E l origen del bar restaurante Es Riu, en el barrio de Can Ramon, se remonta a principios de los años setenta. Entonces, Pep Franch y Maria Colomar, de Can Parades, abrieron una pequeña tienda de comestibles con una barra y algunas mesas. Era un punto de encuentro para los vecinos, que al final de la jornada se reunían para tomar algo y jugar a las cartas.
Pep, uno de los hijos de la pareja, era entonces un niño. «Para servir a los clientes tenía un cajón de cerveza para subirme y así poder llegar a lo alto de la barra», recuerda. El ambiente era muy distinto al actual: «Era un espacio bastante lleno de humo. Las mesas eran redondas, con cuatro ceniceros incorporados. Los vecinos jugaban sus partidas mientras se tomaban un ‘conyaquet’, Veterano o Terry casi siempre. Tomarse un Magno o un whisky era todo un lujo». Entre los juegos más habituales estaban el tuti, el ramer o la manilla. «Lo demás no se puede decir. Quien lo quiera entender que lo entienda», añade entre risas.
El traslado del negocio a su ubicación actual, junto a en la carretera de Santa Eulària a Cala Llonga, a apenas cien metros de la tienda original, llegó tras el servicio militar de Pep. La familia construyó el edificio junto a la carretera y abrió sus puertas en julio de 1983 con el nombre de Es Riu. Para entonces, Pep ya acumulaba experiencia en hostelería desde los trece años. Había trabajado en establecimientos como los hoteles Riomar, Fenicia o Montebello —posteriormente Los Loros—, además del restaurante Can Gall o locales de Platja d’en Bossa como el Poseidón.
Apenas un año después de la apertura, decidió continuar su carrera «por mi cuenta» en otros negocios. Paralelamente, la familia abrió un supermercado junto al bar, que gestionó su hermano Joan hasta prácticamente el año 2000.
Regreso
Tras unos seis años en los que el local estuvo alquilado, Pep regresó al negocio familiar en 1990. «Cuando volví ya estaba casado con Carmen. Mis hijos, José Miguel y Esther, nacieron mientras yo estaba aquí», explica. Poco después, entre 1994 y 1995, sufrió un accidente de moto que marcaría una nueva etapa. «Con la indemnización hice una ampliación. La parte trasera era una feixa donde mi padre sembraba patata y la convertí en una gran terraza. Al principio no le hizo ninguna gracia, pero cuando vio que funcionaba se le pasó el enfado».
Barrio
Más allá de la actividad diaria, Es Riu también desempeñó un papel importante en la vida social de Can Ramon. Durante las fiestas de Sant Joan, el bar acogía actividades organizadas junto a la asociación de vecinos. «Hacíamos campeonatos de cartas, de billar, de futbolín o partidos de fútbol entre mujeres casadas y solteras. Nos íbamos alternando con el bar Sa Font», recuerda Pep.
En esa etapa también compaginó el negocio con el trabajo de camionero. «Al principio alquilé el local, pero después pude llevar las dos cosas», explica.
Cocina
En sus inicios, Es Riu era un bar sencillo. «Había bebidas, tapas y, como mucho, algún bocadillo», señala Pep. La introducción de los menús llegó durante una de las etapas en que el local estuvo alquilado, y se mantuvo tras su regreso.
El gran punto de inflexión llegó con la incorporación de la máquina de pollos a l’ast. «Empezamos haciendo una docena y acabamos haciendo entre cincuenta o sesenta todos los domingos», explica. El crecimiento obligó a instalar una máquina mayor, de doble capacidad, que sigue en funcionamiento. Tanto el pollo como el codillo se convirtieron en señas de identidad del establecimiento. «Venía gente de toda la isla para llevar o comer aquí», recuerda.
Crisis
El paso de los años también trajo dificultades. La crisis de 2008 afectó de lleno a la clientela. «La gente empezó a ir más a los supermercados», apunta Pep. Más reciente fue la crisis del Covid. «Cuando nos dejaron servir para llevar, montamos una cafetera en la ventana. Luego, cuando solo se podía consumir en terrazas, ocupamos el asfalto. Como funcionó, hicimos un entablado que sigue allí».
Relevo
La tercera generación también tuvo su oportunidad. Su hijo estuvo al frente durante tres años, periodo en el que se introdujeron conciertos de tardeo y torneos de dardos. «Mi hija probó, pero salió corriendo al segundo día», recuerda entre risas.
La etapa más reciente comenzó en febrero de 2025, cuando Joan Ramon y Ana Díaz asumieron la gestión tras una década al frente del bar Es Port en Santa Eulària. «Tuvimos dudas, pero con la ayuda de nuestros hijos decidimos dar el paso», explican.
Continuidad
La nueva dirección ha apostado por mantener la esencia. Han introducido pequeños ajustes, como cambiar el día de cierre a los lunes, manteniendo abierto todo el fin de semana. «Es un bar de día. Cerramos a las nueve», señala Joan.
Han recuperado la parrilla y mantienen el menú diario, junto a platos tradicionales como el arroz de matances los jueves o los ossos amb col los viernes. Los sábados siguen siendo territorio del codillo y el pollo a l’ast, mientras que los domingos se centran en parrilladas y arroz a la marinera con bogavante. «También queremos recuperar la música en directo», añade Ana.
Clientes
La clientela refleja el paso del tiempo. «Los primeros clientes, los que venían en Mobilette, ya no están. Pero ahora vienen sus hijos o sus nietos», explica Pep. A ellos se suman turistas, residentes extranjeros y trabajadores de paso.
Los testimonios lo confirman. Pep Jordi acude a diario desde que se jubiló. Mariano también lo hace, buscando «salir de la capital y respirar aire fresco», además de comer bien. Ángel lo resume con entusiasmo: «Esto es el paraíso de Can Ramon: sol, buen servicio, buena comida y una buena terraza».
Félix aprovecha cada jornada laboral para detenerse a comer, destacando la relación calidad-precio. Antonio lo considera «uno de los mejores lugares donde comer», mientras que Juanjo, transportista, subraya su carácter de parada habitual.
Esencia
«Seguimos siendo un bar de pueblo de los de toda la vida», defienden Joan y Ana. Frente a tendencias que apuestan por transformar estos espacios en locales más sofisticados y caros, ellos mantienen otra filosofía. «Queremos conservar la esencia de siempre, para la gente del día a día».
Esa idea se apoya también en el contacto constante con Pep. «Le consultamos y escuchamos sus consejos», explican. La conclusión es clara: «Cuando algo funciona no hay por qué cambiarlo. Si cambias algo, cambias la esencia. Y eso no hay que cambiarlo nunca».
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