El testimonio de Pablo Hempler Villanova, un vecino nacido en Sant Llorenç, pone de relieve la importancia del trato cercano y profesional en la recuperación de la salud. Lo hace en un contexto donde los pacientes denuncian cada vez más la saturación y deshumanización de la sanidad.
Tras años sufriendo complicaciones derivadas de su lesión medular, este paciente ha querido expresar su agradecimiento al enfermero David Balsa Prado, del centro de salud de Es Viver, por su implicación y compromiso profesional. Pablo sufrió un accidente de tráfico a los 18 años en la zona de Sant Miquel que le dejó parapléjico. Desde entonces, su vida ha estado marcada por la adaptación a esta nueva realidad y por la práctica deportiva, llegando a competir en baloncesto en silla de ruedas en la primera división.
Tras el accidente, fue ingresado inicialmente en Can Misses y, posteriormente, en la Policlínica, donde estuvo hospitalizado cerca de un mes. Después fue trasladado al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, donde permaneció siete meses recibiendo rehabilitación integral: desde aprender a vestirse y moverse, hasta readaptarse a la vida cotidiana. «Allí te enseñan cómo vivir esta nueva vida», relata a Periódico de Ibiza y Formentera.
Deterioro de la atención
Sin embargo, la situación que describe tras su regreso a Ibiza evidencia un deterioro de la atención sanitaria. «He podido comprobar que la sanidad ha cambiado mucho. La atención se ha deshumanizado: eres un número, no una persona. Antes, en el año 2000, me trataban con empatía, familiaridad y cariño», afirma, señalando que los centros de salud actuales – saturados y sobrecargados – han perdido este trato cercano, salvo algunas excepciones.
El paciente explica que acudió de nuevo al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo el año pasado después de sufrir un agravamiento de úlceras, un problema derivado de su lesión medular. Destaca que, tras varios años de diagnóstico erróneo y tratamientos inadecuados en Ibiza, el equipo de Toledo, con una enfermera especialista en úlceras, pudo realizar un diagnóstico adecuado en apenas diez minutos. A su regreso a la isla, este usuario buscó atención en el centro de salud de Es Viver y fue asignado al enfermero David Balsa. «No tenía experiencia específica en este tipo de úlceras, pero es un profesional increíble», apunta, resaltando que, en medio de esta difícil realidad, la intervención del enfermero David Balsa se convirtió en un «rayo de luz». Este usuario señala que desde los primeros días, este sanitario le dedicó el tiempo necesario, sin limitarse a los cinco o diez minutos habituales por paciente.
«En mi primera consulta me dijo que estuviese tranquilo porque me iba a dedicar todo el tiempo que necesitara, igual que al resto de pacientes», explica Pablo agradecido, recordando la empatía que mostró este sanitario desde el primer momento. Además, según señala, cuando un tratamiento no funcionaba, David Balsa buscaba soluciones y se documentaba para proponer alternativas.
En este sentido, subraya cómo la coordinación constante con la especialista de Toledo permitió finalmente la curación de las úlceras en un período de tiempo de seis meses, resolviendo un problema que había durado casi siete años. El paciente también señala que la recuperación no solo ha sido física. «Este problema de salud también me causaba graves problemas emocionales. Gracias a David he podido volver a practicar deporte, cuidar mi vida social y recuperar la dignidad y alegría», declara.
Este testimonio busca destacar la atención humana de algunos profesionales en una sanidad pública que sufre un «gran desgaste social». Según el propio paciente, mientras las gerencias de los hospitales pueden mostrar rigidez, protocolos estrictos y desinterés, la actuación de enfermeros comprometidos marca una diferencia fundamental.
«David es el pequeño rayo de luz entre la oscuridad, que nos da esperanza para continuar. Si todo fuera oscuridad sería muy deprimente, pero ese rayo de luz hace que no te rindas», señala. Este usuario ha formalizado su agradecimiento mediante un escrito dirigido a Elena Cascales, jefa de enfermería del centro de salud de Es Viver. En él, detalla su experiencia, la colaboración con el Hospital Nacional de Parapléjicos y, sobre todo, la actitud ejemplar de David Balsa Prado, que considera un «modelo a seguir para todos los profesionales sanitarios». «Su comportamiento ha sido ejemplar – digno de mención y de reconocimiento – en tiempos tan convulsos donde muchas personas se deshumanizan», agrega.
Este caso pone de relieve la importancia de la «empatía y la dedicación en la sanidad», más allá de los protocolos administrativos y la saturación de los centros de salud. También resalta la necesidad de formación especializada y de coordinación entre diferentes niveles asistenciales, especialmente en patologías complejas como las lesiones medulares. Esta experiencia, indica, sirve como recordatorio del impacto que un profesional comprometido puede tener en la vida de las personas, «no solo en la recuperación física, sino también en la restauración de la confianza y la esperanza».
Así creo que es en la inmensa mayoría de casos... Y cuando no, en esa minoría, lo achaco al estrés y la saturación que son los primeros en sufrir.