonos en el actual descuento de 20 céntimos por litro de combustible, desde el sector se denuncia que esta bonificación se ha quedado corta. Yo creo que esta medida por parte del Gobierno es gradualista. Vamos a ver cómo evoluciona la situación.
Si fuese verdad que luego el precio del petróleo empezase a reducirse, seguramente los transportistas estarían más tranquilos porque poco a poco el coste se iría aproximando al punto de equilibrio. No obstante, si no fuese así, tendrían que implementarse medidas adicionales.
—Antes ha adelantado que, aunque el conflicto finalice dentro de un mes, la economía global no volverá pronto a la normalidad.
—Tardará meses, sobre todo en el Golfo Pérsico, porque las estructuras están muy dañadas y el mercado está muy revuelto. Por eso digo que el precio del petróleo no volverá a ser el de preguerra, sino que será superior. Si ahora el petróleo vuelve a tocar los 100 dólares el barril, se valora que después de la guerra podría estar cerca de los 80 dólares. Una cifra superior a los 50 dólares de antes. Este coste se traslada desde la distribución de las empresas de transporte por carretera a las industrias y al público, con el aumento del precio de la cesta de la compra.
—Al final, siempre es la población civil la que más sufre las consecuencias de los conflictos internacionales.
—En una primera instancia, el ciudadano se ha visto muy favorecido por la rebaja del IVA al 10 %. Esta reducción habría que mantenerla un tiempo. Aunque la medida dure hasta junio, lo más sensato será extenderla más. Por otra parte, con respecto a la situación del sector transporte, ante llamadas o avisos de un posible paro, hay que evitar a toda costa esta situación porque sería un drama. En este sentido, desde la Caeb transmitimos que el abastecimiento a la población es prioritario.
—¿Qué opina del paquete complementario de medidas al decreto anticrisis del Gobierno central, que anunció este viernes el Govern balear?
—Afectan a una variada serie de temas y sectores y en este sentido pintan bien. Pero habrá que esperar a la publicación del Decreto-Ley para conocer su alcance concreto. Es importante que de algún modo, dentro de sus posibilidades, el gobierno autonómico complemente las medidas del Gobierno Central o extienda estas a nuevos ámbitos.
Por supuesto, que vamos a pensar de los empresarios. Si bajan los precios van ellos y los bajan, jajajja. Que cara dura decir así de abierto de que nos vamos a tragar subidas de precios porque si.